sábado, 26 de abril de 2014

DEJAD QUE LOS PERROS LADREN A LA LUNA








TIRAN LA PIEDRA Y ESCONDEN LA MANO



Tengo la seguridad que quienes atacan a Carmen Aristegui son quienes les molesta que ejerzas un periodismo honesto y profesional. Son los mismos que denuncias diariamente por sus corruptelas, aberraciones, o pésima información.  Ayer vi un reportaje donde te señalan de repartir despensas con fines políticos.  Justamente lo que tú tanto cuestionas.  "El león cree que todos son de su condición".

No necesitamos ser videntes para intuir de dónde vienen las pedradas. A saber: Televisa, periódicos chayoteros, funcionarios de todos los niveles, que se han visto en la picota de tus reportajes. Políticos sin escrúpulos a los que les has pisado los callos.  A la delincuencia "organizada" le molestan demasiado las evidencias.




Me parece una forma sutil de intimidarte y mandarte a la lona con calumnias y difamación. Claro, no cuentan conque una periodista que ama su trabajo y lo ejerce con dignidad, no se dejará apabullar fácilmente con tan falso amarillismo publicitario.

Es obvio que te tienen envidia por tener un prestigio y que la gente te respete y quiera lo mejor para ti. Pero qué es la envidia sino dolor por el bien ajeno. Siempre existirá y sorprenden los medios de que se vale para prosperar sin éxito.




Me da gusto que ocupes la portada de una revista y supongo con un amplio reportaje de tu trayectoria.  Se venderá como pan caliente.  Creo que tienes varios premios en tu haber, para aflicción de tus adversarios, pero el mejor premio es el que cada tevidente te brinda diariamente: La atención gentil de tu noticiario por un público hábido por conocer la verdad de los acontecimientos. Algo que difícilmente encontrarán en otras televisoras o medios impresos.





Nadie ignora que estás de parte de la verdad y justicia.  Pero como no quiero parecer un palero de la periodista, a quien no tengo el gusto de conocer, personalmente, me permito hacer una observación: Creo que te excedes un poquito con temas políticos y me gustaría que hablaras prolijamente de otros tópicos tan interesantes como la corrupción gubernamental.  La política maquiavelica es es una actividad deleznable, demasiado desprestigiada, y no vale la pena hacer una apología de ella.

 Eres una periodista célebre con un nombre  internacional. En hora buena, sigue cosechando triunfos, y dejad que los perros le ladren a la Luna.








Atte: José de Cádiz

lunes, 21 de abril de 2014

MUNDO EDITORIAL


Resultado de imagen para EScritores conversando con editores



José de Cádiz




Desde siempre los escritores han librado una dura y sorda batalla contra los editores.  Es de sobra conocido que los autores escriben frecuentemente en la pobreza por estar supeditados a regalías de hambre que no les alcanza siquiera para sobrevivir.  Digamos, que se ha dado una súper explotación del talento literario. Seguramente porque los mismos creadores no valoran debidamente su trabajo.  Tienen tanta urgencia en ver publicada su obra que no corrigen y pulen con tesón. Siendo presa fácil de editores sin escrúpulos.

A escribir se aprende escribiendo y nadie se hace escritor de la noche a la mañana. Sin embargo, no es justo que reciban solo un treinta por ciento de regalías mientras los editores se quedan con el 70 argumentando gastos de impresión. Afortunadamente con la Internet han cambiado mucho las cosas. El autor puede ser su propio editor.

Lo equitativo sería que el escritor recibiera el 70 por ciento sobre el valor de un libro. No obstante, han surgido decenas de editoriales virtuales que no garantizan que un escritor reciba lo justo. Los editores tienen un ojo de águila para reconocer si una obra tiene potencial comercial.  Olvidan que quien produce la obra y se desvela es el escritor.

Para empezar, nunca les firman un contrato, tampoco hacen publicidad a los libros.  Si un autor es victima de fraude, ¿a quién va a reclamar?  Es muy difícil que un autor novato tenga éxito con su primera novela. Ya sea por falta de oficio, porque no eligió el tema adecuado, o porque lo escribió a vuelo de pájaro.  La distancia entre las preferencias temáticas del escritor y la necesidad del público es como de aquí a la luna.



Cuesta mucho trabajo escribir una obra literaria más o menos aceptable.  Se requieren esfuerzo y constante disciplina. Una corrección minuciosa para ofrecer algo digno al respetable.  Son pocos los autores dispuestos a pagar el precio. La mayoría desean el reconocimiento sin la debida preparación y el fracaso puede ser estrepitoso.

Dicen, los que saben, que una obra bien escrita tarde o temprano encuentra editor.  Máxime si conjuga la parte artística y comercial.  Si el libro tiene méritos habrá posibilidades de convertirse en un best seller.  Única manera de adquirir prestigio y reconocimiento mundial. Un consejo editorial tomará en cuenta el estilo, trama, prosa, un título seductor.  De otra manera no darán oportunidad a un autor novel. 

He aquí una parodia sobre las relaciones, no siempre cordiales, entre autor y editor.  Es necesario aclarar que no es la experiencia, de quien esto escribe, puesto que nunca he ofrecido mis libros a ningún editor.  Es en base a la experiencia de terceros de quienes he aprendido mucho.

Empezamos:





El escritor Remigio Salinas conversa animadamente con un editor. La cafetería es pequeña pero confortable:


--¿Entonces, qué mi jefe cuándo me va a editar mi libro? -Preguntó Remigio al editor.



--Cajm, cajm, por el momento no es posible Remigio. Verás, no hay presupuesto ni espacio. Pero te puedo anotar en lista de espera para el 2021, chance y tengas mejor suerte. La editorial solo tiene en caja 5 dólares. En el último libro invertimos todo lo que había.



--¡Cómo así mi estimado editor! Ni que vendieran cacahuates en la calle o en el Metro. Y eso de que me espere yo tres años ha de ser para ver si muero en ese lapso.

--Pues, como lo oyes, esta semana no hubo ni para pagarle al personal de limpieza. A las secretarias les tuvimos que pagar con una antología que nunca se vendió. Por si fuera poco, la piratería nos está haciendo estragos. Esos cabrones no dejan títere con cabeza.



--¿Oiga, jefe, y se puede saber a dónde están las oficinas de su editorial? Yo siempre lo veo a Ud. Solito en este escritorio público. Me gustaría conocer la empresa y su proceso de imprenta.



--¡Por Dios Remigio qué desconfiado eres! Claro que tengo mis oficinas. Mañana mismo te llevaré para que las conozcas.

Remigio salió de aquella entrevista un tanto desconsolado. No obstante, esa noche preparó sus cuentos y los corrigió hasta la madrugada.   Amaneció muy entusiasmado, tenía verdaderos deseos por conocer la editorial.

Se encontró con el editor en una calle aledaña de su domicilio. Lo saludó con mucho respeto, casi como a una deidad celestial. Mientras charlaban sobre el tema el editor preguntó:



--¿Qué traes en esa bolsa, Remigio?


--¡Ah Sí mi jefe, son mis cuentos! Es el libro que quiero publicar –contestó un tanto apenado.


--A ver, déjame ver de qué trata. ¡Caramba cuando menos cómprales una carpeta! Este género casi no se vende y menos de un autor principiante. Tampoco el ensayo ni los poemas. Entiendan, al público no les interesan a menos que sean de Pablo Neruda o Juan Rulfo. ¿Por qué no escribiste mejor una novela? Estas tienen más aceptación.


--Óigame, si escribir novelas no es comer papas fritas. Ese genero es para los grandes y experimentados: Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, o Isabel Allende. La mayoría de autores empezamos escribiendo cuentitos. ¿Ud. Escribe también?




--No, muchacho, afortunadamente no escribo.  Me dedico a publicar obras que prometen. Lanzar nuevos valores y darle oportunidad al talento.



--¡Ah, caray!, como quien dice a mí me ve frito y sin ninguna posibilidad.

--No, Remigio, no quise decir eso.  Simplemente que te esperes un poquito antes de publicar. Y, por cierto ¿qué buscas al publicar tu libro?

--La mera verdad, a mi me atraen la fama, el reconocimiento, que mi libro se venda como pan caliente. ¡Entrevistas y viajes por todo el mundo! Mire Ud. que bien le va al Mario Vargas Llosa.


--Uuuuy, Remigio, casi no quieres nada.  Para llegar ahí tendrías que escribir puros best sellers.  Son pocos los escritores que viven de sus libros. El público latino no lee y las editoriales están cerrando. Tal vez si te fueras a vivir a Francia o Inglaterra tendrías mayores posibilidades.



--Oiga, mi estimado editor, ¿y no hay alguna manera de agilizar el triunfo en México? Digo, tal vez haciéndole mucha publicidad a mis libros, exhibiéndolos en cadenas comerciales.  Abriendo una tienda con mis textos y editándolos por mi cuenta.

--¡Claro que sí, Remigio! Todo depende del interés que despierte tu obra. Juan Rulfo alcanzó la fama con dos libros nada más.  Claro, era un escritor talentoso el mexicano. Si aciertas con un tema original te funcionará la publicidad. Cuesta muy caro un spot en TV. Pero puedes imprimir volantes y repartirlos en un parque. Ninguna editorial hace publicidad.  Todos le apostamos al talento. Te voy a hacer una propuesta, ¿tienes algún dinerito guardado?




--Pues, fíjese que no, solo cuento con mi departamento que compré con mucho esfuerzo.



--Bien.  Te voy a publicar el libro apoyándote con el diez por ciento del presupuesto total. El otro noventa por ciento lo tendrás que desembolsar tú. ¿Qué te parece?

--¡Caramba, como quien dice le tengo que comprar todo el tiraje! ¿En qué consistiría su ayuda, entonces?

--¡Remigio no seas tan ingenuo! Yo te respaldo con el sello de mi editorial. Te preparo el camino hacia el  éxito.  Podrás exhibir tu libro en las ferias y poner un tendido en el zócalo.  Ofrecerlo a los transeúntes, rifarlo en los camiones, en fin. ¿No dices que te gusta la publicidad?

--Pues, sí, pero yo pensaba en una publicidad más sofisticada, y no andar vendiendo mi libro en la calle.

--Mira, vamos a las oficinas de mi Editorial y allá platicamos más a gusto. ¿Te parece?

-- Excelente.

Se encaminaron rumbo a EDICIONES PATITO, que era el nombre de la pomposa fábrica de libros. Llegaron a un edificio de departamentos bastante modesto. En la puerta se leía el nombre de la misma.  Remigio parecía un niño de kínder que va a una feria por primera vez. Hay una sala grande y dos cuartos pequeños. Remigio, preguntó:


--Me gustaría conocer al consejo editorial. Dicen que es quien elige las obras para su publicación y voy aprovechar que ando por aquí. También necesito hablar con los correctores de estilo. Ando muy mal en ortografía.



--¡No cabe duda que eres muy listo Remigio!

El  editor abrió una puerta y Remigio solo vio una mesa grande con muchas sillas. Las paredes pintadas de azul y muchos anaqueles en su lugar llenos de libros. Todo en perfecto orden.



El empresario sonriente expresó:




-Ya que insistes Remigio.  Te presento al consejo editorial:

-Discúlpeme, pero yo no veo nada.  Puras sillas vacías.




El editor sin inmutarse se encaminó a otra puerta. Ahí le espetó frente a un pequeño escritorio sin nadie más:

--Mira, Remigio, esta es Paty mi secretaria. Y ellos son Catalina, y Julián, los mejores correctores de estilo del mundo. Ten la bondad de saludarlos:

--¡¿?!


A estas alturas Remigio pensó que estaba frente a un psicópata.  Tuvo la intención de salir corriendo y olvidarse de su libro.  Aquel tipo estaba loco.  No obstante, hizo esfuerzos por serenarse y miró de frente al editor, quien adivinando sus intenciones agregó:

--¡Pero, Remigio, eres escritor y no sabes que estás en el mundo de la ficción! Aquí todo es fantasía producto de la imaginación.  Los personajes de tus cuentos también son ficticios. Nada de lo que escribes tú ni nadie es verdad. Todo lo inventan y se lo dan de beber al público. Así ha sido desde Homero hasta Miguel de Cervantes y la actualidad.  ¿Por qué tendría yo que tener un personal de carne y hueso? Tengo derecho a tener empleados imaginarios.

--Discúlpeme, yo nada más quería conocer la editorial y su proceso de imprenta. Ya veo que todo es ficticio. Con su permiso me retiro.



--¡Espera Remigio! No quiero hacerte perder el tiempo. Tienes una narrativa insípida y bastante trillada. Te aconsejo que vuelvas a reescribir tus cuentos. Deben tener gancho y con un estilo que atrape al lector. Les falta fuerza y un enfoque filosófico.

--De acuerdo, pero comprenda que soy un principiante, no puedo escribir como Cervantes, ni como André Bretón. Cada quien hace lo que puede. ¿No le parece?

--¿Sabes qué pasa Remigio? Quieres tener éxito pero no quieres pagar el precio. No te has  preparado. Así nunca vas a pasar de perico perro. No te respetarán las editoriales ni apoyarán tu trabajo.  Terminarás fracasado emborrachándote en alguna cantina.



--De acuerdo, señor "editor", pero Ud. tampoco es una perita en dulce. Bien que hace negocios con los principiantes pagándoles regalías de hambre. Eso de que me apoyará con el diez por ciento de mi obra que se lo crea su abuela.  La editorial es usted y solo es un vulgar impresor.  ¡Todo un negociazo asegurándose que le compre el tiraje!  ¡Es Ud. un Farsante!




A esas alturas Remigio y el editor se habían perdido todo el respeto desahogándose mutuamente:

--¡Óyeme, bien, Remigio! Si quieres proyectarte debes aceptar las críticas con serenidad. Si deseas tener un numeroso público debes conquistarlos a base de talento. Siendo barroco y simplista no lo lograrás. Tienes un gran potencial pero te falta experiencia, amor al oficio.  Eres un neófito.



Remigio, rojo de ira contestó:

--¡Y Ud. es un vulgar mercader! Es deshonesto y desconoce el arte literario.  Es codicioso y sin escrúpulos.  No tiene dinero para apoyar a los noveles pero sí para editar a los consagrados. Carece de sentido humanitario.  ¡Es un auténtico troglodita de las letras!

--¡Fíjate bien como hablas cabrón! Esto es una empresa y no soy hermanita de la caridad. No es una casa de beneficencia. Sabemos quien nos puede hacer ganar dinero. Solo acepto libros corregidos y con potencial.

--¿Para que me pueda publicar necesito ser Charles Dikens o Camilo José Cela?  También ellos fueron principiantes y con numerosas fallas. También soñaron un día con llegar a la cúspide. Nadie nace conociendo el arte. Claro, a menos que sea un genio.



--Es verdad lo que dices. Pero ellos se preocuparon por aprender y adquirir el virtuosismo que los consagró. Prueba de ello es que trascendieron. De verdad, Remigio, me caes muy bien y trato de ayudarte.

--¡Si cómo no! Debo de  "caerle muy bien".  ¿Se imagina como me trataría si le cayera yo mal?

--Por favor, serénate, no seas tan agresivo conmigo.  Aún puedo ayudarte si me prometes corregir tus textos.

--¡Claro que los voy a corregir pero ya no los traeré a esta editorial de marras! Finalmente nadie la conoce!  Se arrepentirá de haber rechazado mis cuentos. Su editorial es tan ficticia como los demonios y los duendes.



--Lamento decirte, Remigio, que los duendes y los demonios existen y deberías escribir un libro sobre ellos.  Busca un tema seductor que cautive a las masas. Pero no los lleves a una editorial hasta haberlos corregido mil veces. ¿Sabías que Carlos Fuentes corregía sus textos 150 veces? Debes manejar tu oficio con maestría.  Hay profesionales que te pueden ayudar. La mediocridad y el conformismo no te conducirán a nada.

--¿Y por qué no le hacen publicidad a los libros si también es su negocio? Subestiman la promoción siendo un pilar fundamental del mercado.  Si yo vendo pan y no lo anuncio nadie me comprará. Y me habla Ud. de mediocridad, ¡Por favor!



--Ya cálmate, Remigio, pensarán que te debo y no te pago. Ese carácter lo deberías emplear mejor con tu narrativa. Esa agresividad utilízala para superarte y lograr tus objetivos.

--¡No me importa que no me publique! Total, en la Internet hay cientos de editoriales patito como la suya. Pago el tiraje , editan mi libro, y luego lo lanzo al mercado.  Con dinero baila el perro.

--Por supuesto Remigio y luego le rezas al santo de tu devoción para que se vendan. Las librerías están desapareciendo.  En fin, allá tú Remigio. Te deseo suerte.  Un último consejo: escribe un libro que alterne la parte artística y comercial.  Y sobre todo nunca pierdas la fe. 



--Y usted, señor, sea más considerado con los principiantes. Pero le voy a hacer caso y corregiré mis libros mil veces. Escribiré una novela con un tema que pocos hayan tocado. ¿Qué le parece un romance entre un terrícola con una marcianita? ¿O prefiere un marinero con una sirena?

--¡Sería fabuloso! Es un idea genial. Todo un éxito que te llevaría a los cuernos de la luna. Tienes una imaginación desbordante. No sigas los patrones establecidos. Atrévete a recorrer caminos diferentes y a quebrantar la apatía de los lectores. Me atrevo a pensar que el público no lee porque no le gusta lo que encuentra. Necesitas saber lo que quiere leer el respetable.



Remigio, se despidió del editor, un poco más calmado, pensando detenidamente en sus palabras. Pudiera ser que el tipo tuviera algo de razón.  Obviamente conocía su oficio y quizá hasta trataba de ayudarlo.   Le estrechó la mano pero ya no se dirigió a él como “mi jefe”. Simplemente le dijo: 

--Nos estamos viendo, señor editor.





Éste, lo miró de arriba abajo, consciente del impacto que sus palabras habían provocado en el ánimo del principiante.  El autor salió a la calle y tiró su manuscrito en una alcantarilla. Respiró profundamente y se dispuso a escribir un nuevo libro.








sábado, 12 de abril de 2014

¡VIVE LEONARDO FAVIO!

  EL RUISEÑOR DE LOS ENAMORADOS












Esta reseña está dedicada a quienes les gusta la música del corazón

Arrulló con su música a la generación de los setentas, ochentas,  noventas, ¿a la generación actual ya no? Aquí le brindamos un reconocimiento a su brillante trayectoria artística.  La verdadera música romántica, es inmortal, y deja una honda huella en el espíritu de quien la escucha.

¿Quién estando enamorado no vibra con su música? ¿A quién no le gusta que le digan palabras dulces al oído? Era alto, guapo, bien plantado, sobre todo con una mirada tierna, sublime, casi como un ángel.  La letras de sus canciones son verdaderas creaciones poéticas.






Por esos años se escuchaban las sinfonolas en todos los barrios, bares, aunque la generación del nuevo milenio ya no las conocen.  No había ciudad o restaurante donde no se escucharan las canciones de Leonardo Favio. Tiempos en que el romanticismo estaba latente y las parejas escuchaban sus melodías tomaditos de la mano-: Din dong, Din dong, estas cosas del amor&






Ciertamente, el romanticismo ha venido a menos y amenaza con desaparecer en una época donde los medios digitales dominan al mundo. Donde practicar el sexo a edad temprana se convierte en una moda.  Una práctica que fomenta la irresponsabilidad y multiplica los hijos sin padres y madres solteras. Pero la sensibilidad y latir de un corazón enamorado siempre estará vigente y nadie puede ocultar su lenguaje.  No importa que tan práctica o indiferente pueda ser la generación actual, siempre vibrará cuando alguien le dice: "Te amo", o "Quiero compartir mi vida contigo".


Los medios digitales nos acercan cada día más pero también nos alejan física y espiritualmente.  No es lo mismo recibir una llamada o un frío mail con un "me gustas", que recibir personalmente un disco con un beso y una flor. Seguimos siendo seres humanos emotivos y sentimentales.  Necesitamos el estímulo de una caricia, la vibración del primer beso, porque el amor es la energía que mueve al mundo.






A mi parecer el romanticismo musical debe volver.  Lo necesitamos para recuperar los valores que se han perdido: respeto a la pareja, la verdadera amistad, amor platónico, y también aunque parezca risible, la virginidad.  El ser humano no es una marioneta a merced de los sentidos.  No estoy diciendo que el amor erótico no debe existir, simplemente que debe florecer a su debido tiempo.  De otra manera vemos como se derrumban cada día los valores del matrimonio.  El casamiento por la iglesia es un lujo que actualmente ya nadie respeta.

Adolescentes, hombres y mujeres,  de 14, y 17 años, con hijos, ¿qué sentido de responsabilidad pueden tener? Más tardan en aparearse que en irse cada quien por su lado, porque no hubo verdadero amor, solo deseo.  Las estadísticas de madres niñas (solteras) de 13 años son alarmantes en toda Latino américa. Urge renovar la educación cívica y moral que recupere valores que nunca debieron perderse. 






Leonardo Favio, nació el 28 de mayo de 1938, en Luján de Cuyo, provincia de Mendoza, Argentina.  Fue un cantante de éxito, pero también director y productor cinematográfico, guionista, compositor, actor.  "Soy un hombre profundamente religioso, casi místico", dijo en cierta ocasión.  Recorrió con su música todos los países de américa latina quienes lo adoptaron como ciudadano del mundo.  Verlo y escucharlo era el sueño dorado de cualquier adolescente.


Aquí te presentamos varios de sus grandes éxitos.  Que mejor ocasión para conocerlo de cerca:











Sin duda, las generaciones mencionadas le estamos muy agradecidos a Leonardo Favio, por haber acariciado con su música nuestro primer idilio.  Por habernos hecho soñar, idealizar el amor, fantasear, y por qué no, conquistar aquella novia reticente.












Y que podemos decir de sus películas, siempre honrando el sentimiento más eterno: EL MOR.









En cada entrevista demostraba tener puntos de vista profundamente filosóficos. No vacilaba en decir lo que le desagradaba, pero era incapaz de lastimar deliberadamente a alguien.  ¿Lo escuchamos de nuevo?






No vamos a hablar aquí de su muerte física porque sabemos que nunca se ha ido... Los grandes artistas no mueren nunca.




IN MEMORIAM



jueves, 3 de abril de 2014

¿QUÉ TANTO SABES DE SOR JUANA INÉS?





Es conocida en el mundo como la décima musa.  Nació en San Miguel Nepantla, México, el 12 de noviembre de 1651.  Sor Juana Inés de la Cruz, fue una niña prodigio que a los tres años aprendió a leer en el colegio "Calmecac".  Para saciar la sed de conocimientos que su inteligencia reclamaba tuvo que refugiarse en un convento. Ahí estudió diversas obras eclesiásticas y por supuesto la poesía que cultivó como refugió de una existencia restringida. La moral imperante de la época y el matrimonio la hizo rechazar el amor en todas sus vertientes.

Fue reconocida en los círculos del virrey de Nueva España y viajó a la madre patria dónde deslumbró a los eruditos con su conocimiento y talento.  Se cuenta que siendo adolescente anhelaba estudiar una carrera pero en la universidad no aceptaban mujeres.  Entonces pidió a su madre que "por favor la vistiera de hombre para poder ser aceptada".  Podemos entender la frustración de una niña de gran sensibilidad y sed de conocimientos.

Lo único que su autora pudo hacer fue asignarle mentores que le enseñaron el camino de la disciplina y las letras.  Sufrió desengaños en el amor como cualquier mujer pero no se dejó arrastrar por las aguas de la frustración y por el contrario ahí emergió su genio poético.  Con esfuerzos conformó una enorme biblioteca donde vieron la luz la mayoría de sus obras.

Su formación religiosa le permitió dedicar su vida al servicio del prójimo.  Más tarde, entro al convento de las Jerónimas, donde se contagió de una epidemia de tifo, pero Sor Juana no ha muerto.  Sigue viva a través de su palabra sempiterna y sus razonamientos poéticos.  Tuvo una existencia terrenal corta pero brillante y dejó un legado valioso.  Dentro y fuera de México se le mira con respeto y admiración.

Su poesía a través del tiempo ha servido de inspiración a muchas generaciones y se le puede considerar la primer gran feminista.  Muchos la consideran la mujer más brillante que ha dado México y lo dejo a tu consideración amigo lector.




Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?


Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía. 







Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.


Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.


¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.


Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?


Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?


¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.



Sor Juana declamando su poesía






Todo el boato escolástico que rodeó su vida







Música de la edad media que escuchó nuestra décima musa







Mundo editorial

José de Cádiz Desde siempre los escritores han librado una dura y sorda batalla contra los editores.  Es de sobra conocido que...