martes, 8 de diciembre de 2015

ESCUELA DE PROVERBIOS 111







Corrección de los hijos.



El que ama a su hijo no le ahorra correcciones, de esta manera poder alegrarse después.  El que educa a su hijo recibirá satisfacciones y ante sus conocidos se sentirá orgulloso de él.  Será envidia de sus enemigos el que instruye a su hijo, ante sus amigos se mostrará contento.

Muere el padre, y es como si no muriera, pues deja en este mundo a un hijo como él.  Durante su vida se alegra de verlo, en el momento de la muerte no siente tristeza.  Quien mima a su hijo tendrá que vendar 
sus heridas, y a cada grito que dé se le estremecerán las entrañas.



Caballo no domado permanece salvaje, hijo consentido se hace insolente.  En su juventud no lo dejes libre. Castígalo mientras es niño, para que no se haga díscolo y te desobedezca.  Educa a tu hijo y corrígelo, de esa manera no tendrás que aguantar su desvergüenza.



Salud.




Más vale pobre sano y vigoroso que rico cargado de achaques.  Salud y vigor valen más que todo el oro; un cuerpo robusto, más que inmensa fortuna.  No hay mayor riqueza que la salud, ni mayor felicidad que un corazón alegre. 


Mejor la muerte que una vida amargada, el eterno reposo que enfermedad incurable.  No te dejes llevar por la tristeza, no te atormentes con tus pensamientos.  Un corazón alegre es la vida del hombre, y la felicidad le alarga la vida.  Tranquiliza tu espíritu, y consuela tu corazón; aleja de ti la tristeza, porque la tristeza ha perdido a muchos, y ningún provecho se saca de ella.


La envidia y la ira acortan los días, las preocupaciones hacen envejecer antes de tiempo.  El de corazón alegre tiene buen apetito: le aprovecha todo lo que come.




Peligros de la mala lengua.





Si buscas lo que es justo, lo encontrarás y será para ti como túnica de gloria. Los pájaros se juntan con los de su especie, la verdad con los que la practican.  El león acecha la presa, el pecado a los malvados.  Las palabras del piadoso destilan sabiduría, pero el irreflexivo cambia como la luna.


Mide el tiempo que estás con los necios, pero entre los sensatos tárdate si miedo.  Repelentes son las palabras de los necios, solo se ríen del vicio desenfrenado.


El que descubre secretos no es de fiar, no encontrará amigos íntimos. Ama a tu prójimo y confíate a él; pero si has descubierto sus secretos no vayas más con él.  Pues como el que destruye a su víctima, así has destruido la amistad de tu prójimo.


Como pájaro que has dejado escapar de tu mano, así has perdido a tu amigo y no lo recobrarás. No vayas detrás de él que ya está lejos, ha huido como gacela que escapa de la trampa. Pues una herida se puede vendar, una injuria se puede perdonar, pero el que descubre un secreto nada puede esperar.





Necios y sabios.




Hay quien no aprende por falta de inteligencia, y hay inteligencia que acarra amargura.  La ciencia del sabio es como río crecido, su consejo es como fuente de vida.  El corazón del necio es como vaso roto, que no retiene ningún conocimiento.


Si el instruido escucha una palabra sabia, la aprueba y añade algo propio; si la oye el libertino, le disgusta y se la echa a la espalda.  Las razones el necio pesan como equipaje, pero los labios del prudente cusan agrado.  La asamblea solicita la voz del prudente, sus palabras se meditan en el corazón. 


La disciplina es para el tonto como una cadena en los pies, y como esposas en su mano derecha.  Joya de oro es la instrucción para el prudente, un brazalete en su mano derecha.  El necio se precipita a entrar en casa ajena, el hombre juicioso se acerca con timidez.  El necio dice lo que piensa; el sabio piensa lo que dice.









Eclesiásticos 19, 27, 30, Biblia.

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