martes, 20 de marzo de 2018

¿Hombres que mueren de amor?


"El amor es de todas las pasiones la más fuerte, ya que ataca al mismo tiempo la cabeza, el corazón y los sentidos". Lao Tze

0512201418


José de Cádiz


¿Un amor no correspondido nos puede arrastrar a la muerte?  ¿Este virus ataca con más fuerza a unos que a otros?  Parece que la respuesta es un rotundo: Sí. Aunque es un contrasentido, porque este sentimiento vibra con la vida y no con la muerte. Es un latir del corazón, una alegría inmensa ver al ser amado.  La mente, el corazón y los sentidos en una sola dirección. Emociones que un difunto ya no podrá expresar.

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Manuel Acuña, es un  poeta mexicano que pasó a la historia por una poesía, ¡tan llena de pasión y colorido!  Electrizante, categórica y estremecedora. Lamentablemente, la última. Originario de Saltillo, Coahuila.  Una promesa de las letras; dramaturgo y poeta de los que dejan huella; estudiante de medicina de sólo 24 años.  

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Rosario de la Peña, se llamaba la mujer que le robó el corazón. La causante de todos sus desvelos. Era su gran amiga pero jamás se atrevió a confesarle su amor.  Grave error de Manuelito. Resulta que ella amaba a otro hombre y eso le impidió revelarle su secreto.  ¿Si se le hubiera declarado su vida hubiera tomado otro giro? 

De haber vivido Manuel Acuña, y poner su poema en manos de "Chayito", mínimo hubiera logrado una noche de amor.  Su declaración póstuma es demasiado trepidante y fatalista para dejar indiferente a cualquier mujer.  Sin embargo, la noche del 5 de diciembre de 1873 el poeta  escribió:

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Nocturno a Rosario

I
¡Pues bien! yo necesito
decirte que te adoro
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto 
al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

    II
Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas 
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.

   III
De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves 
en mi alma a aparecer.

  IV
Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás,
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

Rosario de la Peña

    V
A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y hundirte en mi pasión
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿Qué quieres tú que yo haga,
pedazo de mi vida?
¿Qué quieres tu que yo haga
con este corazón?

   VI
Y luego que ya estaba
concluído tu santuario,
tu lámpara encendida,
tu velo en el altar;
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...

   VII
¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros 
mi madre como un Dios!

   VIII
¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!

Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida;
y al delirar en ello
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por tí, no mas por ti.

    IX
¡Bien sabe Dios que ese era
mi mas hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!

   X
Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!

A01_acuna

Esa noche, terminado el poema, Manuel Acuña ingirió cápsulas de cianuro que le provocaron una muerte inmediata.  ¿Un instante de cobardía o una decisión de gran valor?

Juzgue Ud. lector.




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