jueves, 29 de marzo de 2018

El rostro oculto de Marilyn 7



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Cap. VI1

Sueños reveladores y premonitorios

José de Cádiz


Pasamos una velada agradable y nos quedamos a dormir en el yate. En el camarote me sentí inquieto ante la cercanía de Marilyn que dormía profundamente. Decidí que no era el momento de satisfacer mis deseos y el sueño me venció completamente.  Jamás me aprovecharía de una mujer en aquellas circunstancias.

Me despertó de madrugada el canto de las gaviotas. Me asomé por una ventana bostezando y con mucha sed.  Pardeaban las primeras luces del alba y habíamos regresado nuevamente al puerto. El yate se mecía pausadamente cual palmera perezosa. Contemplé a la actriz dormida y me pregunté qué soñaba para tener esa sonrisa tan plácida. Su posición era parecida a la de un feto.

Tal vez añoraba pasajes de su niñez o, ¿tenía fantasías oníricas de una felicidad que se le escapaba? Quizá de esa manera evadía una realidad que la asfixiaba. De algo estaba yo seguro: la estrella no hubiera querido despertar jamás. Me levanté sigilosamente al baño. La regadera despejó cualquier vestigio de borrachera.

Abrí la puerta del camarote. Un carrito simpático contenía el más suculento desayuno: Frutas, yogurt, jugo de naranja, café, pan tostado. Obviamente la cocinera conocía los gustos culinarios de Marilyn.  Regresé a la recámara cuando la actriz ya había despertado. Me saludó diciendo:

--Hola, poeta, ¿qué hora es? –-y se tocó suavemente las sienes.

--Las 6:30 de la mañana.

Cerró de nuevo los ojos, situación que aproveché para depositar una uva en sus labios.  Traje el desayuno y le dije quedito al oído:

--Tengo que reportarme a la jefatura, preciosa.

Argumentó:

--No te preocupes, llamaré ahora mismo a la Capitanía del Puerto, para informarles que sigues de guardia conmigo. ¿O no está Ud. para cuidarme señor policía?

Sonrió e hizo la llamada. Luego se fue directamente a la regadera. Escuché las gotitas de agua como perlas en tropel que parloteaban. Salió envuelta en una toalla y se cambió con short y playera. Desayunando comentó inquieta:

--Anoche tuve un sueño que me impresionó sobremanera: Un águila me perseguía y atrapaba en sus garras.  Era enorme y no me podía zafar estando aterrorizada.  Luego llegaron unos buitres y se disputaron mi persona como un trofeo. Suelo tener pesadillas desde que aquel sujeto abusó de mí.

--Los sueños reflejan lo que no hemos logrado superar.  O pueden ser premonitorios.

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--También tengo sueños hermosos. Cierta noche volaba encima de un lago y repentinamente me caía gritando asustada.  Mi madre vino en mi auxilio y me trasladó en sus brazos. Me sentí feliz al verla. ¿Sabrá ella que estoy sufriendo? ¿Existe la gloria y el infierno?

--El alma sobrevive cuando partimos. El infierno lo podemos vivir ocasionalmente cada día.  Si gozas estás en la gloria y si sufres es todo lo contrario. En el mundo astral podemos comunicarnos con nuestros difuntos. Morir es tan natural como nacer. Nadie se extingue del todo.

--Qué interesante, ¿y no te da miedo esa información?

--Estoy familiarizado con el tema. Todos partiremos algún día y será mejor no temer.

--Pero a la mayoría nos aterra la muerte.  Pensamos que todo termina con el último suspiro.

--Es por desconocimiento, cuando creemos en una vida más trascendente desaparece el miedo.

--¿Mi madre me observará desde el cielo?

--Creo que sabe que estás sufriendo y tratará de ayudarte.

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--Pues ojalá y sea pronto, porque la vida me tiene muy acorralada. Siento que me faltan fuerzas.

Nos dispusimos a abandonar el yate y regresar a nuestras respectivas actividades.  A la salida interceptó la cocinera a Marilyn y le entregó un telegrama. La actriz palideció al leerlo:

--¡Dios santo es de mi compañía cinematográfica! Me están demandando por incumplimiento de contrato.  Quieren que regrese ahora mismo a continuar filmando o pagaré un millón de dólares. ¿Qué hago?

Temí que mi respuesta fuera contraproducente y contesté:

--Haz lo que te dicte tu conciencia. Toma la mejor decisión. Eres la única que puede elegir.

--Pero yo no quiero irme aún. Necesito estas vacaciones. Hace tiempo que no experimentaba la tranquilidad de una playa. 

--No te aflijas, que todo saldrá bien. A veces hay que arriesgarse y desafiar las circunstancias. Si te quedas será excelente. Si te vas sabré comprenderte.

Se hizo un silencio prolongado y nos miramos con tristeza. Yo tampoco quería que se marchara pero no quería complicarle la vida con mis exigencias.  Ella ya tenía demasiados problemas para agregarle uno más. Caminamos brevemente por la Avenida costera.

Me percaté que dos tipos vestidos elegantemente a prudente distancia la seguían. Era obvio que sabían dónde había pasado la noche Marilyn.  Ella lo notó y se encogió de hombros diciendo:

--Son guardaespaldas del FBI. Estoy acostumbrada que me sigan a todas partes.  

-¡Guardaespaldas del FBI! ¿Y se puede saber qué hacen en territorio mexicano? Si un colega se adentra en USA lo sacan inmediatamente. Pero ellos entran a México como si fuera su casa.

-Tienes razón, pero siempre ha sido así.  Como EE.UU es una potencia mundial se siente el dueño del mundo.  México es como una colonia gringa.

--¿Tanto te cuidan esos señores? ¿Acaso vigilan todos tus pasos? Lamentaría que estuvieras en gran peligro y sin poder ayudarte.

--Escúchame, si me voy será esta misma noche, la compañía me mandó boletos de avión. Si me quedo podré recrearme un poco más con la naturaleza.  Puedes estar tranquilo.

Como salido de la nada apareció el chofer con la limusina.  Amablemente abrió la puerta y la abordamos de inmediato.  En el trayecto le pregunté si la compañía de cine podría meterla a la cárcel.  Argumentó:

--¡Claro que pueden! Y te aseguro que no se andan con rodeos.  En estas circunstancias sería lo mejor que me pudiera pasar.  Me aislaría de mis problemas.  Hasta podría escribiría un libro, no sé, hay tanto que hacer en una prisión.

Marilyn era una mujer admirable no cabía duda.  No le temía a la cárcel ni a sus victimarios. En ella se conjugaban maravillosamente belleza y temeridad. Yo no había aquilatado su valor hasta ese momento.  Cada día me asombraba más con sus actitudes.

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Y pensar que también tenía su lado romántico. Pero al ver aquellos hombres siguiéndola entendí que no era dueña de su vida como deseaba.  Las grandes luminarias cuentan con guardaespaldas todo el tiempo pero aquellos agentes se comportaban más bien como sicarios. No inspiraban nada de confianza con sus lentes oscuros.

Yo no tenía nada que perder y sí mucho que ganar con su amistad. No me importaban el peligro ni las circunstancias. En el fondo me sentía afortunado de ser su amigo. Estaba sacudiendo mi vida como un terremoto. 

Nos despedimos como siempre a las puertas de su suite. Le pregunté si deseaba ir más tarde a otro balneario. Expresó inquieta:

--No, Joe, ya  no quiero salir. Debo estar en paz y hacer un balance de mi vida. Por favor, márchate sin despedirte.  Adios, y gracias por todo, fue un placer conocerte.

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Caminé unos pasos. Me entristecía mucho su partida.  Me detuve brevemente para escuchar:

--Si me voy te dejaré un recado en la recepción.

Necesitaba encontrar su propio equilibrio. Comprendí que yo era un intruso que estaba alterando sus planes. Tampoco era mucha la seguridad que podía ofrecerle.  Solicité al comandante me diera el día franco. No quería presenciar su partida.

Mi euforia por conocer a la actriz había terminado. Marílyn debía regresar a su mundo y yo al mío. En ese momento sentí la urgente necesidad de caminar y perderme entre la muchedumbre anónima. Una sociedad ajena a la vida de Norma Jean. Me encaminé a mi hogar y disfruté la soledad escuchando música.

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Pensé que era la última vez que veía a Marilyn; era hora de despertar de un sueño. La diva era un pajarito errante que volaba de rama en rama. Que resolviera sus problemas aunque tuviera que marcharse.  Nadie me quitaría el placer de haberla conocido interiormente.

Observé que mi hogar se encontraba más sucio que de costumbre. En realidad parecía un muladar con platos tirados por todos lados. No era el lugar ideal para albergar a una celebridad. Seguramente al ver mis calcetines y ropa interior tirada hubiera salido corriendo. La pulcritud no era una de mis cualidades. Me alegré que no hubiera tenido oportunidad de conocerlo.

Me reconfortaba saber que Norma también había conocido la pobreza al venir de hospicios. A decir verdad tampoco me importaba demasiado. Llegaba a dormir a mi departamento y pasaba el mayor tiempo trabajando. Hice el aseo y limpié mi coult 45. Percibí que el ejercicio resultaba terapéutico.

Tenía varios días que no veía a mi novia y la llamé por teléfono. Estaba muy molesta conmigo. Tenía razón, mis ausencias eran cada vez más inexplicables y prolongadas. Había una señora mayor que también aseaba mi departamento y tampoco había venido. Fabiola era una gran amante pero tenía como penitencia asear mi cuarto antes de acostarse conmigo.

La verdad es que era buena onda Fabiola y comprendía mi trabajo.  Pocas veces discutíamos y respetábamos nuestro espacio.  No sabía cómo reaccionaría de conocer mis paseos con la diva.  Quizá se hubiera sentido desplazada y decidí ser discreto.

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Recostado pensaba insistentemente en la partida de Marilyn. Lamentaba no haberla conocido más íntimamente.
 No pude comprobar si era un torbellino en la cama. Pero había conocido su alma y eso era para mí lo más importante. Contemplé con devoción y largo rato en la pared el póster rojo que me había autografiado. En el que se leía con letras grandes: “Con todo cariño para Joe. M M."

Simplemente volvería a mi trabajo y me olvidaría de todo. Me dormí con añoranzas y sin despertar toda la noche. Esa noche tuve una pesadilla espantosa que me dejó apesadumbrado: Marilyn abordaba un barco extraño y todos sus tripulantes eran gente ya difunta. Personajes célebres que se mostraban felices al verla: Rodolfo Valentino, Jeans Dean, Lupe Vélez, y otros más que no recuerdo.

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Veía sus rostros de un color azulado y pálido.  Reunidos como en una verbena sonreían gentiles rodeando a Norma como una princesa.  Se desvivían por atenderla. Algunos habían muerto en circunstancias trágicas.


En un enorme palacete la recibieron como una reina de la belleza y el glamour. Ella se mostraba radiante y satisfecha.   Se sentó en un estrado y todos los presentes le brindaron nutridos aplausos. Desperté sobresaltado.

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miércoles, 28 de marzo de 2018

El rostro oculto de Marilyn 6



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Cap. V1

"Las desilusiones te hacen abrir los ojos y cerrar el corazón". MM

José de Cádiz



Subimos en silencio al yate y abandonamos la isla de “La roqueta”. La nave se adentró en alta mar hasta perderse como un minúsculo puntito. Una mesa bien dispuesta nos aguardaba a bordo. Una cocinera negrita nos trajo toallas para darnos un chapuzón y quitarnos la arena.  Le dije a Norma que no traía más ropa que la que llevaba puesta. Contestó bromeando que no había problema y que podía andar en traje de Adán si se me antojaba. Reí para mis adentros.

Marilyn era una mujer desinhibida, pero no  tenía tanta confianza para mostrarme ante ella desnudo. El  calor del trópico y el agua resultaban muy agradables. Cuando salí del baño me llevé otra sorpresa. La rubia me llevó a un clóset lleno de ropa y calzado fino para caballero. Me explicó:

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--Es del dueño del barco, y no te preocupes, tengo permiso de tomar lo que yo quiera de aquí. Ponte una ropa adecuada y recuerda que la noche es larga. 

Elegí una camisa de lino color café, pantalón negro de casimir, zapatos del mismo color. Quería verme elegante en aquella cena.  Marilyn se puso un vestido rosa con un escote precioso que la hacía ver fenomenal. La vi tan deslumbrante que parecía una chica diferente a quien me contaba todas sus penas. Eran claros sus altibajos emocionales.

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En la mesa había exquisitos manjares y bebidas finas. La diva parecía entusiasmada por pasar una velada llena de encanto. Encendió el modular con una música instrumental que parecía amenizada por los ángeles. Pequeñas lamparitas adornaban el espacioso comedor. Sirvió dos aperitivos y me invitó a brindar:

--Hagamos de esta noche una fecha memorable. Quiero que sea la mejor de mi estancia en el puerto.  Olvidarme que soy Marilyn y suponer que soy feliz. Quiero bailar, reír, tomarme unas copas. Sentirme acariciada por un hombre que no vea en mí a la ninfómana. Soñar con un mundo que no es mío.

Yo la escuchaba intrigado y sorprendido. Se encontraba conmigo una Diosa que podía tener el mundo a sus pies si se lo proponía. Ella parecía no percatarse de ello.  Sacudí la cabeza para cerciorarme que no estaba soñando. Me costaba trabajo creer que aquella celebridad fuera tan infeliz. Pero la realidad ahí estaba con un cuerpo escultural y labios entreabiertos.

Cenamos faisán y caviar como dos escolares hambrientos.  Me pidió que descorchara una botella de champaña. La obedecí como un fiel vasallo a su reina. Quería hacerla sentir dichosa aunque sea por breves momentos.  Prolongar aquella velada tanto como fuera posible. Serví dos copas y expresé:

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--Anhelo que este paseo sea extraordinario. Quiero verte alegre y despreocupada.  Daría lo que fuera por darte la felicidad que mereces. No sé lo que nos depare el futuro pero eres una fantasía convertida en realidad. Voy a atesorar lo que vivamos en lo más profundo de mí ser.

Chocamos con delicadeza las copas.  Enseguida me pidió le declamara el poema que tanto le había gustado en la playa.  También solicitó otras poesías de mi autoría. Un recital exclusivamente para ella.  Le gustó sobremanera la siguiente:

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Mujer de ensueño


Ámame, como sólo la eternidad lo sabe hacer.

Mírame, como a un niño en el regazo de su madre.

Acaríciame, como las nubes acarician el vacío.

Muéstrame, la verdad de esta vida terrenal.

Mátame, cuando te canses de mirar la eternidad.

Cántame, la sinfonía de la naturaleza.

Cuéntame, los diálogos secretos entre un duende y una mariposa.

Tócame, las más hermosas melodías con el clarín.

Motívame, a tratar de alcanzar el firmamento.

Regálame, una estrella el día de mi cumpleaños.

Invítame, una copa con nieve de volcanes o llena de iceberg.

Enséñame, que la vida despierta cuando la muerte está dormida.

Permíteme, regalarte mi esencia, estrecharte en mis brazos y colmar tu inocencia.

Ayúdame, a cruzar el puente entre lo finito e infinito.

Anhelo, conocer tus secretos cuando estás dormida, cuando guardas silencio y cuando me miras.

Concédeme, la dicha de saber  que  la felicidad se encuentra detrás de esa montaña y que el universo, ¿nos pertenece?

Prometo, amarte indefinidamente, comprender tu silencio y mirarte de frente.


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Norma escuchó embelesada el poema, pero esta vez al final no lloró, me miró detenidamente y besó con delicado frenesí. Yo correspondí la caricia presintiendo que se avecinaba un huracán. Recordé que tenía que ser cauto, quería que todo se fuera dando lentamente. No debía pensar ella que sólo me interesaba el sexo, sino también su parte interna.

Llené de nuevo las copas.  Le sugerí subiéramos a la cubierta para contemplar el mar en la semioscuridad. Viajar de noche en un yate resulta una experiencia francamente alucinante.  Y hacerlo con una mujer como Marilyn era pactar con los 4 elementos.  Escuchamos en silencio el murmullo de las olas.

Momentos que se quedan grabados en alma para siempre.  Es como tener un pie en el cielo y otro en la tierra.  La vida es extraordinaria y debemos disfrutarla al máximo.  Amarla, glorificarla, porque es el mejor regalo que Dios nos dio.  Sólo la valoramos en contadas ocasiones, o cuando estamos a punto de perderla.

La abracé de la cintura por detrás y estuvimos unos instantes sin hablar. Todo el universo parecía comulgar con nosotros en esa quietud.  Un cielo estrellado a nuestra entera disposición. Nunca me sentí tan extasiado con la naturaleza. Por intervalos sólo se escuchaba el murmullo del viento o, ¿era el canto de las sirenas que los marinos escuchaban temerosos?  

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--¿En qué piensas, Norma?

--En mi vida y en la tuya.  En lo que nos deparará el porvenir. Me hubiera encantado conocerte antes de ser actriz. Mi vida hubiera tomado otro giro. Te voy contar algo que muy pocos conocen.

--Tú dirás. Toda tu vida es extraordinaria.

--Yo me casé muy joven con un chico apuesto.  Estaba enamoradísima o al menos así lo creí.  Lo hice más bien para escapar de los orfelinatos a los que nunca me adapté. No hubo un noviazgo formal como cualquier otra pareja y naturalmente mi matrimonio fracasó.  Mi marido se enlistó en La marina para irse a la II guerra mundial.  Me dejó trabajando en una fábrica donde fui descubierta por un fotógrafo.

--Qué anécdotas tan curiosas.

--Cuando era una adolescente soñaba con tener un novio que me llevara al cine y comprara palomitas, chocolates.  Que saliéramos a caminar y contemplar el atardecer. He conocido infinidad de hombres pero jamás nadie me ha invitado a un parque. ¿Por qué, Joe? ¿Por qué no ven en mí a la mujer sensible?  La vida me ha negado cosas tan bellas.

--No podemos tenerlo todo en la vida.  No te preocupes, yo te llevaré al cine y te compraré palomitas. Luego lloraremos juntos con alguna película. ¿Acepta mi invitación bella princesa?

Sonrió divertida y agregó:

--Quiero que después del cine me lleves a tu casa.  Conocer tu hogar y cocinarte una comida sabrosa. Leer un libro, escuchar música, asomarme a tu mundo aunque no me pertenece. Sentirme un ama de casa por breves momentos. 

--Pero, Norma, es que yo ni siquiera tengo casa. Vivo en un modesto edificio de departamentos.  Por favor no me pidas eso.

--¡Oh, qué tonta soy!  Dijiste que tenías novia y puedo causarte inconvenientes. Discúlpame, has sido tan amable conmigo.

--No, no es eso. Simplemente no quiero que te lleves una mala impresión de mi hogar.  Con Fabiola nos llevamos bien y no guardamos secretos.  Está bien, si es tu deseo te llevaré.

--Eres muy comprensivo conmigo.  Vente, vamos a bailar al bar, quiero divertirme hasta el amanecer.  Antes, ¡alcánzame si puedes, Jajaja!

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Norma se quitó las zapatillas y corrió como niña traviesa por toda la cubierta. Yo la seguí como un lobo a su presa. Me sentía infantil jugando de esa manera pero me agradaba mucho.  Era verdad que todos llevamos un niño dentro y aquello lo confirmaba.  No obstante, una inquietud me atosigaba, el temor que todo terminara abruptamente.  

La alcancé y de premio me dio otro beso que prometía el paraíso. Bajamos al bar y puso una música tropical sabrosa: “La bamba”, que nos motivó a bailar. La bebida estaba surtiendo efecto.  Bailamos Swing, Cha cha chá, y rock and roll. Tomamos con moderación pero sin tregua.  Luego cambió esos ritmos por algo más romántico: Los Beatles, Gleen Miller, Frank Sinatra, quienes nos arrullaron con sus creaciones.

Los dos deseábamos prolongar esa velada. No queríamos despertar de una quimera y encontrarnos con otra realidad. La felicidad es tan fugaz como el viento.  Vi tan alegre a Marilyn que pensé que ya no tendría sufrimientos.  Qué equivocado estaba con mi apreciación.

Tan abstraídos bailábamos que no me percaté que Norma se había quedado dormida en mis brazos.  Como si inconscientemente quisiera transportarse a un lugar inexistente. Agotada por el ritmo y los movimientos sensuales de su cuerpo. Me detuve en el acto mientras el disco seguía girando como la vida misma. Como fiel reflejo de su vida caótica.

¿Pretendía evadir sus circunstancias tan quebrantadas como un vendaval? Tan dolorosas como un viacrucis.  Marilyn era prisionera de la fama y su belleza la estigmatizaba como maldición. De otra manera no habría tenido esos tropiezos que la habían condenado al ostracismo.  ¿Qué más podía hacer ella para superar tal situación?

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La música sin ella había perdido su encanto. Sin su risa ni resplandor el salón estaba vacío.  No esperaba aquel desenlace y tomé en mis brazos a una alondra viajera que el azar había depositado en mis extremidades.  La cargué delicadamente y busqué un camarote. Lo encontré y deposité su cuerpo en la cama.

Esa preciosidad se encontraba a escasos centímetros de mí. Contemplé sus senos tan perfectos.  La apreté ligeramente y aspiré su aliento. Su perfume era realmente enloquecedor. Un estremecimiento me recorrió de pie a cabeza, y a punto estuve  de soltar a  la bestia interior que todos llevamos dentro.  Reaccioné en el último momento.

La besé con gran dulzura y sonreí. Sabía lo que aquella ninfa necesitaba y entendía su sufrimiento. De ninguna manera profanaría ese sueño tranquilo. Le quité el calzado para que durmiera a gusto. Acomodé su cuerpo de tal manera que no sintiera la mínima molestia. Me acurruqué a su lado e hice un esfuerzo por evitar cualquier tentación.

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Con el aire frío de la noche no pude evitar el impulso de abrazarla. Al contacto de aquella piel de terciopelo mi pene se enderezó furioso. Escuchaba el golpeteo de las olas contra el casco del barco.



martes, 27 de marzo de 2018

El rostro oculto de Marilyn 5


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Cap. V

Su diario era una bomba de tiempo

José de Cádiz



Dormí hasta muy tarde soñando con el beso de Marilyn. Ni siquiera me quité el labial rojo que aún manchaba mi mejilla. Una tremenda erección denunciaba que mis deseos hacia la estrella se habían intensificado. Esa criatura era poseedora de un magnetismo animal capaz de seducir hasta las piedras. Todo en ella destilaba sensualidad.

Si Marilyn en la pantalla despertaba pasiones, de cerca era un manjar que daban ganas de comérsela a besos. En cierta forma justificaba a quienes se aprovecharon de su condición voluptuosa. La actriz parecía una ninfa hecha para el erotismo.  Sus labios, pechos y caderas provocaban un irresistible deseo de estrujarlos. De remontarse con ella hasta las cimas más altas del placer.

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Me bañé y rasuré cuidadosamente. Era mi día de descanso y no tenía que presentarme a trabajar. Llamé a Fabiola, mi novia, para decirle que esta vez no la pasaríamos juntos. Manteníamos una relación de un año que tenía una sola finalidad: el sexo. No nos interesaba el matrimonio y teníamos bien claro que nuestros caminos eran libres. Disfrutábamos intensamente cada encuentro y nos prometimos que si encontrábamos otra pareja sólo tendríamos que sincerarnos.  Seguiríamos nuestro camino sin impedimentos.

Su hermano, German, era otro de los policías que cuidábamos a Marilyn. Moreno, bien parecido, le gustaban las motocicletas. Pero más le encantaba llevarse una mujer a la cama. Nos conocimos en la universidad y ahora trabajando juntos nos apoyábamos mutuamente. Solíamos irnos de parranda y un día me presentó a Fabiola con quien simpatizamos de inmediato. 

Como cuñado nuestra camaradería se hizo más estrecha. Nos invitaban a comer ocasionalmente a su casa y conversábamos amigablemente con su esposa. Jamás mencioné sus aventuras amorosas y tampoco a él le importaba si yo le era fiel a su hermana. Había cierta complicidad por conocernos de antaño.

Cuando nos asignaron al cuidado de Marilyn a Germán no le causó gracia. Tenía la peor opinión de las estrellas de cine afirmando que eran unas golfas.  Decía que cambiaban de marido como cambiar de calzones; tan endiosadas que pensaban que el mundo estaba bajo sus pies: “Seguramente, nos va a cargar como su perro, la tal Marilyn”, refunfuñó.

Cuando traté a la actriz y le expliqué que era una mujer culta y refinada no me creyó.  Le dije que tenía problemas sentimentales y que había visitado Acapulco con el fin de despejarse. No le interesó conocerla ni le impresionaba su fama. A Germán le sobraban las mujeres.

Ese día me pregunté qué buscaba realmente en una mujer como Marilyn. Las luminarias le pertenecen al público y carecen de vida privada. Yo era un admirador entre millones y son asediadas por diferentes hombres. Una actriz célebre no podía fijarse en un hombre sin fortuna como yo.  ¿Para qué hacerme ilusiones si pertenecíamos a mundos tan  diferentes?

Pero Marilyn era una mujer, y yo un hombre, y si salíamos a pasear juntos todo podía suceder. Me propuse vivir el presente sin pensar en el futuro. Elegí cuidadosamente una Playera,  short y tenis, la ropa adecuada para veranear. Me llenaba de regocijo ese nuevo encuentro con ella. Me sentía como un colegial a punto de perder su virginidad.

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Marilyn había sido la causante de mi despertar sexual desde mi más tierna adolescencia. Mis sueños húmedos con ella fueron tan frecuentes. A veces aliviaba mis tensiones con la pura  imaginación que me conducía a paroxismos de placer.  Me parecía tan lejana como el lucero que miramos enfrente todas las mañanas.  Me bastaban sus posters, fotografías, y  ver todas sus películas,  especialmente: “La comezón del séptimo año”, y  “Nunca fui santa”.

Leía con avidez cuántos libros o revistas encontraba sobre su vida. Algunas eran especulaciones amarillistas pero otras contenían información valiosa y detalles que pocos sabían. Me convertí en un experto en rastrear su vida. Era un fan apasionado dispuesto a recrearme con mi luminaria favorita.

Cuando me contó sus decepciones sentí el impulso de consolarla. Le habían hecho demasiado daño al tratarla como muñeca de placer; quien merecía ser tratada como una orquídea valiosa, para dar felicidad a quien la poseyera.   Pensé que si lograba tener sexo con ella sería de forma extraordinaria. No precipitaría las cosas y me concretaría a tratarla con delicadeza. Quería que viera en mí a un varón capaz de ofrecerle ternura y virilidad al mismo tiempo.

Sabiendo que era tan infeliz ya no me importaba tanto si se acostaba conmigo o no. Me interesaba, eso sí, devolverle la seguridad y fe en los hombres.  Que se percatara que ella era más valiosa que todos los que le hicieron daño. Pensaba, erróneamente, que la vida aún tenía mucho que ofrecerle. Pero el destino tiene veredas que los hombres jamás sospechamos.

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Llegué puntual al hotel para llevarla a otro balneario.  La busqué durante algunos minutos.  Estaba en el estacionamiento discutiendo con su chofer:

--Hoy no necesitaré sus servicios. Puede tomarse el día libre.  Lo llamaré más tarde.

--Lo siento, señorita Monroe, tengo órdenes de protegerla personalmente.  ¿Sería tan amable de abordar la limusina?

--¡No me diga! ¿Y de qué me va usted a proteger? Dígales a sus patrones que por mí pueden largarse al diablo. Ya me cansaron tantas atenciones de su parte. Vámonos, Joe.

Salimos del hotel y una multitud de admiradores la esperaban en la calle. Era imposible que un figurón como ella pasara desapercibida. La prensa había informado oportunamente su estancia en el puerto.  Repartió docenas de autógrafos pero llegaban otros y tuvo que salir corriendo por la puerta de servicio. Seguramente acostumbrada a escapes involuntarios.

Abordamos un taxi mientras comentaba divertida:

--¡Si me quedo otro rato llegará la prensa y no sabes cómo se las gastan esos chicos!

 Me percaté que tras esa sonrisa ingenua se ocultaba una mujer de carácter. Eso me agradó y se lo hice saber:

--Enojada te ves más linda. ¿Por qué te contrariaste con tu chofer?

--Es que no es únicamente mi chofer. Actúa como un espía el desdichado y no como un empleado. Desde hoy ya no lo necesitaré más.  Prefiero viajar en taxi.

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--¿A dónde vamos? —le pregunté.

-Al muelle, un yate nos espera para dar un paseo en alta mar. Es propiedad de un amigo y te aseguro que nadie nos molestará.  Únicamente estarán el capitán y una cocinera. Traje mi cámara para tomar fotos. Dicen que de noche la bahía luce preciosa.

--Sí, es muy hermosa, pero no tanto como tú.

Sonrió coqueta y se retocó el peinado.  Se puso su pañoleta, las gafas por el momento no las necesitaría. ¡Qué piel tan tersa y que ojos tan expresivos! Sentí ganas de robarle un beso pero me contuve. No podía echarlo todo a perder con mis impulsos.

El yate era lujoso y decorado con buen gusto. No era muy grande pero sus camarotes y pasadizos lucían impecables. El color plateado les daba un aspecto de nave espacial.  Mullidos sillones, música estereofónica, y un bar con todo tipo de bebidas.   Un negro avejentado, quien dijo ser el capitán, se puso a sus órdenes.  Marilyn le pidió amablemente diera un recorrido por toda la bahía.  La obedeció en el acto.

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La nave se deslizó parsimoniosamente en el agua. Después de alejarse lo suficiente pudimos contemplar el espectáculo a plenitud.  La música clásica alternando con el movimiento de las olas enmarcaba la perfecta sinfonía. Desde la cubierta contemplamos el escenario como sacado de "Las mil y una noches".  No en vano Acapulco es considerado el puerto más bello del mundo.

Marilyn poseía un gusto exquisito y una sensibilidad extraordinaria. Estaba acostumbrada a lo excelso y refinado. Parecía haber sido educada para ser estrella. No era nada tonta, como se decía, sino todo lo contrario. Era observadora, y sabía catalogar muy bien a las personas. Siempre se dirigía a los presentes con educación y nunca vi en ella modales vulgares.

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Después del recorrido le sugerí visitáramos la isla de “La Roqueta”. Una porción de playas y acantilados con animales en completa libertad.  De noche el lugar queda semi desierto. Un gran faro anunció la llegada del yate. 

La isla que debió ser refugio de piratas en otro tiempo hoy convertida en zona turística muy solicitada. Descendimos del barco para saltar entre las piedras y arena. Lo primero que encontramos fue al célebre "burro de la roqueta". Una atracción al que los turistas daban de beber cervezas. Estaba completamente ebrio y Marilyn lo acarició con ternura.

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La actriz retozaba riendo estrepitosamente con los cangrejos que encontraba a su paso.  La vi tan contenta y relajada. Exhaustos, nos sentamos un momento en la arena completamente mojados. Las olas golpeaban suavemente nuestros pies.

A distancia  el yate se bamboleaba cual orgullosa bailarina de ballet.  Norma, se dejó invadir nuevamente por la nostalgia:

--¿Sabes? Con gusto cambiaba mi vida por la tuya. Sencilla y sin complicaciones.  Quisiera ser tan libre como el viento pero creo que es demasiado tarde.

--¿Por qué dices eso? Mi vida no tiene nada de extraordinaria. Es demasiado aburrida. En cambio tú lo tienes todo, fama, dinero y el cariño del público.

--No, Joe. Eres un bardo que estremece con sus letras.  Lo tengo todo en apariencia porque me falta lo más sagrado y valioso que es el amor.  A nadie le intereso como ser humano. Los Kennedy me monopolizaron desde que los conocí.

--No debes permitir que abusen de ti.

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Contestó:

--Ojalá pudiera.  Son hombres poderosos que controlan un país. Pueden destruir mi carrera, mi reputación, bloquearme en el cine.  Robert, cuando llegaba a mi residencia no permitía que nadie nos molestara.  Qué pronto se olvidaron de mí.

--Dices que cuentas con armas poderosas.  Deberías utilizarlas.

--Mira, te explicaré mejor.  Los hombres presumen ser más fuertes de lo que realmente son. Suelen exhibir su miembro y les encanta llevar una mujer a las cimas del orgasmo. Una forma de esconder su inseguridad, esto me lo explicó un psicólogo. John, solía ir a mi casa para confiarme sus problemas. La soledad del poder es terrible y a veces terminaba llorando. Me contó tantas cosas que podría escribir un libro.

--Estoy de acuerdo con tu apreciación, pero nunca pensé que John Kennedy tuviera esas debilidades.

--Él tiene problemas muy fuertes con su esposa como cualquier hombre casado.  Cuentas pendientes con la mafia, petroleros y sindicatos. Discrepancias con la CÍA, FBI, y el partido de oposición. Gente que no lo quiere en el poder, personajes importantes que les gustaría verlo caído. Graves dificultades con el capo, Sam Giancana, y con Edgar Hoobert, director del FBI. A John le cuesta diferenciar a los amigos de los lambiscones.  Las malas noticias lo abruman tanto que reniega de su estatus.

--Quizá se percata que el poder hace mucho daño.

--No, precisamente, pero al menos lamenta no ser tan intocable.

--Norma, me gustaría me hablaras sobre  tu infancia.  ¿Es verdad que de niña fuiste abusada en un orfanato?

Tarde comprendí que había sido inoportuno.   Toqué una cuerda muy fina en el alma de la actriz.  Fijó su vista en la arena como avergonzada y contestó débilmente:

--Es otro pasaje triste de mi vida.   Pero no fue en un hospicio sino en casa de un matrimonio que me adoptó.  Otro día hablaremos de eso.  Cambiemos de tema, ¿te parece?

--Perdóname, no fue mi intención lastimarte.

Me di cuenta que a ella le interesaba hablar de cosas más importantes.  Ese día lo hizo en forma elocuente, como si contara sus travesuras de niña o el primer beso de su adolescencia. Por primera vez me habló de sus talentos:


 --Fíjate que tengo fragmentos de mi vida en un diario.  Hago catarsis con la pluma cuando me pongo triste.  Reseño mis alegrías y sinsabores.  Mis inicios en el cine y toda mi vida morosa. Lo que les gusta y no en la cama a los Kennedy.  Ellos piensan eliminar a Fidel Castro como han eliminado a otros. ¡Imagínate lo que ocurriría si doy a conocer mi diario! La pura infidelidad les costaría la carrera.

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--¿Has hablado con ellos acerca de esa posibilidad?

--No, nunca. Únicamente les he insinuado que la venganza de una mujer puede ser dulce. Estoy cansada de ser una marioneta en sus manos. Necesito liberarme para poder ser feliz.

Evidentemente la rubia estaba desesperada y eso la colocaba en una situación extremadamente peligrosa. Convertida en la más rutilante actriz todo lo que decía la prensa lo magnificaba.  Sus conferencias de prensa siempre fueron tan polémicas.  Me preocupó sobremanera pero traté de no abrumarla más con mis aprehensiones. Simplemente le dije:

--Ese diario es una bomba de tiempo.   Nadie debe saber que lo escribes. Por favor no trates de chantajear a los Kennedy.  Debes ser cauta y no dejarte arrastrar por las emociones.

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--Es lo que hago precisamente. Te lo  confío porque me inspiras confianza. Todos mis conocidos pertenecen al medio y no podría confiar en ellos. Aquí nadie nos escucha como puedes ver 
estando en contacto con la naturaleza. Me gustaría remontarme en alta mar para no regresar jamás.  Ojalá y ese yate me alejara de cualquier pena. ¿Nos vamos? Quiero ver que hay más allá del inmenso mar.

lunes, 26 de marzo de 2018

El rostro oculto de Marilyn 4




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Cap. IV

Una flor exótica que merece ser mimada.

José de Cádiz



Yo guardaba celosamente la poesía que me había inspirado Marilyn mucho antes de conocerla personalmente.  Nunca pensé que tendría oportunidad de declamárselo a ella. Antes de llevarla a disfrutar los acantilados de La quebrada me lo guardé cuidadosamente. Lo atesoraba siempre muy esperanzado.

Amanecía y conversábamos amigablemente en aquella playa encantada. Sentados en la arena observábamos tranquilamente el panorama.  Era como si aquel momento estuviera concertado por el destino.  Como si Neptuno, el dios del mar, hubiera preparado aquel encuentro.  Frente al inmenso horizonte pregunté a Marilyn con añoranza:

--¿Ves ese lucero enorme que está allá enfrente?

--Sí, es precioso, y el más radiante de todos.

--Es venus, el planeta del amor y la belleza. El que hace que seamos desdichados o felices en ese aspecto. Determina nuestra felicidad con la pareja cuando la encontramos. Pidámosle que cada uno encuentre lo que busca.

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La diva guardó silencio, y después de un momento inquirió:

--¿Y al astro rey qué podemos pedirle? ¡Qué lindos se ven sus fulgores en el mar! Hasta me siento en otra galaxia.

--El Sol es el creador del universo. El que da vida a todo lo que toca. En la antigüedad era el símbolo del padre o Gran logos solar.  Hay que pedirle que nuestro paso por la vida sea fructífero; que traiga paz a nuestro corazón. Que ensanche nuestros horizontes y prolongue la existencia.

--Qué bonita petición.  Nunca pensé que fueras tan inspirado.

--Ni yo que fueras tan hermosa  como espiritual.

--¿Desde cuándo escribes poesía, Joe?

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--Desde niño, como una forma de canalizar mis emociones y recrearme con la pluma. Este poema me surgió aquí precisamente y lo guardo con veneración. Te conocí en una película y ahora comprendo que hay sueños que se cumplen.   Prométeme que pase lo que pase jamás olvidaremos este momento. Debemos guardarlo en algún rincón de nuestra mente.  ¿Me lo prometes?

--Te lo prometo –-Contestó con su voz musical.

--Bien, aquí está el poema:

A Norma Jean frente al mar


Eres un sueño guardado en el fondo del océano
todo caricia y fulgores  alumbrados por el sol
eres el ideal dorado de los hombres terrenales
una mujer primorosa que hace perder la razón.

Todas las estrellas nacen y se miran tan distantes
hombres quisieran tocarlas y sentir su irradiación
pero los seres humanos tan carentes de ternura
nunca podrán alcanzarlas ni palpar su resplandor

Eres una flor exótica que merece ser mimada
a la que sobran promesas y lisonjas por doquier
nunca serán tan sinceras como el canto de las olas
ni tan sublimes y etéreas como esta puesta de Sol

Siempre soñé con besarte y expresarte mi cariño
quiero que venus permita que se cumpla esa ilusión
pero si no nos conceden un momento tan dichoso
sé que podremos hacerlo en la cuarta dimensión.

Tal vez la fama te abruma y destruye tu alma pura
el cine es un medio frívolo semejante al espejismo
te sugiero que abandones el glamour y candilejas
antes de que tenebrosos te lleven hacia el abismo

Los momentos más felices no vuelven a repetirse
vivamos estos instantes como un regalo supremo
cuando te sientas muy triste visítame en una barca
Yo te esperaré en la playa con mariposas monarcas

Cuánto le daría a la vida para tocar las estrellas
qué diera yo por un beso a tus caderas tan bellas
las gaviotas se te acercan para conocer tu historia
saben bien que contemplarte es conocer a la gloria.

Con cariño y admiración...

Le entregué el poema, la estrella ya no dijo nada.  Cerró los ojos y permitió que sus lágrimas fluyeran.  Se incorporó lentamente y me abrazó.  Había despertado sus emociones más sublimes. Una vibración genuina entre dos seres tocados por la magia de las musas.  

Me percaté que Marilyn era una víctima más del medio que la encumbró. Tal vez demasiado tarde para abandonarlo. El peso de la fama la estaba colapsando y destruyendo su equilibrio. Una mujer anhelante de ser amada con delicadeza.  Abatida por la estulticia de los poderosos.  Esos que pueden disponer de una mujer a su antojo y ambicionan dinero y poder.

Una chica humillada en extremo pero consciente que se había denigrado. Deseaba salir a flote y llevar una vida normal. Escapar de ese mundo pernicioso. No obstante seguía siendo una diva soñadora que soñaba con el amor.  Aquel que nada tiene que ver con orgasmos ni bajas pasiones.  Pero nadie se corrompe sin sentirse despreciable.

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Marilyn era considerada una aventurera de la fama, una actriz caprichosa, frívola, tonta, fundamentalmente hedonista.  Decían que se había acostado con muchos hombres y ella tampoco lo negaba. Que sus maridos la habían abandonado por infiel. Yo estaba dispuesto a comprobarlo en cualquier momento.  Pero en aquella playa solo me interesaba devolverle la confianza en la vida.

Por la forma desencantada en que se expresaba parecía no esperar nada de este mundo. Los hombres más poderosos del orbe la estaban destruyendo.  En su corazón había anidado el odio y eso era demasiado peligroso en una mujer tan conocida.  Aquellos gobernantes podrían eliminarla como rayo en cualquier momento.  ¿Cuáles eran las armas poderosas que mencionaba? ¿Tendría los arrojos para utilizarlas?

Fui prudente en sus confidencias y dado su estado de ánimo era mejor callar. Lamentaba que tuviera que marcharse a otro día sin conocer más detalles de su vida. Me hubiera encantado retenerla y ofrecerle el paraíso en tierras costeñas. Hubiera dado lo que fuera con tal de que ya no regresara a Hollywood. Pero, como afirmaba, fuertes compromisos la reclamaban en la meca del cine.

Estaba consciente que la diva llevaba una vida llena de extravagancias. Únicamente podía aspirar a gozar de su amistad y ese era ya un gran privilegio.  Era superar mis propias expectativas.  Marilyn me atraía como un imán y el deseo de poseerla era demasiado imperioso. En mis noches de insomnio solía tener los pensamientos más arrebatados con ella. Curiosamente, en aquella playa encantada solo me inspiró sentimientos de compasión.  Un afán de protegerla como se cuida un ave recién nacida. Como los bebés que acaban de venir al mundo.

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Había amanecido completamente cuando nos retiramos de aquel lugar mágico. Tal vez más adelante regresaríamos. Abordamos la limusina que nos esperaba cerca.  Me empezaba a impacientar la actitud puntualita y circunspecta del chofer. Después de conocer sus desventuras me molestaba todo lo relacionado con su carrera. No obstante debí ser prudente dadas las circunstancias tan delicadas que la rodeaban.  Evidentemente estaba involucrada en las aguas pantanosas de la política.

Llegamos al hotel y nos despedimos en las puertas de su suite. Expresó:

--¡Ha sido una noche maravillosa! Me gustaría repetir la experiencia. ¿Te abrumé demasiado con mis problemas? Perdóname, tenía necesidad de desahogarme.  Te agradecería me mostraras otras maravillas del puerto y remontarme en alta mar. ¿Podemos hacerlo mañana?

--No me abrumas para nada. Estoy a tus ordenes. 

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Norma, sonrió y me dio un besó agradecida: “que descanses y gracias por todo baby” –-entró rápidamente a su habitación.

--Cuando me alejaba exclamé entusiasmado en voz baja: !Me besó, Norma Jean, me besó! Que labios tan sensuales.

Regresé con mis 2 compañeros quienes se encontraban apostados frente a su cuarto.  Conversaban ajenos a cualquier problema que hubiera en torno a la estrella.  No les interesaba mayormente que se tratara de una celebridad.  Los saludé con camaradería y comenté que había llegado mi hora de salida.  Me fui a casa pensando que nadie lo tiene todo en la vida.  Siempre supuse que las estrellas de cine tenían el mundo a sus pies. Ahora me cercioraba lo equivocado que estaba.

Aquella velada había sido inolvidable porque conocí al ser humano atrás de la estrella. Una mujer misteriosa y polifacética.  De haber sabido lo que le esperaba jamás se hubiera marchado del puerto.  Aquel paraíso le encantaba para vivir. Pero la vida traza sus propias rutas tan impredecibles como misteriosas.

Conocí a la chica soñadora pero también tierna y generosa. La imaginé sentada en la playa conviviendo con los nativos. Tomando cocos y desayunando mariscos. Por la mañana tomaría el sol sobre la fina arena y las gaviotas la rodearían curiosas.  No la obligarían 2 mandatarios a tener sexo con ella.

Su vida era una montaña rusa intentando alcanzar la curva de la felicidad. Una caja de pandora que ocultaba grandes sorpresas.  Un diamante lleno de aristas donde ser diva y tan célebre no eran suficientes elementos para ser feliz.

¿Dónde estaba la felicidad realmente? ¿Dónde encontrar los elementos para ser dichosos?  Todos anhelamos la felicidad pero pocos han sabido encontrarla. Como si la misma fuera una mariposa arisca que cuando creemos alcanzarla esta vuela más y más lejos aún.

Llegué a mi departamento tratando de asimilar las experiencias vividas. Tantas emociones y sentimientos encontrados. Una vida donde el odio y el amor rebasaban todo límite. Apenas tuve tiempo de dormir unas horas antes de llevar a otro balneario a la bella.


Mundo editorial

José de Cádiz Desde siempre los escritores han librado una dura y sorda batalla contra los editores.  Es de sobra conocido que...