lunes, 13 de enero de 2014

¿SOMOS ADICTOS A INTERNET?









José de Cádiz



Sin duda, la red es una valiosa herramienta que lo mismo sirve para hacer una maestría que para aprender idiomas. Desafortunadamente, los seres humanos tendemos a hacer mal uso de las nuevas tecnologías. Tal parece que no estuviéramos preparados para usar herramientas de vanguardia sin hacernos daño.  Hemos vivido amargas experiencias desde la invención de la pólvora y desintegración del átomo.  El celular y la web están sustituyendo las relaciones convencionales por amistades virtuales.   Hoy en día preferimos un romance a la distancia que un abrazo duradero a quien amamos.  Un amigo virtual por otro de carne y hueso.  ¿Qué nos está pasando?

Si bien existen historias felices de personas que se conocen en la red como la mexicana que se casó con un millonario colombiano.  En la otra cara de la moneda están: los timos, adulterios, fraudes, prostitución, sodomía, y engaños de todo tipo. Hay una necesidad enfermiza por estar platicando todo el tiempo con el móvil. Por supuesto quienes fomentan esta dependencia son las empresas digitales para llevarse carretadas de dinero a sus arcas.

Afortunadamente la mayoría de cybernautas son personas bien intencionadas que solo les interesa el aprendizaje o sana diversión.  Esto no significa que no podamos volvernos adictos y bastante esclavizados por cierto. Cuesta trabajo reconocerlo y dentro de la psicología la n-e-g-a-c-i-ó-n es el principal mecanismo de defensa de cualquier adicto.  Así, por Ej., un alcohólico nunca se aceptará como tal a menos que haya tocado fondo y tenga problemas graves por haber perdido su trabajo o a su esposa.

La obsesión con los medios digitales nos está llevando a una dependencia aberrante que tendrá graves consecuencias. Ninguna adicción es buena, ya sea sexual, fumar, el móvil, wap sat, o el chateo ocioso en redes.  Cualquier exceso conduce al desequilibrio emocional, físico, e intelectual. Estar todo el tiempo frente a la pantalla disminuye la visión. Aún la necesidad de aprender u opinar debe tener límites. Lo lamentable es que la adicción en redes la podemos padecer quienes las usamos diariamente.  Veamos por qué:




Rosaura, una amiga, la corrieron de su trabajo por desatender sus obligaciones como secretaria y preferir chatear o contestar mails. Solía tomar cursos, divertirse en videos, y visitar páginas de modas.  Muy aficionada al cine y a los chismes de la farándula.  Bastó una revisión de su jefe para que la pusieran de patitas en la calle sin ninguna consideración.

Roberto Ángel, un estudiante de secundaria, que bajó su rendimiento escolar desde que sus padres le compraron una lat top e Internet.  Claro que sus relaciones en las redes eran numerosas porque le encanta la conversación.  Se volvió adicto a la pornografía y también al rock pesado.  Su padre, intrigado, revisó sus páginas favoritas y tuvo que ponerle límites amenazándolo con cancelar la suscripción a Internet.

Todos podemos ser adcitos...

Por mi parte compré mi primer computadora hace diez años.  Pensé que había llegado al paraíso de los poetas y escritores.  Ya podía corregir y subir mis textos inmediatamente.  Ya no había necesidad de borrar nada en mi vieja maquina de escribir.  Aunque al principio solo navegaba dos o tres horas, después fueron 4, luego 5, hasta llegar a ocho horas diarias.

Como consecuencia desatendí a mis clientes, y prioridades, también a mi estómago porque comía muy tarde.  Sorprendido, descubrí que varios amigos los encontraban todo el tiempo en páginas literarias colectivas.
El optalmólogo me recomendó ejercicios de retina, tomar jugo de zanahorias, y usar lubricante de manzanilla.  Me expresó terminantemente: "Ya no vea Tv de noche, leerá poco, y solo navegará tres horas máximo.  No obstante, sentía una necesidad enfermiza de revisar mi mail, mi blog, y comunicarme de alguna manera. Tuve que hacer un esfuerzo para sobreponerme.

¿Digital detox?


Entonces, me convertí en un DIGITAL DETOX, termino que se usa cuando una persona se aleja de los dispositivos electrónicos, como celulares y computadoras, para reducir el estres y convivir en familia. No me quedó alternativa que someterme a una dieta webera o acabaría en un grupo de adictos compulsivos.

Me sentía abrumado y agotado mentalmente y tomé la decisión de abandonar temporalmente la red.  Me fui diariamente al campo durante un mes para entrar en comunión con la naturaleza.  Leía y escribía en un cuaderno mis vivencias personales.  Visité amigos y familiares cercanos que hacía tiempo no veía. Conviví más con mi familia.  Resultado, ahora navego menos y me he puesto un límite.  Mi vista también mejoró sustancialmente.
 
Podemos hablar de grandes empresarios y profecionistas que abusando de la web desatienden sus obligaciones.  En lugar de hacer sus tareas prefieren visitar páginas prohibidas o diversiones variadas.  La publicidad desmedida ofrece viajes en cruceros  y tentadores juegos de azar; sexo virtual con el consiguiente riesgo de un fraude.  Por supuesto, las redes sociales son un campo fértil para la infidelidad conyugal.




Mejor leamos lo que dijo Bill Gates en una conferencia hace mucho (Fundador de Microsoft) sobre las adicciones virtuales: “Solo permito a mis hijos usar la internet 45 minutos al día, y con lapsos breves para hacer tareas escolares, y una hora al fin de semana.  Porque mi hija de diez años se estaba volviendo adicta, se volvió muy ansiosa, y descubrió muchos videojuegos”.

Es patética la forma en que el hombre moderno está dependiendo masivamente de los medios digitales. Niños que pasan todo el tiempo con la tablet y videojuegos sin que sus padres los apoyen. Amas de casa que dejan de surtir una buena despensa por comprar tiempo aire en los supermercados. Usuarios que gastan miles de pesos para platicar cosas intrascendentes con la novia o el vecino.  Cuando sería más fácil visitarlos, darles un abrazo, y conversar con ellos.  Las relaciones virtuales han sustituido a las convencionales en forma alarmante; en otras palabras nos hemos deshumanizado con las maquinas.

Todo esto tiene un motivo de peso que no podemos soslayar: El nuevo milenio con todo su conocimiento y tecnología, con todo su potencial creador y económico, nos está llevando al precipicio. El hombre, con toda su inteligencia y habilidades, se siente solo, vacío, y por ende desesperanzado. Hemos perdido gradualmente los valores morales y espirituales y como consecuencia el sosiego interior.  Abandonando la fe en Dios el hombre piensa equivocadamente que el dinero lo es todo. Extraviando su identidad aumenta su incertidumbre y sensación de fracaso.

La única manera de recuperar el equilibrio alfa y omega es volcarnos hacia el interior; hacia la chispa divina que todos llevamos dentro.  Reflexionar que somos seres tridimensionales con un cuerpo, una alma, y una mente. Desatender cualquiera de estas entidades resulta catastrófico.  No pensar en el dinero como propósito final de la existencia sino como un medio para vivir dignamente. Aprender a vivir en comunión con la naturaleza y desechar lo superfluo.  La vida tiene un propósito más elevado: nuestra evolución y perfección.


Creer que seremos más felices amasando una fortuna es un espejismo cruel y desafortunado.  Si queremos ser amados y respetados debemos aprender a dar y recibir amor.  Finalmente, nada nos llevamos al partir.   Llegamos con las manos vacías y también así nos vamos.  Evitar los conflictos familiares porque se extienden en todas direcciones.

Una piedra lanzada en un remanso de agua también expande sus ondas. Como se expanden las ideas, el conocimiento, y las emociones.  Aprender a proyectarnos con responsabilidad porque alguien está al tanto de nuestro comportamiento.



¿En dónde se origina la violencia?


En ese vacío interior que padecemos, en la codicia, y ausencia de valores que nos están aniquilando por dentro.  En los modelos de conducta que promueve la TV, en la publicidad desmedida, el fut bool, telenovelas, reality shows, información tergiversada, etc, etc.

Los narcos y gobernantes corruptos son los arquetipos del progreso.  Los jóvenes se reflejan en ellos y desean imitarlos.  Actores y cantantes famosos  son idolatrados aunque sean adúlteros o drogadictos.  El concepto de belleza se vende como símbolo de enajenación.  ¿Qué tipo de herencia cultural estamos recibiendo?



Los medios digitales nos acercan cada vez más pero también nos alejan haciéndonos hiper dependientes. La ausencia de una moral solida nos está llevando hacia una desintegración ética completa.  Los padres y maestros deben estar preparados y atentos para guiar a los niños que son curiosos por naturaleza.

Porque los pequeños carecen de un criterio definido acerca del bien y el mal. Pueden ser presa fácil de mentes criminales o perversas.  Hagamos buen uso de los medios vigilando a nuestros jóvenes.  Nunca sugerirles  tareas escolares que frenen su creatividad. Juguetes mecánicos y videojuegos son un lastre para su imaginación.  Considero que los libros en papel, un cuaderno, y un lápiz, aún tienen una función académica en la excelencia del futuro.




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