jueves, 29 de marzo de 2018

El rostro oculto de Marilyn 7



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Cap. VI1

Sueños reveladores y premonitorios

José de Cádiz


Pasamos una velada agradable y nos quedamos a dormir en el yate. En el camarote me sentí inquieto ante la cercanía de Marilyn que dormía profundamente. Decidí que no era el momento de satisfacer mis deseos y el sueño me venció completamente.  Jamás me aprovecharía de una mujer en aquellas circunstancias.

Me despertó de madrugada el canto de las gaviotas. Me asomé por una ventana bostezando y con mucha sed.  Pardeaban las primeras luces del alba y habíamos regresado nuevamente al puerto. El yate se mecía pausadamente cual palmera perezosa. Contemplé a la actriz dormida y me pregunté qué soñaba para tener esa sonrisa tan plácida. Su posición era parecida a la de un feto.

Tal vez añoraba pasajes de su niñez o, ¿tenía fantasías oníricas de una felicidad que se le escapaba? Quizá de esa manera evadía una realidad que la asfixiaba. De algo estaba yo seguro: la estrella no hubiera querido despertar jamás. Me levanté sigilosamente al baño. La regadera despejó cualquier vestigio de borrachera.

Abrí la puerta del camarote. Un carrito simpático contenía el más suculento desayuno: Frutas, yogurt, jugo de naranja, café, pan tostado. Obviamente la cocinera conocía los gustos culinarios de Marilyn.  Regresé a la recámara cuando la actriz ya había despertado. Me saludó diciendo:

--Hola, poeta, ¿qué hora es? –-y se tocó suavemente las sienes.

--Las 6:30 de la mañana.

Cerró de nuevo los ojos, situación que aproveché para depositar una uva en sus labios.  Traje el desayuno y le dije quedito al oído:

--Tengo que reportarme a la jefatura, preciosa.

Argumentó:

--No te preocupes, llamaré ahora mismo a la Capitanía del Puerto, para informarles que sigues de guardia conmigo. ¿O no está Ud. para cuidarme señor policía?

Sonrió e hizo la llamada. Luego se fue directamente a la regadera. Escuché las gotitas de agua como perlas en tropel que parloteaban. Salió envuelta en una toalla y se cambió con short y playera. Desayunando comentó inquieta:

--Anoche tuve un sueño que me impresionó sobremanera: Un águila me perseguía y atrapaba en sus garras.  Era enorme y no me podía zafar estando aterrorizada.  Luego llegaron unos buitres y se disputaron mi persona como un trofeo. Suelo tener pesadillas desde que aquel sujeto abusó de mí.

--Los sueños reflejan lo que no hemos logrado superar.  O pueden ser premonitorios.

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--También tengo sueños hermosos. Cierta noche volaba encima de un lago y repentinamente me caía gritando asustada.  Mi madre vino en mi auxilio y me trasladó en sus brazos. Me sentí feliz al verla. ¿Sabrá ella que estoy sufriendo? ¿Existe la gloria y el infierno?

--El alma sobrevive cuando partimos. El infierno lo podemos vivir ocasionalmente cada día.  Si gozas estás en la gloria y si sufres es todo lo contrario. En el mundo astral podemos comunicarnos con nuestros difuntos. Morir es tan natural como nacer. Nadie se extingue del todo.

--Qué interesante, ¿y no te da miedo esa información?

--Estoy familiarizado con el tema. Todos partiremos algún día y será mejor no temer.

--Pero a la mayoría nos aterra la muerte.  Pensamos que todo termina con el último suspiro.

--Es por desconocimiento, cuando creemos en una vida más trascendente desaparece el miedo.

--¿Mi madre me observará desde el cielo?

--Creo que sabe que estás sufriendo y tratará de ayudarte.

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--Pues ojalá y sea pronto, porque la vida me tiene muy acorralada. Siento que me faltan fuerzas.

Nos dispusimos a abandonar el yate y regresar a nuestras respectivas actividades.  A la salida interceptó la cocinera a Marilyn y le entregó un telegrama. La actriz palideció al leerlo:

--¡Dios santo es de mi compañía cinematográfica! Me están demandando por incumplimiento de contrato.  Quieren que regrese ahora mismo a continuar filmando o pagaré un millón de dólares. ¿Qué hago?

Temí que mi respuesta fuera contraproducente y contesté:

--Haz lo que te dicte tu conciencia. Toma la mejor decisión. Eres la única que puede elegir.

--Pero yo no quiero irme aún. Necesito estas vacaciones. Hace tiempo que no experimentaba la tranquilidad de una playa. 

--No te aflijas, que todo saldrá bien. A veces hay que arriesgarse y desafiar las circunstancias. Si te quedas será excelente. Si te vas sabré comprenderte.

Se hizo un silencio prolongado y nos miramos con tristeza. Yo tampoco quería que se marchara pero no quería complicarle la vida con mis exigencias.  Ella ya tenía demasiados problemas para agregarle uno más. Caminamos brevemente por la Avenida costera.

Me percaté que dos tipos vestidos elegantemente a prudente distancia la seguían. Era obvio que sabían dónde había pasado la noche Marilyn.  Ella lo notó y se encogió de hombros diciendo:

--Son guardaespaldas del FBI. Estoy acostumbrada que me sigan a todas partes.  

-¡Guardaespaldas del FBI! ¿Y se puede saber qué hacen en territorio mexicano? Si un colega se adentra en USA lo sacan inmediatamente. Pero ellos entran a México como si fuera su casa.

-Tienes razón, pero siempre ha sido así.  Como EE.UU es una potencia mundial se siente el dueño del mundo.  México es como una colonia gringa.

--¿Tanto te cuidan esos señores? ¿Acaso vigilan todos tus pasos? Lamentaría que estuvieras en gran peligro y sin poder ayudarte.

--Escúchame, si me voy será esta misma noche, la compañía me mandó boletos de avión. Si me quedo podré recrearme un poco más con la naturaleza.  Puedes estar tranquilo.

Como salido de la nada apareció el chofer con la limusina.  Amablemente abrió la puerta y la abordamos de inmediato.  En el trayecto le pregunté si la compañía de cine podría meterla a la cárcel.  Argumentó:

--¡Claro que pueden! Y te aseguro que no se andan con rodeos.  En estas circunstancias sería lo mejor que me pudiera pasar.  Me aislaría de mis problemas.  Hasta podría escribiría un libro, no sé, hay tanto que hacer en una prisión.

Marilyn era una mujer admirable no cabía duda.  No le temía a la cárcel ni a sus victimarios. En ella se conjugaban maravillosamente belleza y temeridad. Yo no había aquilatado su valor hasta ese momento.  Cada día me asombraba más con sus actitudes.

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Y pensar que también tenía su lado romántico. Pero al ver aquellos hombres siguiéndola entendí que no era dueña de su vida como deseaba.  Las grandes luminarias cuentan con guardaespaldas todo el tiempo pero aquellos agentes se comportaban más bien como sicarios. No inspiraban nada de confianza con sus lentes oscuros.

Yo no tenía nada que perder y sí mucho que ganar con su amistad. No me importaban el peligro ni las circunstancias. En el fondo me sentía afortunado de ser su amigo. Estaba sacudiendo mi vida como un terremoto. 

Nos despedimos como siempre a las puertas de su suite. Le pregunté si deseaba ir más tarde a otro balneario. Expresó inquieta:

--No, Joe, ya  no quiero salir. Debo estar en paz y hacer un balance de mi vida. Por favor, márchate sin despedirte.  Adios, y gracias por todo, fue un placer conocerte.

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Caminé unos pasos. Me entristecía mucho su partida.  Me detuve brevemente para escuchar:

--Si me voy te dejaré un recado en la recepción.

Necesitaba encontrar su propio equilibrio. Comprendí que yo era un intruso que estaba alterando sus planes. Tampoco era mucha la seguridad que podía ofrecerle.  Solicité al comandante me diera el día franco. No quería presenciar su partida.

Mi euforia por conocer a la actriz había terminado. Marílyn debía regresar a su mundo y yo al mío. En ese momento sentí la urgente necesidad de caminar y perderme entre la muchedumbre anónima. Una sociedad ajena a la vida de Norma Jean. Me encaminé a mi hogar y disfruté la soledad escuchando música.

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Pensé que era la última vez que veía a Marilyn; era hora de despertar de un sueño. La diva era un pajarito errante que volaba de rama en rama. Que resolviera sus problemas aunque tuviera que marcharse.  Nadie me quitaría el placer de haberla conocido interiormente.

Observé que mi hogar se encontraba más sucio que de costumbre. En realidad parecía un muladar con platos tirados por todos lados. No era el lugar ideal para albergar a una celebridad. Seguramente al ver mis calcetines y ropa interior tirada hubiera salido corriendo. La pulcritud no era una de mis cualidades. Me alegré que no hubiera tenido oportunidad de conocerlo.

Me reconfortaba saber que Norma también había conocido la pobreza al venir de hospicios. A decir verdad tampoco me importaba demasiado. Llegaba a dormir a mi departamento y pasaba el mayor tiempo trabajando. Hice el aseo y limpié mi coult 45. Percibí que el ejercicio resultaba terapéutico.

Tenía varios días que no veía a mi novia y la llamé por teléfono. Estaba muy molesta conmigo. Tenía razón, mis ausencias eran cada vez más inexplicables y prolongadas. Había una señora mayor que también aseaba mi departamento y tampoco había venido. Fabiola era una gran amante pero tenía como penitencia asear mi cuarto antes de acostarse conmigo.

La verdad es que era buena onda Fabiola y comprendía mi trabajo.  Pocas veces discutíamos y respetábamos nuestro espacio.  No sabía cómo reaccionaría de conocer mis paseos con la diva.  Quizá se hubiera sentido desplazada y decidí ser discreto.

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Recostado pensaba insistentemente en la partida de Marilyn. Lamentaba no haberla conocido más íntimamente.
 No pude comprobar si era un torbellino en la cama. Pero había conocido su alma y eso era para mí lo más importante. Contemplé con devoción y largo rato en la pared el póster rojo que me había autografiado. En el que se leía con letras grandes: “Con todo cariño para Joe. M M."

Simplemente volvería a mi trabajo y me olvidaría de todo. Me dormí con añoranzas y sin despertar toda la noche. Esa noche tuve una pesadilla espantosa que me dejó apesadumbrado: Marilyn abordaba un barco extraño y todos sus tripulantes eran gente ya difunta. Personajes célebres que se mostraban felices al verla: Rodolfo Valentino, Jeans Dean, Lupe Vélez, y otros más que no recuerdo.

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Veía sus rostros de un color azulado y pálido.  Reunidos como en una verbena sonreían gentiles rodeando a Norma como una princesa.  Se desvivían por atenderla. Algunos habían muerto en circunstancias trágicas.


En un enorme palacete la recibieron como una reina de la belleza y el glamour. Ella se mostraba radiante y satisfecha.   Se sentó en un estrado y todos los presentes le brindaron nutridos aplausos. Desperté sobresaltado.

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