miércoles, 22 de abril de 2015

TALLER LITERARIO 111






“El cereso de Acapulco"

José de Cádiz




“Carmensa”, fue condenado a 6 años de prisión por haber matado al parroquiano.  Un domingo decidimos visitarlo en el reclusorio varios miembros del taller: el “santoniño”, Karina, Jimena, “la huevosfritos”, y un servidor. También los dos jovencitos que eran bromistas y hablaban mucho. No le tuvimos miedo al “qué dirán” y lo considerábamos un deber.  Había que solidarizarnos con nuestro amigo.

Nicole, por su nacionalidad francesa, prefirió no ir, pero nos preparó tortas y refrescos. Llevamos periódicos, celulares, revistas, y grandes expectativas. Los guardias no permitieron pasar teléfonos, revistas, ni una pequeña lat top, solo comida y un gran entusiasmo.  Tenía prohibido la administración pasar cualquier tipo de publicidad u objetos extraños.  Todo visitante era registrado minuciosamente.

Nos revisaron hasta debajo de la lengua y sólo faltó que con lupa nos revisaran los genitales. Los celadores nos trataron con brusquedad y malos modales. Era obvio que ahí no había un sistema carcelario justo ni mucho menos democrático. La mayoría de celadores eran hoscos y exigentes.

Salimos de la sala de revisión bastante incomodos.  Una celadora haciendo su trabajo trató de agasajarse con la compañera Karina. Había temor que introdujéramos drogas o armamentos.  Sin embargo, es bien sabido que la droga circula por el reclusorio de Acapulco como papas fritas.  Lo pudimos constatar más adelante.

Nos interrogó un policía antes de entrar al interior de la prisión:

--¿Son familiares del recluso Adrián del Carmen Santamaría?

Le dijimos la verdad que sólo éramos amigos.  Ese era el verdadero nombre del travestí conocido como “Carmensa”. Por fin atravesamos las enormes rejas de la prisión. Como jauría nos abordaron algunos presos:

-“¿A quién vienes a visitar jóven?”, “¿me regalas diez pesos para una torta?”  “¡pish, pish, ven preciosa soy soltero y sin compromiso!”.






Tuvimos que darles algunos pesos para que nos dejaran en paz.   Llegamos a la crujía D y nos encontramos con otra sorpresa: Sentado en una banca de cemento y fumando muy tranquilo estaba Cesar.  Como recordarán el se oponía a visitar a “Carmensa” y provocó un altercado con Carlota. Sonrió al vernos y exclamó divertido:

--¡Qué tal raza! ¿Cómo están? Fíjense que no me quise perder esta visita. ¿De veras creyeron que me iba a negar a visitar a nuestro "ilustre" amigo?

--¡Hijo de la chingada! –exclamó el santoniño- ¡Pero bien que hiciste rabiar a Carlota!

--¿A propósito dónde se encuentra él? -preguntó expectante Karina.

--Pues como llegando le hice una “visita conyugal” –Continuó bromeando Cesar- lo dejé bien dormido en el baño. Pero no se preocupen, ahorita lo despierto.

--¿En serio ya platicaste con él? –inquirió Jimena.

Molesta por la actitud de Cesar la “huevosfritos” (Carlota) preguntó a un guardia por el travestí. Éste le informó que estaba en el patio ensayando con un grupo musical porque ese día estaban de fiesta. Era el cumpleaños del director y el personal administrativo habían acordado darle una sorpresa.

En los pasillos había dos grupos de música, mariachis, serpentinas, hileras de sillas, y un gran templete. Nos sorprendió ver a “Carmensa” muy cambiada y con la cara súper maquillada.  Se alegró al vernos y nos saludó con efusividad. Nos comentó que se había vuelto muy amiga del director y que él había intervenido para que los reclusos la dejaran en paz.

--¡Es un primor el director ya lo verán! ¡Quiero que lo conozcan! Me encanta que hayan venido a visitarme hoy precisamente.  Voy a dar un recital y a debutar con mi show. Estrenaré vestuario, bailaré, y cantaré “Lili Marlene”, la canción que inmortalizó a Marlene Dietrich.  ¡Yo y esa diva tenemos mucho en común!

Todos la escuchábamos sorprendidos e intrigados. En verdad su ánimo había cambiado bastante desde la última vez que la vimos.  Vestido y maquillado como estaba el parecido con Marlene Dietrich era extraordinario. No en vano aquel travestí había tenido mucho éxito en los bares del puerto.

La dejamos que siguiera ensayando y nos dispusimos recorrer el reclusorio palmo a palmo. Muy mala decisión.  Nos dividimos en parejas para recorrerlo a nuestras anchas. Yo y Jimena nos dirigimos a la sección de talleres donde se confeccionaban hamacas. Carlota y “el santoniño”, contentos como  adolescentes, visitaron la sección de artesanías. Había cuadros hermosos, objetos de cobre, hilados, tejidos, trabajos de carpintería. Los presos ofrecían sus productos a los visitantes:

--¡Ándele niña llévele un cuadro a su novio! ¡Miren que silla tan linda por sólo 200 pesos! ¡Dos hamacas por 600 pesos!






Salimos del área de talleres y anduvimos por aquí y allá hasta que nos cansamos.  Desconocíamos que había una sección de reos de alta peligrosidad. Le dije a Jimena: “espérame tantito voy al baño”.  Al entrar a los mingitorios un olor penetrante a mariguana me mareó.  Otro sujeto se pinchaba el brazo sentado en un retrete.  Al terminar de orinar sentí la fría punta de una navaja en el cuello. Un tipo me ordenó con los ojos vidriosos:

--Sin hacer ruido, wey, dame todo tu dinero, y no te va a pasar nada, ¿okey?

--No es mucho lo que traigo –le dije sorprendido-. Dejé mi dinero en la dirección.

--¡De prisa hijo de puta! ¿O prefieres que te recojan aquí bien frito? –y recargó la punta de la navaja en mi cara.  Un escalofrío me recorrió todito.

Por seguridad habíamos guardado lo de valor pero eso no lo entendería el asaltante. Lo vi tan decidido y dispuesto a todo.  Traté de llegar a un acuerdo con él:

--Te daré mis tenis, y mi reloj, ¿te parece bien? También traigo aquí veinte pesos.

--Mmmm, no están mal los choclos”, ¡Sácatelos rápido! ¡También la playera y el reloj!

Obedecí sin chistar y el corazón me palpitaba como tambor. El tipo se alejó rápidamente y traté de gravarme sus facciones. Debí haber dado lástima cuando salí del baño porque Jimena exclamó:

--¡Dios mío pero qué te pasó!

--¡Vámonos rápido y no hagas preguntas!

Buscamos a nuestros compañeros por todos lados. En el trayecto observamos un cubículo en donde rapaban a los presos, aun los que estaban detenidos por un día. Me pareció una flagrante violación a los más elementales derechos y se lo hicimos saber al guardia: “Son órdenes de la dirección”, y agregó: “Todos los presos pierden sus derechos ciudadanos y si no quieren ser rapados deberán entregar trecientos pesos”.






Encontramos a nuestros amigos quienes no podían dar crédito al asalto. Cesar, opinaba que había que encontrar al tipo y darle su merecido. Otros más mesurados, decían que era mejor reportarlo a la dirección, y optamos por esto último. “Carmensa” al conocer el caso muy apenada nos llevó ante el director para reportar el robo.  Se encontraba viendo un partido de fut ball y con los pies sobre el escritorio. Con fingida sorpresa nos dijo:

--¿Pero qué andaban haciendo por allá muchachos? ¡Pensé que ya estaban prevenido! No se preocupen y veré que puedo hacer por ustedes.

--¡Por favor papito ayúdanos! –le pidió “Carmensa” haciendo pucheros con los labios-.  Ahora le hablaba de "papito" al director y percibimos algo extraño. Carmensa agregó-:  Sólo han venido a visitarme y no es justo que los asalten esos desgraciados.

El director sonrió socarronamente, conocía bien el sistema carcelario.  Se mostró amable y condescendiente.   Sabía bien que podíamos denunciar el hecho ante los medios o autoridades competentes. Nos prometió recuperar lo perdido.  Salimos de su oficina más satisfechos.

--¡Vámonos chicos que el programa está por empezar! –emplazó Carmensa- Ahí te espero papucho pá cantarte las mañanitas –y le guiñó un ojo al director. 


En el patio había peroles con ricas viandas, globos, serpentinas, confeti,  y una gran cantidad de familiares de reclusos.  Carmensa, amablemente me consiguió playera y unos zapatos que me quedaban grandes pero los tuve que usar. Los consiguió entre los reos y eran preferible a andar sin ropa. Karina observó divertida:

--¡Qué bien te ves con esa playera rayada! ¡Yo que tú me quedaba aquí para escribir varios libros, jajaja!

Ninguno de mis compañeros pudo evitar la carcajada y reí de buena gana.  La ceremonia empezó y el animador pidió que guardáramos silencio. Algunos expresaron parabienes al director que se sentó en un presidium con otros funcionarios. Era alto, moreno, bien parecido, como de cuarenta años.  El travestí le cantó las mañanitas esmerándose en complacerlo. Nada recatado le coqueteaba abiertamente como una mariposilla. Durante todo el show se cambió varias veces de vestuario e imitó a algunos cantantes de moda. También cantó en inglés pero como que no lograba prender la fiesta del todo.  Algo le faltaba para caldear los ánimos.

El público seguía el espectáculo atento pero sin mucho entusiasmo.  Hasta que a Carmensa se le ocurrió vestirse de Elvis Presley e interpretar rock and roll de los sesentas. Ahí sí ardió Troya y despertó el entusiasmo.  La gente empezó a moverse cadenciosamente al ritmo de “Al compás del reloj”.  Parejas diversas empezaron a bailar frenéticamente. Nosotros también seguíamos el ritmo con los pies. “El santoniño” y Carlota se lucieron bailando rock and roll de “aventoncitos”.  Me concreté a observar por que no me sentía cómodo con esas prendas.

Me sorprendió ver a pequeñitos bailando  entusiasmados con sus padres.  “Cuando menos “Carmensa”, esta vez no está borracha”, dijo sarcástica la “huevosfritos”.  En verdad aquel travestí era un artista completo. Cantó, bailó, e hizo bailar a todos.  Llegó la hora de la comida.






Invitaron por micrófono a comer pero los presentes preferían seguir bailando: “Ay caramba con mi novia/ no sé que le pasó/ usa faldas cortas/ zapatos de tacón”. Billy Haley y Elvis Presley seguramente vibraban estremeciéndonos desde sus tumbas.

Se repartió agua de jamaica y una rica barbacoa. La comitiva y el director se retiraron. En un intervalo “Carmensa” se acercó a nosotros, estaba rendida pero feliz.  Expresó: “Espérenme tantito voy a darme un baño y a retocarme el maquillaje”. Nos quedamos disfrutando música de mariachis y charlando animadamente.

Pasado un rato Jimena sugirió que fuéramos a la dirección a ver si ya tenían mis pertenencias. Me sentía bastante incómodo y necesitaba cambiarme. Llegamos a las oficinas pero no encontramos a nadie, ni siquiera a la recepcionista. Todos andaban de fiesta.

Un letrero en la oficina decía: “Cerrado”.  Pero Jimena decidió abrir discretamente el picaporte de la puerta. Se quedó perpleja un momento y salió corriendo como quien ve un fantasma. Expresó exaltada:

--¡Vámonos rápido!

--¿Pero por qué? Oye, ¿que viste? Necesito recuperar mis cosas.


--¡Olvídalo, mejor luego regresamos!

Mi curiosidad pudo más y volví a abrir sigilosamente la puerta.  No podía creer lo que mis ojos veían:
Carmensa y el director se encontraban en plena faena amorosa.  Tan abstraídos o excitados estaban que no se percataron de nuestra presencia.  Carmensa estaba recostada de espaldas sobre el escritorio mientras el director con los pantalones hasta las rodillas la penetraba frenéticamente.  Nos retiramos de ahí en el acto.



Regresamos con los compañeros quienes charlaban ajenos a la voluptuosidad de Carmensa. Más tarde el travestí regresó con mis pertenencias y se disculpó por la tardanza.  Pasamos el resto de la tarde conversando amigablemente sobre diversos temas de presidio.

Jimena, me expresó discretamente:

--Oye, por lo visto, Carmensa no pierde tiempo.  Ahora, anda de novia con el director para que la defienda.



--Es tremendo este cabrón y además poeta -contesté.

El horario de visita terminó y tuvimos que despedirnos.  Carmensa nos regaló unos llaveros preciosos con su nombre. En sus ojos brillaba una chispa de picardía y sensualidad.  Antes de irnos expresó:


--La próxima vez que vengan les presentaré al narcotraficante más famoso de Guerrero.  A dos secuestradores y también a algunos presos políticos que son mis amigos.  Dicen que pronto van a salir libres porque han sobornado a jueces y magistrados.  ¿Les gustaría platicar con ellos?

 ¡¡Guau!! Carmensa Sabía bien lo que queríamos.  Tendríamos suficiente material para escribir otra historia.



CONTINUARÁ

lunes, 20 de abril de 2015

OFELIA MEDINA: "LAS ELECCIONES EN MÉXICO UNA FARSA TOTAL".


                                                       





José de Cádiz



En estos tiempos electorales hay diferentes opiniones sobre el tema.  Ofelia Medina, es una actriz mexicana con una gran trayectoria en cine, teatro, Tv, radio:  La recordamos en películas como: "Patsy mi amor", "Las pirañas aman en cuaresma", "Paraíso", "Voces inocentes", "Colombiana", "Frida", etc. Telenovelas como "Rina", y numerosas obras de teatro que han conquistado el corazón de sus admiradores.   Pero Ofelia Medina también es una líder de opinión y tiene convicciones políticas muy profundas. Evidentemente, es una mujer inteligente que se preocupa por el futuro de México en forma elocuente. Aquí les presentamos una entrevista que le hace Rubén Luengas ("Entre noticias") en donde llama al proceso electoral por su nombre y afirma que son la putrefacción las elecciones. "Somos victimas de los partidos políticos". La escuchamos:














martes, 14 de abril de 2015

POETAS INVITADOS



¡Hola lectores de este blog!, hoy inauguramos una sección de escritores invitados a mi página.  Todos tienen trayectoria, conocidos y admirados en su radio de acción.  Les presento a la poetisa de Guerrero, Graciela Guinto Palacios, originaria de la Costa Grande, México. Ha sido profesora de varias generaciones en técnicas narrativas y métrica poética.  Tiene una prosa regionalista y pintoresca que la hace irrepetible. Pero dejemos que se presente ella misma.


SEMBLANZA DE GRACIELA GUINTO PALACIOS,
ESCRITORA, DRAMATURGA Y POETISA


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    Es nativa de Coyuca de Benítez, estado de Guerrero. Desde los quince años, escribió sainetes, que fueron presentados en su pueblo. Allí mismo fue fundadora y directora de las Academias de Contaduría y Comercia del Centro de Bienestar Social Rural y de la Santa Teresita del Niño Jesús, sin sueldo alguno, gratuitamente, como una labor social. En los años setenta, fue fundadora y directora de las Academias en Pinotepa Nacional, Oaxaca y en Coyuca de Benítez, pero ya por cooperación. Fue profesora en las secundarias técnicas de Coyuca de Benítez y en el puerto de Acapulco. Renunció en 1985, y se fue a radicar a la C. de México, para formar a sus hijos y dedicarse a escribir. En el año 2008, ganó el premio Antonia Nava, por ser la mujer más importante en las letras, en el Estado de Guerrero.
    Tiene cuatro libros editados: Cuentos Palpitaciones Costeñas, editado por el H. Ayuntamiento que presidía el Profe. José Luis de la Cruz Reséndiz, en el año 1999. Desarrollo de la Poesía Hispanoamericana. Poemario  Ovillos del tiempo y libro de Dramaturgia, Los Zopilotes Tienen Hambre. Estos tres últimos, fueron editados por mi peculio. Están en proceso de edición: Antología La Pomarrosa, que contiene obras teatrales monólogos, tres cuentos, una novela Corta, intitulada El Anciano y prosas. Antología Mis Raigambres, que contiene, cuentos, una poesía coral, prosas literarias y poemas. Y una Novela intitulada Sangre Bronca, que la considero como mi obra máxima.





CUENTOS COSTEÑOS

EL PALO DEL CARNIZUELO

Graciela Guinto Palacios





    Manuel se va a casar con Roselia, ¡cómo lo aborrezco! Aún llevo metida en la sangre la vergüenza que pasé aquella noche sin luna.  Las hormigas del carnizuelo punzaban mi carne, pero no las sentía, era más fuerte el dolor que dañaba mi alma.  La noche era oscura, sólo se oía el aullar de los perros que andaban en brama y los chillidos de los grillos que me ensordecían.  Mis padres roncaban acostados en su cama de varas, y yo salí de puntitas, “desatranqué” despacito la puerta de la cocina, después brinqué el tecorral de piedras y comencé a caminar presurosa; luego, tapé mi cabeza con el rebozo nuevo, de bolita, que usaba mi madre en los velorios de los ricachones.  No quería que me vieran.  La palma del rebozo se ganchó en las espinas de un timuchal, lo jalé rápido y lo sacudí en el aire pa’ que no se me subiera algún bicho o una hormiga, por si acaso se hubiera pegado.

     Seguí caminando aprisa y llena de miedos el alma.  A veces me escondía detrás de los matorrales que había en la vereda, pa’ que no me reconocieran cuando algunos pasaban con su lámpara de mano, encendida.

    Cuando llegué a su casa, en donde estaba Manuel solito, sus brazos rodearon mi cuerpo, y yo comencé a temblar; sentía que mi corazón latía con fuerza en mis oídos, en mi barriga y en mi sangre, cuando él  tallaba su barba roñosa en mi cara, cuando me apretaba sobre su pecho moreno que olía a campo, a tierra mojada, a brisa y a mar. ¡Cómo me estremecía cuando sentía su aliento resoplando en mi oreja! ¡No me importaba la dureza del piso ni el petate viejo que picaba mi espalda! ¡Pues yo jadeaba y jadeaba, trepada en un brioso caballo alazán aterciopelado.





    ¡Manuel, ingrato, se va a casar con Roselia!  Todos los días lo veo en el corredor de su casa platicando con ella, vibrando su guitarra vieja y entonándole canciones de amor muy cerquita en su cara.  Pero no “¡lianque!” Antes me pertenecía, yo era su dueña.  Por las tardes me acompañaba, amoroso, a pasear por el pueblo, y luego, nos íbamos al zócalo a dar vueltas y vueltas agarrados de las manos.  Y juntos acarreábamos agua del río, y juntos íbamos a dejarle a mi padre el bastimento a la huerta.  A mí también me cantaba quedito en mi oreja, y me juraba con toda su alma que sería yo su esposa; me decía con los ojos brillantes de amor que me adoraba más que a su vida; que ya estaba haciendo la casa a donde me llevaría a vivir; y que lueguito la llenaríamos de hijos. Me dijo también, que pronto sus amigos le ayudarían a ponerle el techo y que sería de frescas palapas con el piso de ladrillos, pa’ que cuando lo regara oliera a tierra mojada. Y todavía le dí dos botellas de mezcal del bueno que le agarré a mi padre, pa’ que se las diera a los hombres que le estaban ayudando y bebieran a salud de nosotros. Y ahora ¡la casa será pa’ Roselia!

    ¡Maldita sea la hora en que Julián me arrastró hasta la milpa y me hizo suya a la fuerza!  Bueno, no fue a la fuerza, pues no había cumplido doce años de edad, cuando él hombre con mañas, me hacía caricias muy dulces, me besaba suavemente a cada rato y me ayudaba con el bule lleno de agua o con el bastimento, cuando mis hermanos y yo íbamos a quitarle el zacate a la milpa. Y un día, el muy infame, me hizo acostarme en el monte que hasta doblé el maizal que apenas estaba sacando espigas; y encendió mi carne de niña besando mi cuello, mis labios, mis orejas y todo mi cuerpo, y no supe de mí.  Y de allí seguimos haciendo lo mismo, hasta trepado en su cochino tapanco.  El muy canijo, era revivo pa’ “jallar” el momento propicio pa’ que ninguno nos viera cuando se subía a mi cuerpo. Y me hizo jurar por todos los santos y por la virgen de Guadalupe, que a nadie en el pueblo le diría mi pecado; que ni al mismo sacerdote cuando me confesara en la iglesia; porque era seguro que éste lueguito iría a contarles el hecho a mis padres, y que ellos al saberlo me matarían a palos, porque éramos primos hermanos. ¡Maldito! Ha de estar pudriéndose en los purititos infiernos. Cómo descansé cuando Apolinar lo mató porque lo “jalló” trepado sobre la Zenaida allá por los platanares.  Lo malo es que a ella sólo la macheteó rete feo y con saña, pero no se murió, quedó de ejemplo pa’ todas aquellas mujeres que hacen tarugo al marido.  Mejor la hubiera matado, no que nomás la dejó con la cara toda desfigurada, que hasta da miedo verla, ¡pobrecita!  También a mí el maldito de Julián me dejó marcada pa’ toda la vida, nomás que eso no se notaba, porque lo traía escondido dentro de mí y sólo yo lo sabía; pero ahora todos en Coyuca se han dado cuenta de mi pecado.




    Manuel me odia desde aquella noche cuando por primera vez me tomó en sus brazos haciéndome suya, cuando de un golpe brusco sacudió mis hombros, me tiró del petate, y llorando de rabia me dijo que yo no era virgen.  Se vistió al momento. Y yo temblaba de miedo; con gesto fruncido agarró una reata y, así desnuda como estaba, me arrastró hasta el palo del carnizuelo que está sembrado por el camino real en un sendero espeso de huizaches y de quemaquemas.  Y allí me amarró fuertemente a su tronco, que ese día tenía más hormigas que nunca, escondidas adentro de sus enmieladas espinas.

  Las hormigas del carnizuelo picaban mi cuerpo desnudo, mi carne humillada; y cuánto sufría, porque estaba segura que Manuel me iba a machetear allí mismo, y que me dejaría la cara tasajeada como se la dejó Apolinar a Zenaida.  Pero la obra de Dios que no fue así, nomás me dijo que si lo delataba me haría picadillo y me enterraría en el monte.  Luego, me aventó la ropa a los pies junto con mis huaraches y el rebozo de bolita de mi madre, y se fue dejándome sola.  Entonces comencé a gritar con todas mis fuerzas esperando que alguien me oyera; y como en el pueblo no hay nada oculto, al momento fueron a decirles a mis padres que se oían mis gritos y que estaba desnuda y amarrada a un palo de carnizuelo.  Me cubrieron con una sábana hecha con varios remiendos de multicolores.  Y yo más gritaba y lloraba.  Mi madre, presurosa, recogió mi ropa, y llegando a la casa me bañó y untó todo mi cuerpo con lodo pa’ calmar un poco los piquetes de las hormigas.  Mi padre, en silencio amoló su machete, y probaba y probaba el filo en su mano izquierda; luego, mirándome muy fijo a los ojos, y con voz ronca y fuerte me preguntó:

    ¿Quién fue ese desgraciado que te mancilló y te amarró al palo del carnizuelo?

   Yo jamás le dije que Manuel había sido; me tragué el secreto con mi orgullo herido y mi deseo de venganza.  Y no tuve miedo de retar a mi padre ocultando su nombre.  No me importaron amenazas, ni golpes ni regaños; porque no quería que limpiara mi honra matando a mi hombre con su machete filoso.  Sólo le dije que no sabía lo que había sucedido, que cuando desperté ya estaba desnuda y amarrada al palo del carnizuelo.  Que a la mejor sería brujería o cosa del diablo, porque había sido demasiado vergonzoso e increíble lo que me había pasado.  Que sólo recordaba entre sueños, que antes me llevaron volando hasta el Cerro de la Campana, en donde estaban unos hombres escarbando buscando la campana de oro que dicen que allí está enterrada; y que cuando ya estaban a punto de sacarla, se les reventó la reata porque no aguantó su peso y se fue más pa’ abajo. Y después le dije que todo se me había borrado de la mente, y que por más esfuerzos que hacía, ya no me acordaba de otra cosa  Pero mi padre dudaba, y me pegaba y me pegaba muy fuerte con la cuarta de su caballo, que hasta una vecina me fue a defender de él.  Y yo aguanté todo, golpes, amenazas y regaños, y no le dije la verdad, pues primero me matan antes que denunciar a Manuel.





    Todos los días le cuentan a mi padre puros mitotes, y le calientan más y más su cabeza; que dizque yo con Teodoro me perdía por las tardecitas en los bajiales y, asimismo, con Saturnino y con Manuel.  Y hasta se han atrevido a decirle que también con Julián (que ha de estar riéndose de mí en los puritos infiernos y ardiendo con leña verde), me iba por los cañaverales atravesando las milpas.  Aquí todos son muy argüenderos, han de querer que mi padre y mis hermanos maten a Teodoro, a Manuel o a Saturnino, sólo así van a quedar contentos, cuando vean correr la sangre lavando mi honra.  Mi madre, me ha suplicado con lágrimas en los ojos, que no descubra a quien mancilló mi reputación; porque no quiere que mi padre y sus hijos se manchen las manos de sangre, que lo hecho, hecho está y no se remedia con nada.

   El padre Timoteo me mandó a llamar, y me estuvo dando muchos consejos. Me dijo que es pecado que yo ande diciendo que lo que me pasó fue brujería o cosa del diablo.  Pero le juré y le rejuré que no sabía quién me llevó volando hasta el Cerro de la Campana; y que cuando desperté ya estaba amarrada al palo del carnizuelo.  Y él mirándome a los ojos muy cerquita, también quería arrancarme el secreto; me atemorizó con el demonio, y me dijo que sino le decía la verdad me iba a quemar en el infierno cuando yo muriera. Pero fue de balde: no le descubrí mi culpa.  Negué, negué y negué, y de allí no me sacó nada.  El padre lo hacía porque ansiaba saber todo, pues la Roselia es su ahijada.  Si a mi papá que es mi padre y que me agarró a golpes dejándome toda molida, no le dije la verdad, pos’ cuanto más a él.  Además, me cae muy gordo, porque nomás está gritando en el púlpito que las señoritas cuando se casen deben de ir puras al altar; que la virginidad es una virtud que todas las jóvenes deben de tener; y que sin eso no valen nada; y luego, se me queda viendo a los ojos como recriminándome, que ya ni ganas me dan de ir con mi madre a la iglesia.

    Manuel me amaba a la buena, pero sus familiares nunca me han querido, siempre están hablando y diciendo cosas horrorosas de mí; y sobretodo su mamá, ¡maldita vieja coja!  Es verdad que yo antes me besaba con Saturnino, pero de allí no pasó; un beso a cualquiera se lo roban.  Y con el mentado Teodoro, es cierto que me acosté con él dos o tres veces en el monte; pero fue por miedo, porque me amenazaba con acusarme con mi padre, sino me le entregaba; pues me aseguró habernos visto a Julián y a mí cuando nos revolcábamos en la milpa.  Pero eso fue mucho antes de iniciar mi noviazgo con Manuel, pos’ después de que me hice su novia ya no me acosté con nadie, lo respetaba y lo respeto como si fuera mi marido.  Porque ahora sí estoy enamorada, y lo amo como nunca había amado a nadie, sin importarme lo que me haya hecho.  Pero este amor de nada me ha servido, él se va a casar con Roselia.  De balde le clavé en el puritito corazón tres alfileres bañados con agua bendita de la pila de San Antonio.  Bueno, se lo clavé a su retrato que me regaló el día de mi santo; cuando mis amigas que ahora me han mudado el habla, me llevaron la cuelga a mi casa, pusieron una cortina de papel de China en mi puerta, y luego, tronaron cohetes adentro de una lata de lámina, y nos pusimos a bailar con el fonógrafo que nos prestó Amonario.  Y no me valió ni haberme pinchado el pecho con los alfileres, de todos modos él se va a casar con Roselia.




    Dicen que ya tienen todo comprado pa’ la boda, que dos novillos pa’ la barbacoa y los marranos pa'l frito y los rellenos, los regaló su padrino Silvino Chavelas; y que su tío César de los Santos les mandó de la sierra una vaca manflora pa’ la tornaboda.  También dicen que las donas las trajo de los Estados Unidos Ramón Chavelas, primo hermano de Manuel, ahora que llegó de allá, pues hace un año se fue de mojado.  Y también me dijeron que su vestido de novia lo hizo Rebeca Batas, la costurera más sabihonda del pueblo; que le puso la cola grandota, y que cinco chamacas van a ir de damitas de honor  agarrándosela pa’ que no se manee.

    Todos los días veo pasar a Manuel, tempranito, cuando va a dejarle su diario de novia a Roselia.  La muy santurrona, anda diciendo que le da mucho dinero de gasto que hasta le sobra; y que Jacinta, su futura suegra, todos los días le manda la comida bien calientita; que no la deja ni lavar sus garras; que los trapos que ha ensuciado se los acarrea pa’ su casa y se los regresa planchados; y que todas las tardes la llevan a bañar al río.  Dice que cada tercer día le dan un cambio completo de ropa, y que tiene bastantes zapatos que le han comprado de donas, porque la adoran.  ¡Maldita vieja, a mí no me quiso pa’ su hijo!

    Allí está el palo del carnizuelo, parece que se está burlando de mí.  Pero dice mi padre que no descansará hasta haber matado al infame que me deshonró, porque por su culpa quedé manchada que ya ni a las fiestas me invitan en el pueblo; y todos me miran mal y me dan las espaldas que parece que estoy leprosa.  Y luego, las madres de mis amigas no permiten que me junte con ellas, y nada más andan hablando y hablando de mí como si fuera la primera mujer que ha pecado.  Pero mi padre juró, que cuando sepa quién me amarró al palo del carnizuelo, lo hará picadillo con su machete filoso y allí mismo lo atará.  Por eso nunca le diré que Manuel es el culpable, no sea que lo mate, porque prefiero verlo en brazos de la Roselia y no en el panteón.

    El otro día le dije a Manuel, que si seguía con la necedad de casarse con la Roselia, que les iba a decir a mi padre y a mis hermanos la verdad; pero me contestó que yo ya no era virgen cuando me hizo suya, y que una mujer en esas condiciones no tiene derecho a nada. Y se rió en mi mera cara y se burló de mis amenazas, enseñando sus dientes más blancos que los granos de un elote tierno.  Y yo me acordé cuando me juraba que siempre me amaría, cuando mordía mis orejas y mis labios ardientes que hacían arder mi carne morena.  Y no tuve valor para delatarlo ante mi familia, porque no quiero que los míos lo amarren al palo del carnizuelo y lo hagan pedazos, porque entonces yo también me moriría poco a poco; pues lo amo más que a mi vida, más que a mis padres y más que a la virgen de Guadalupe.




    Ayer quise hablar con Roselia, y la muy orgullosa no se dignó ni a oírme siquiera, y con gesto altanero me dijo: -Yo no me junto contigo porque estás deshonrada, no vaya a ser que la gente crea que soy como tú; así es que por favor no vuelvas a dirigirme la palabra, porque me perjudicas, pues mi honor está limpio, soy una señorita recatada”.

    Pero yo le mandé una carta bien explicada, donde le conté toda mi historia; claro, que no le dije que Julián me había desniñado. Pero sí, que Manuel es el único culpable de mi deshonra, porque fue el primer hombre en mi vida, pero que ya lo había perdonado porque lo amo con toda mi alma, y que él me adora; que está encaprichado y no quiere reconocerlo, y que por puro despecho se va a casar con ella.

    Dicen que Manuel se “juyó” de aquí cuando la santurrona de la Roselia, llorando de rabia, le aventó el anillo de compromiso y todas las donas que le dieron; y le dijo que jamás se casaría con un hombre tan cruel, que era mejor que me pidiera perdón y lavara mi honra, si es que deseaba seguir viviendo en el pueblo, porque si no mis familiares lo iban a matar.

    Manuel negó todo, pero como tuvo miedo, el pobre se “juyó” pa’ la sierra, porque si mi papá y mis hermanos lo “jallan”, lo matan.  Si yo supiera en donde se encuentra, me iría con él pa’ estar a su lado y apoyarlo en este trance tan duro.  Viviríamos sin casarnos, nomás amancebados; aunque todos me criticaran y hablaran hasta que les salieran boqueras; al fin que en este pueblo sin gracia, nunca se cansan de comerse al prójimo, pues no saben hacer otra cosa más que mitotear, sobre todo en los velorios o en los novenarios; porque ya no es como antes que velábamos al muerto rezando rosarios y rogando a Dios por el eterno descanso de su alma, entre el murmullo de los hombres que jugaban los naipes y la música que tocaba sones más tristes que el mismo difunto.  Ahora todo es distinto, van a puro criticar y criticar, y a comerse el pan con café y el pozole que los dolientes dan en la noche; bueno, todavía los hombres siguen jugando los naipes en los velorios.  Tampoco me importaría lo que dijeran mis padres; al fin y al cabo me quieren bastante porque soy su única hija mujer, y algún día tendrían que contentarse a fuerzas, cuando les trajéramos por lo menos un par de nietos.





    Mi papá y mis hermanos están que arden de corajudos, y dicen que van a ir a buscar a Manuel hasta lo más recóndito de la sierra pa’ vengar la ofensa recibida.  Pero yo le mandé a decir a doña Jacinta, que mi familia ya sabe a dónde está su hijo; y que mande un propio pero corriendito, pa’ que le avise a Manuel y tenga tiempo de esconderse, porque si no lo van a matar; que le diga que mejor se flete de mojado pa’ los Estados Unidos, al fin que allá ni cuando lo encuentren.  También le aconsejé que se fueran sus otros dos hijos, porque mis familiares andan muy bravos, y no sea que quieran agarrar venganza con ellos al no “jallar” a Manuel, y vayan a pagar justos por pecadores; pues ellos son inocentes y no tienen la culpa de la canallada que él me hizo.

    ¡Dios mío qué lío!  Dicen que Manuel ya se “juyó” pa’ los Estados Unidos, y otros dicen que se fue pa’ Veracruz.  Mas a mí la vieja Jacinta no quiso ni “oyirme”, dice que por mi culpa ya se descompuso su familia, que hasta ni se casó Manuel con Roselia, que ella sí es una señorita recatada y honorable, no como yo. Y no me quiso decir pa’ dónde se fletó su hijo, ¡ni modo! Si Manuel me hubiera cumplido, nada de esto estuviera pasando.  Lo bueno es que se desbarató la boda, y la muy santurrona de la Roselia se quedó como las novias del rancho: vestida y alborotada.  Lo más seguro es que tampoco es virgen, qué casualidad que no quiso casarse con Manuel; ese arrepentimiento está sospechoso.  Lo que pasó es que tuvo miedo, y no quiso arriesgarse a que al otro día la regresaran con viento fresco a su casa por no salir señorita.  Entonces sí que sus padres tendrían que pagar todos los gastos que hubieran hecho en la boda.  Aparte de que es palpable que sabía muy bien, que Manuel no se tentaría el corazón pa’ amarrarla al palo del carnizuelo, si no le salía virgen.



"Describe tu aldea y serás universal", León Tolstoi.









domingo, 12 de abril de 2015

RECORDANDO A PITA AMOR


                                                                   Yo soy mi casa


"De niña fui muy llorona
en mi adolescencia briosa
en mi juventud cabrona
y en mi vejez imperiosa".














Cd. de México, 1945, 10 p.m.-  Una hermosa mujer camina por la Avenida Paseo de la Reforma.  Solo lleva un abrigo de mink, ninguna otra prenda interior abriga su cuerpo.  Llama la atención de los transeúntes por su extraordinaria belleza. Camina altiva y consciente de la admiración que despierta.  Parece no sentir el frío y el viento es cómplice de sus extravagancias.  Recorre con paso firme y sensual la avenida más popular de la capital.  Su nombre: Pita Amor, una poetisa conocida también como ¨la onceava musa¨.  A partir de esos paseos nocturnos acuñó su célebre frase: "Yo soy la reina de la noche".

Nació el 30 de abril, de 1918, en la Cd. de México.  Bautizada como Guadalupe Teresa Amor Schmidtlent, y de padres aristocráticos.  Fue la menor de 7 hermanos y se describía así misma como: "la más vanidosa y bonita". En su juventud fue actriz y su belleza inspiró a grandes artistas, entre ellos, a Diego Rivera, quien la pintó desnuda.

Mujer sensible, le asustaba la oscuridad, pero comenzó a gustar de la soledad desde pequeña.  Siempre vivió rodeada de lujos y al llegar a la adolescencia decidió independizarse.  A los 18 años, comenzó una singular vida de soltera, en su departamento de Río Duero y Pánuco, en donde organizaba tertulias e invitaba a diversos personajes que la amaban, mujeres que la asediaban, y grandes hombres de letras: Octavio Paz, Carlos Fuentes, Juan José Arreola, Elena Garro, Pina Pellicer, José Revueltas, María Félix, y cientos de personajes más.  

Fue una mujer controvertida que tenía una personalidad avasalladora y no se dejaba dominar por nadie.  Su belleza nunca pasaba inadvertida, estaba demasiado enamorada de su persona.  Vivió intensamente, aceptó placeres y amarguras, son singular estoicismo.  Siendo una jovencita se convirtió en amante de un rico ganadero y comenzó a escribir poesías. Se involucró sentimentalmente con toreros, artistas, y escritores. 

Tenía 38 años, cuando decide tener un hijo, y debido al tren de vida que llevaba no pudo con la crianza del pequeño y lo dio en custodia a su hermana, Carito. Una tragedia que la marcó para siempre, su hijo Manuelito murió ahogado en una pila, de solo año y medio. Esa tragedia la alejó de las candilejas muchos años debido a sentimientos de culpa.  No deseaba ver a nadie, se volvió silenciosa, y descuidó su aspecto físico. 

10 años después, aparece nuevamente en diversos recitales comportándose en forma insolente y extrafalaria. Declama en homenajes a Sor Juana, Pita Amor, Salvador Díaz Mirón, Manuel José Othón, Manuel Gonzales, Alfonso Reyes, Enrique Gonzales Martínez, Renato Leduc, Javier Villaurrutia, Ramón López Velarde, y muchos otros poetas mexicanos.

Ya anciana gustaba dar paseos por la "zona rosa", bien maquillada, y con un bastón dando portazos y vociferando: "¡Soy la reina de la noche!".  Los noctámbulos jóvenes la observaban con curiosidad y desconcierto.  Los mayores aplaudían sus arrebatos de artista.

Al final de su vida murió sola, en un largo silencio que la mantuvo en cama dos años, acompañada de sus fantasmas que siempre quiso exorcizar: La soledad, el abandono, y la muerte.  Con ella se fue toda una época del México romántico inspirado por las musas.  Hoy podemos disfrutar de su poesía y de sus recuerdos.  Pero como los poetas no mueren nunca ni siquiera anotamos la fecha de su partida de este mundo.






Dios, invención admirable, 
hecha de ansiedad humana 
y de esencia tan arcana 
que se vuelve impenetrable. 
¿Por qué no eres tú palpable 
para el soberbio que vio? 
¿Por qué me dices que no 
cuando te pido que vengas? 
Dios mío, no te detengas, 
o ¿quieres que vaya yo? 



 


La angustia y la vanidad, 
fundidas, te han inventado, 
y después te han obligado 
a ser la sola verdad. 
Quiso la fatalidad 
que me tocases de herencia; 
mas me persigue tu ausencia 
y me da espanto mi suerte, 
pues voy a morir sin verte 
y sin comprender tu esencia. 



No, no es después de la muerte, 
cuando eres, Dios, necesario; 
es en el infierno diario 
cuando es milagro tenerte. 
Y aunque no es posible verte 
ni tu voz se logra oír, 
¡qué alucinación sentir 
que en la propia sangre habitas, 
y en el corazón palpitas, 
mientras él puede latir!



Pita Amor.


Me sirves de baluarte, 
de asilo de mis temores, 
de centro de mis amores, 
y a ti ¿qué puedo yo darte? 
Egoístamente amarte; 
pedirte que seas verdad; 
que comprendas mi maldad; 
que mi ser tenga sentido, 
y que mi último latido 
haga eco en la eternidad.





sábado, 11 de abril de 2015

PINTURAS DE JOSÉ MARÍA VELASCO


                            Un paisajista mexicano que nos conmueve con su pincel.








Si quiere Ud. transportarse al México del pasado nada mejor que este gran pintor.  Toda la nostalgia, la grandeza, y pasado histórico de nuestra nación, retratada mágicamente en sus lienzos.





Admirado por gobernantes, de diferentes países, y clientes desde sultanes hasta la gente humilde de su pueblo.  Este autor ejerce una fascinación como solo la provocan grandes artistas como: Frida Khalo, María Izquierdo, o Diego Rivera, y otros que no son tan conocidos.






Aquí los dejamos con una reseña de Sopitas.com:


José María Velasco nació en 1840, desde pequeño tuvo una gran afición por el dibujo así que estudió en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, lugar en donde se formarían también loe mejores artistas del siglo XX (ahí estudiaría el Dr.Atl, y Diego Rivera sería director en algún momento). Velasco se convertiría en el paisajista mexicano más importante de nuestro país.

El joven artista se dedicó al estudio del arte, de las matemáticas, la zoología y la botánica, conocimientos que definitivamente le servirían para pintar el territorio mexicano en toda su belleza. Mientras estudiaba se dio cuenta de que tal vez no podría tener dinero para continuar hasta que ganó un concurso realizado por la misma Academia de San Carlos que le daría el sustento necesario y la confianza para seguir con su obra.

Conocer al pintor italiano Eugenio Landesio fue muy importante en la vida de María Velasco, fue el trabajo de Landesio el que terminó por convencer al pintor mexicano de que los paisajes eran su objetivo. Sus pinturas del Valle de México son referente necesario de la pintura de finales del XIX y principios del XX en nuestro país.

Velasco pudo descifrar ese extraño poder que tiene el paisaje, conjunto de fuerzas naturales, de criaturas y figuras que representan una danza milenaria que los hombres apenas pueden percibir.
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Las pinturas del Valle de México de Velasco lograron construir una instantánea hipnotizadora de esas fuerzas naturales con una técnica rigurosa. Velasco era un académico claro, pero esa disciplina no hizo sino mejorar sus creaciones que logran mostrar una sobria pasión por la naturaleza.

Es difícil explicarse la pintura de paisaje del siglo XX en México sin la presencia de Velasco. Decenas de escritores como Villaurrutia, Octavio Paz, Raquel Tibol, Olivier Debroise o Adolfo Castañón, le dedicaron  varias líneas al titán de los paisajes.
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Lo afortunado de todo esto es que el arte de Velasco está muy cerca de nosotros. Cientos de cuadros son exhibidos en los museos de nuestro país y el Museo Nacional se ha dado a la tarea de reacomodar la obra de Velasco en su acervo para mejorar nuestra experiencia.

A través de un programa de revisión de sus colecciones, el Museo Nacional, a partir del 2 de septiembre, presenta Territorio ideal. José María Velasco, perspectivas de una época. La exposición está integrada por más de un centenar de obras realizadas entre 1830 y 1920 por más de 25 artistas mexicanos y extranjeros, como José María Velasco, Eugenio Landesio y Luis Coto, bajo el guion curatorial de Víctor Rodríguez Rangel.
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Durante su presentación, la directora general del INBA, María Cristina García Cepeda, afirmó que “El Munal resguarda la colección más grande que se conoce de José María Velasco, con más de 190 piezas. Anteriormente, la obra de Velasco se encontraba albergada en otra sala del museo, y ahora, a iniciativa de su director, estará en este nuevo espacio que se localiza en la parte central del edificio, lo cual es fundamental para darle la importancia que representa a este artista del patrimonio cultural de nuestro país. La sala recibirá el nombre de José María Velasco”.

El reconocimiento que le hace el museo a uno de nuestro mejores pintores es simplemente necesario. Darle el espacio que amerita al arte de Velasco es cardinal para que los más jóvenes conozcan las obras que marcaron a generaciones enteras de artistas mexicanos.
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Si hay suerte, ver los paisajes de Velasco en una sala especial, rodeado de sus maestros y contemporáneos, nos llevará a reconsiderar el espacio que llamamospaís. Nuestra relación con el territorio mexicano siempre ha sido espinosa pero, más allá del nacionalismo ciego, más allá de la producción que afecta nuestro entorno y del centralismo del que adolecemos, están los imponentes recordatorios hechos arte de Velasco que nos hacen añorar y respetar un paisaje transparente, poderoso y vivo con el que debemos empezar a relacionarnos de forma diferente.






Rumberas del cine mexicano

¡Guau! José de Cádiz El cine mexicano tuvo su gloria y esplendor en los años 40s y 50s.  La llamada época de oro era una i...