sábado, 9 de agosto de 2014

EL DÍA QUE ME ACOSTÉ CON MARILYN XI






(Cap. XI)

El diario de Marilyn

José de Cádiz




Marilyn no solo resultó una buena ama de casa sino también divertida y amante de la limpieza. Después de pasar la noche en mi hogar lo primero que hicimos fue asearlo.  Más tarde salí a comprar todo lo necesario para comer ese día. En lo personal solía comer fuera de casa pero esta vez me interesaba atenderla a ella y compré una despensa bien surtida.

Comprendía que atrás de Marilyn se encontraba Norma Jeane, la niña huérfana desprotegida y solitaria.  Una chica marginada y ansiosa de tener el hogar que nunca tuvo.  Siendo adulta tampoco pudo conservar un hogar de manera permanente. Cuando regresé a casa estaba terminando de asear mí departamento. ¡Qué hermosa se veía con una pañoleta limpiando el polvo!

Debido a la excitación de la noche anterior no tuve tiempo de ocultar una fotografía de Fabiola que adornaba un pequeño buró.  Marylin, la vio, y preguntó sonriente:

-¡Qué chica tan simpática! ¿Tu novia?

--Sí –contesté, titubeando.

--Qué bonita me gustaría conocerla. Tal vez podamos ser buenas amigas.

Comprendí que una mujer de mundo como ella no se iba a espantar por una relación aún vigente. La diva tenía una mentalidad gringa sin prejuicios de ninguna índole.   Eso me agradó bastante y sonreí.

Terminando de asear nos dirigimos a la cocina a preparar una comida riquísima con ensalada de frutas. Saqué los víveres de las bolsas y llenamos hasta el tope el pequeño refrigerador. Había suficientes comestibles.

Marilyn, no comía tortillas y acompañamos la comida con pan. Nos saciamos con buen apetito y nos miramos expectantes.  Ella quizá pensando: “¿Qué hago aquí comiendo con un policía?”, pero al instante recobró su sonrisa y sirvió dos vasos de agua.

Noté que su diario estaba intacto encima de la mesa como aguardando el momento de revelar su contenido. Yo no resistía la tentación de abrirlo pero no encontraba la oportunidad. El calor arreciaba y encendí el viejo ventilador.

Quizá por enésima vez la diva sentía el calor de un verdadero hogar.  Percibí que se comportaba serena y nostálgica.  Teníamos algo en común: A los dos nos gustaba leer y escribir.  Estábamos solos y con relaciones sentimentales indefinidas. Tal vez era lo que nos unía y daba sentido a nuestras vidas.

No pude evitar acordarme de Fabiola y hacer comparaciones. Si la rubia era un torbellino en la cama mí novia no se quedaba atrás. No obstante Fabiola era mucho más práctica y después de una prolongada sesión se iba rápidamente a su casa. Solo se quedaba a platicar un poco cuando aseaba mi departamento.  Le gustaba el cine, la música,  y se dedicada con fervor a su trabajo de recepcionista.

Siempre pensé que Fabiola solo le interesaba el sexo pero era incapaz de aferrarse a un hombre.  Una relación anterior la había marcado para siempre.  Yo la invitaba a comer y entonces se desahogaba contándome los problemas con su único hijo.  Nos despedíamos con un beso y cada quien a lo suyo.

Nunca me pidió nada pero yo la ayudaba ocasionalmente con algún dinero. La consideraba una mujer nada celosa pero creo que me equivoqué rotundamente.  Lo pude comprobar esa tarde.

Marilyn me pidió mostrarle otros poemas de mi autoría a lo que accedí con gusto.  Le extendí una carpeta con docenas de poesías.  Se puso a leerlos con toda calma situación que aproveché para hojear su diario.  Si la diva estaba leyendo mi vida yo tenía derecho a leer sus experiencias.

Lo abrí con expectación y noté al instante la excelente redacción que tenía.   Sabía que escribía un diario pero desconocía sus habilidades literarias.  Leí con avidez la dedicatoria y prólogo:

“Para todos los hombres de mi vida. De una estrella errante siempre en busca del amor.  A mis admiradores y para los que buscan la verdad.   Reciban este diario con un beso y una flor desde el rincón más apartado de mi alma.   M. M.

Continuaba:

Escribo este diario cuando la tristeza o nostalgia me invaden.  En noches de luna silenciosas en que no puedo dormir.  La soledad es como un fantasma que me persigue toda la vida.

Escribo para escapar de una realidad que me asfixia y prohíbe ser feliz.  Es mi deseo dejar un testimonio a la posteridad como la celebridad que soy.  Sé que no soy eterna y quiero dejarles un pedacito de mí.

Fui una niña huérfana que al crecer trató de llamar la atención con los reflectores.  Ansiosa de que me quisieran aunque sea un poquito.   Creo que la felicidad no está hecha para mí. El amor verdadero no lo he conocido.  Todos se acercan a mí por deseo o curiosidad.






El destino me ha dado fama y fortuna pero me ha negado grandes privilegios como tener un hijo. Eso me duele pero nunca lo confieso. La maternidad no está hecha para mí. Cuando pude tenerlos me impidieron embarazarme.

Mi vida de actriz ha sido una pose permanente que oculta verdaderamente lo que soy.  Hoy he decidido quitarme la careta y mostrar mi corazón.  No voy a fingir más porque esa Marilyn que todos conocen, no soy yo.  Me considero completamente diferente.

A los astros del cine nos consideran frívolos y carentes de valores.  Se afirma que vivimos en un mundo de oropel muy apartados de la realidad.  Hay algo de verdad en eso aunque no del todo cierto. Es verdad que somos superficiales, hedonistas, y que nos cuesta diferenciar entre la ficción y realidad.  Somos emocionalmente inestables, inseguros, y tan narcisista que una arruga nos puede poner a llorar.  Representamos tantos personajes que terminamos por no saber quiénes somos.  Es el precio que tenemos que pagar por besar a tantas bocas.

Como artistas somos ultrasensitivos, fantasiosos, e impresionables. Sufrimos más que la mayoría y la fama nos puede encumbrar o aniquilar.  Las separaciones nos duelen tanto que nos trastornan.  Buscamos pronto quien llene ese vacío interior solo para caer en una nueva decepción.

La popularidad con frecuencia nos marea y hace perder la cabeza.  Recibimos tantos elogios que empezamos a gravitar entre las nubes.  A veces recurrimos a los estupefacientes para aliviar estados de angustia o frustración.   En mi caso en forma esporádica nada más.

Mi vida transcurrió entre hospicios y uno que otro hogar adoptivo.  Mi madre trabajaba en unos estudios de cine y a mi padre nunca lo conocí. Esto me produjo una sensación de orfandad toda la vida.  Desde niña tuve la impresión de ser un estorbo para quienes me trataban.






Siempre viví pensando que nadie me quería.  Me he casado varias veces para no estar sola y sentirme protegida.  Lo cierto es que la vida me trajo a un set cinematográfico que me convirtió en estrella de cine.  Pronto descubrí que la fama no trae la felicidad.

Tengo miedo a la muerte y jamás me suicidaría.   Creo firmemente en Dios y en los valores de fe.   Los principios que me inculcaron las religiosas en hospicios nunca se me han olvidado.  Suelo ir a misa los domingos a una parroquia cercana de incógnito.

He cometido muchos errores que la vida me ha cobrado demasiado caro.  Como haberme enamorado de un hombre casado y algunos abortos provocados al principio de mi carrera.  Con el tiempo afectaron mi matriz.

Me casé y divorcié muy joven en plena segunda guerra mundial. Entonces la necesidad me obligó a trabajar en una fábrica de refacciones de avión.  Un fotógrafo me invitó a posar desnuda para una revista. Le fui cobrando amor al oficio que fue mi salvación y condena.





En horfanatos donde vivía mi madre me visitaba con frecuencia.  Me llevaba a los estudios de cine donde trabajaba y ahí conocí a  grandes luminarias del cine internacional.  Soñaba con ser tan famosa como ellas.  Las veía bellas, aclamadas, seductoras.

Quería ser tan hermosa como Lupe Vélez, o tan misteriosa como Greta Garbo. Marlene Dietrich, me impresionó con esas piernas torneadas y un vozarrón de trueno.  A Mary Picford la conocí en plena decadencia y dicen que fue esposa de Rodolfo Valentino.

A Greta Garbo, "la divina", la miraba caminar en los pasillos tan despacito como una serpiente.  Cómo me fascinaba ver a Gary Cooper ponerse la corbata frente a un espejo, ¡qué elegante y guapote se veía con esos ojos azules burilados en el cielo!

Douglas fairbanks, cuando lo encontraba me decía: !Hola pequeñita! Y me regalaba dulces y chocolates.  Luego me daba un beso. Me iba corriendo a decirle a mi mamá que un señor me había besado.  Ella sonreía acariciándome el pelo.

A Mae west, la recuerdo tan sensual y sonriente en el plató. Era muy bromista y se llevaba bien con todos sus compañeros de reparto. Dolores del Río, siempre tan modosita como una princesa.  Pero todo eso pertenece al pasado y ya no me interesa. Tengo que aprender a vivir en el presente. No deseo que nadie me haga daño.

Si hubiera sabido lo que me esperaba jamás hubiera aceptado posar desnuda para aquella revista.  Me convertí en modelo sin saber que la gloria y el infierno me aguardaban. Era sumamente inexperta y me dejé envolver por los reflectores.

Es demasiado tarde para arrepentirme.  Soy el polo opuesto a la imagen que los cinéfilos tienen de mí.   Norma Jean, es una mujer romántica y de corazón tierno.  Amo y defiendo la naturaleza, a los huérfanos.  Los seres desvalidos me inspiran compasión.





Admiro el conocimiento, el talento.  Me gusta leer y escribir.  El cine nunca me ha dado un papel verdaderamente valioso.  Para los productores solamente soy "la rubia tonta". Mis fans son la única familia que tengo y los que me aman de verdad.

Tengo pocos amigos. En este medio es difícil encontrarlos.  Solo un perro, un fotógrafo, y un amigo de infancia a quien le tengo mucho cariño.   Cuesta tanto encontrar amigos verdaderos.

Pero creo que los estoy abrumando con mis aprehensiones.  Seguramente querrán adentrarse en mi diario como en una pelicula del tiempoEspero un poquito de su comprensión al final.  Tal vez encuentren una explicación racional a las interrogantes de mi vida, porque yo no la he encontrado”. 
    
Así terminaba el prólogo. Hice una pausa y observé a Marilyn absorta leyendo mis poemas.  Tomé un vaso de agua y continué la lectura apresuradamente. Su estilo me apasionaba.  Eran experiencias dispersas de una buena parte de su vida. Como tantas mujeres célebres Marilyn tuvo necesidad de contar su vida. Tal vez presintiendo que moriría joven y que el público querría saber detalles.


Continuará    

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