jueves, 22 de mayo de 2014

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN X




Marilyn Monroe:




José de Cádiz


Cap. X









Decidí llevar a mi departamento a Marilyn. Ahí le pedí que bailáramos desnudos. Nuestros sentidos se dispararon rebasando todas las fronteras. Tenía unas ganas inmensas de contemplar aquellas mosntañas blancas y tersas como alabastro. Nada hay más excitante para un hombre que contemplar un par de montículos a nuestra entera disposición. Le sugerí que se recostara boca abajo. Obedeció mi petición sin decir palabra: Besé y estrujé sus encantos con lascivia.

Me encontraba ante una diosa del erotismo. El sueño dorado de cualquier varón. Marylin se estremeció al contacto y gimió de placer. Subí lentamente por su espalda hasta llegar a la nuca y mordí ligeramente el lóbulo de sus orejas.  Con mis manos acaricié en círculos sus pezones bien erectos.

En un momento dado Marilyn se volteó rápidamente hacia mí. Friccionó mi pene con delicadeza, suavemente, como si temiera hacerle daño.  No supe cuanto tiempo transcurrió pero me sumergí en un mar de sensaciones indescriptibles. Cada molécula de nuestros cuerpos vibraba como cables de alta tensión. Nos dispusimos llegar al cenit.

La penetración lenta y profunda nos condujo al éxtasis más pleno. Marilyn estrechaba mi miembro con deleite arqueando su cuerpo en cada orgasmo. Era la cúspide de un deseo largamente acariciado.  Una hembra explosiva y un varón insaciable que podía resistir largo tiempo sin eyacular.

Quedamos completamente relajados hasta la una  de la mañana. Ni siquiera tuvimos tiempo de ponernos la ropa interior.  Caímos en sueño profundo hasta las primeras luces del alba.  Me despertó el canto de un gallo en la lejanía. Palpé en la semi oscuridad el cuerpo tibio de una mujer.  Recordé que tenía como huésped a una diva. Una mujer admirada y deseada por millones. Marilyn estaba ahí y no pensaba desaprovechar la ocasión.

Me senté en la cama contemplando aquel cuerpo esculpido por un artista. Era de madrugada pero ya no tenía sueño sino unas ganas inmensas de poseerla nuevamente.   No me atreví a despertarla.  Tomé un vaso de agua e intenté tranquilizarme. Tampoco sabía si ella estaba dispuesta a continuar la sesión. Aguardé pacientemente.

A veces el mundo nos depara grandes sorpresas para bien o para mal. Nunca imaginé que aquel día viviría una de las experiencias más desconcertantes de mi vida. Todo parecía normal y fue una reacción inconsciente de Marilyn.  No esperaba aquel perturbador desenlace.  En lo más profundo del sueño la rubia empezó a estremecerse gritando angustiada:

--¡No, no, por favor! ¡Déjeme soy una niña! ¡No quiero, no quiero! ¡Se lo suplico, no me haga daño! –Se quejaba visiblemente consternada.

Al instante me desconcerté y no supe qué hacer.  Solo se me ocurrió despertarla y la sacudí vigorosamente.  Deseaba que mis palabras la tranquilizaran pero no fue así.  Ella gritaba más aterrorizada como si huyera del mismo diablo.

Abrió los ojos llena de pavor como si estuviera a punto de ser lanzada a un precipicio. Comprendí que se trataba de un shock.  Nunca pensé que las consecuencias de un trauma fueran así de patéticas. Evidentemente, Marilyn no había logrado superar lo ocurrido.  Aquel suceso había dejado una huella indeleble en su subconsciente. Las ideas se agolpaban en mi mente.


--Mi amor, despierta, ya cálmate, no pasa nada.  Solo fue una pesadilla.  Nadie te hará daño aquí. 


Parecía no escucharme y con una mirada perdida. La abracé con gran ternura y se fue calmando poco a poco.  Mis palabras la serenaron pero continuaba llorando. Era obvio que necesitaba una terapia más efectiva.  Los psicólogos no la habían ayudado mucho en California.  Se abrazaba a mi cintura temblorosa y deslicé suavemente mis dedos en su pelo besándolo con delicadeza. 

¿Ese era el motivo de sus fracasos matrimoniales? ¿A ello se debía la inestabilidad patológica de Marilyn? Tal vez debido a eso no pudo encontrar nunca la felicidad con sus ex maridos. ¿No estuvieron dispuestos a soportar su consternación? Las interrogantes se sucedían una tras otra.

¿Qué sucedió en su niñez para despertar llorando? Era demasiado el daño para que se hubiera alojado en su mente todo el tiempo. Los seres humanos reaccionan al dolor de diferente manera. Una niña es particularmente sensible y su psiquis se alteró diametralmente con aquel suceso. Me negaba a usar la palabra violación pero era una realidad que recordé en ese momento. Trataría de ayudarla aunque en ello me fuera la vida.

Yo no era un psicólogo pero había leído lo suficiente para saber  que un trauma solo se cura reviviendo el impacto emocional que lo provocó.   ¿Estaría la bella dispuesta a contarme su experiencia? Estuvimos largo rato sin hablar cobijados con las primeras luces del alba. Es tan hermoso un amanecer con la persona admirada.

En esa dimensión sublime donde se comparten emociones y sentimientos. El coito solo es un instante supremo pero no la felicidad más plena.  Esta se encuentra en una dimensión superior a los sentidos. Le pregunté con tacto tratando de parecer natural:

 -Marilyn, te haría bien hablar de lo sucedido. ¿Te gustaría contarme tu experiencia? Dicen que cuando las cosas salen a la luz se superan.


Guardó silencio y cerró los ojos apesadumbrada. Negó con la cabeza. 

-Bueno, corazón, podemos hablar otro día.  Mejor voy a preparar el desayuno. Verás que buen cocinero soy.

Me aparté de su lado, pero reaccionó angustiada:

--¡No, por favor,  no te vayas!, no en este momento que tengo mucho miedo. Trataré de recordar todo si lo crees necesario. Pero en mi mente solo hay imágenes borrosas como en una película del tiempo.

--Si te fatiga, mejor hablamos otro día –negó nuevamente con la cabeza.  Después de un rato decidió hablar:

--Todo sucedió en mi segundo hogar adoptivo. Era un matrimonio sin hijos. Nunca me atreví a hablar de ello con nadie ni siquiera con mi psicólogo.  Tuve miedo de ser incomprendida o que me considerarán loca.  Marilyn guardó silencio apesadumbrada. Pasados unos minutos continuó.

Mi padre putativo se mostraba cariñoso conmigo. Yo cifraba en esa figura paterna todo mi cariño.  Sentía la urgente necesidad de tener un padre. A los 9 años sucedió todo. Su esposa, era buena y condescendiente, me daba de comer antes de irme a la escuela  Una noche la señora tuvo que ausentarse para visitar unos parientes en las afueras de los Ángeles.  No regresó hasta otro día.   Situación que aprovechó su esposo para...

La rubia hizo una pausa observando el techo detenidamente.  Parecía entrar en una dimensión desconocida.  Con sus recuerdos atravesando el túnel del tiempo como densos nubarrones. La vi estremecerse de dolor.  Después de un intervalo prosiguió:

--Yo presentía que algo iba a ocurrir.  Le pedí a la señora me llevara con ella pero se negó rotundamente.  Guardé silencio resignándome a mi suerte. Como puede haber hombres así...


Otra pausa, y era evidente su esfuerzo:


--Esa noche dormí poco estando muy inquieta.    Cerré la puerta del cuarto pero había una ventana frente a la calle.  Los niños podemos presentir el peligro en cualquier situación.  A las tres de la mañana sentí que alguien me tocaba -Marilyn se revolvió en la cama. 

Debí postergar su relato porque estaba sufriendo mucho. Podíamos continuar otro día pero era demasiado tarde.   El recuerdo colocó a Marilyn al borde de un precipicio. Me sentía como un villano abriendo un dique que la arrastraba despiadadamente al pasado. Su sinceridad me conmovió más:

--Cuando sentí su mano en mis piernas grité aterrorizada. Me abrazó de la cintura por detrás paralizándome todita.  Le conocí la voz y supliqué que no lo hiciera. Reaccionó violentamente y me golpeó sin misericordia. Caí en la cuenta que aquel hombre no era mi padre sino una bestia feroz dominada por el deseo.  Yo me revolvía en la cama tratando de evitar la penetración. Él parecía excitarse más con mi resistencia: 




--¡No, por favor! ¡Se lo suplico! ¡Déjeme, soy una niña! Y sentí como si la zarpa de un tigre me desgarrara por dentro –Marylin temblaba reviviendo aquel instante.

Se acurrucó en la cama llena de pavor y lloró inconsolable durante más de una hora. Yo la acariciaba tratando de hacer menos doloroso el impacto. Podía ver todo como en una pantalla del tiempo.

La besé con gran ternura quedándose profundamente dormida. Marilyn siempre adoptaba la posición de un feto. Quizá remontándose al vientre materno donde nadie pudiera hacerle daño.  Donde solo su madre la arrullara y le cantara una canción de cuna.

Me levanté con gran sigilo a preparar el desayuno. Todo había resultado psíquicamente extenuante. Ya había salido el sol pero no me preocupaba en absoluto. Me esmeré en preparar café, jugo de naranja, hot cakes. Me sentía entusiasmado por cuidar de una mujer tan especial. No me importaban su estatus ni el que dirán.

La contemplé profundamente dormida.  Le pedí a Dios que despertara con un nuevo semblante; que terminara ahí su sufrimiento. El cielo debía brindarle toda posibilidad de ser feliz. Casi en seguida despertó y me observó detenidamente. Había en sus ojos una chispa de cordura y lucidez. Expresó cariñosa:

--Joe, me apena mucho lo sucedido. ¿Te asusté demasiado con mis gritos?


-No, preciosa, para nada. Estoy acostumbrado a lo inesperado. Ven a desayunar, te vas a chupar los dedos con lo que preparé.

Se levantó sin prisa y se dirigió al baño. Salió de la regadera envuelta en una toalla. Se sentó en la mesa y sirvió dos cafés. Saboreó cada gota. Parecía dispuesta a continuar la conversación pero ahora desde otro ángulo:

--Joe, si crees que ya te conté todo estás muy equivocado. Posteriormente vinieron cosas más terribles.  Esa tragedia marcó mi vida para siempre. Te habrás dado cuenta que soy una mujer inestable. No puedo ser de otra manera aunque quiera. Tal parece que carezco de principios pero no es así.

Yo la escuchaba atento:   

--Me siento insatisfecha todo el tiempo.  La dualidad entre el placer y el dolor me seducen y lastiman. La felicidad siempre ha sido un objetivo frustrado para mi.  Me duele decirlo pero es la verdad.

La miré comprendiendo profundamente sus palabras. Estaba aprendiendo a quererla y a respetarla tal como era.  No deseaba que la imagen
 que guardaba de ella se desmoronara algún día estrepitosamente. Le pedí continuar:


-A partir de esa noche se despertó en mí una gran necesidad de tocarme sintiéndome posteriormente muy sucia. Terminaba llorando  porque mi educación católica me inculcaba otra cosa. A mi primer esposo lo abandoné por incompatibilidad de caracteres. Era demasiado celoso aunque lo agotaba todo el tiempo. He intentado llevar una vida sosegada al amparo del matrimonio sin lograrlo. Cambio radicalmente cuando estoy enamorada.

--Entonces, necesitas enamorarte con frecuencia –repuse bromeando.

Ella sonrió diciendo:

--Solo me he enamorado dos veces. Aunque me he casado en tres ocasiones para no estar sola y sentirme protegida.  Me enamoré de mi primer marido y el segundo fue John Kennedy.

--¿A Joe Dimagio y Arthur Miller no los quisiste?


--No. Me trataron bien y por un tiempo fui feliz. Hasta que descubrí que solo nos unía el deseo.


--Dices que amaste a tu primer marido, pero lo abandonaste. ¿Qué sucedió?


--Él me abandonó. No me perdonó haber posado sin ropa. Casi me echó a la calle.  De pronto me vi sola y sin dinero.


--¿Se puede amar y odiar al mismo tiempo?

--Un día descubrí que John intervino para que su hermano Bob me cortejara.  Quería expulsarme de su vida para siempre. Me abandonó dejándome completamente abatida.  Pero el muy zorro buscó pronto quien me consolara. Su hermano: Robert Kennedy. ¿Te das cuenta? Fui y sigo siendo un juguete en sus manos. No les importó mi vida. 

--¿Los dos te prometieron matrimonio?

--En varias ocasiones dejaron entrever que cabía tal posibilidad. John me decía que su esposa no lo amaba y solo cubrían las apariencias... Que ya no tenían relaciones.  Robert, me dijo lo mismo y que su mujer era demasiado posesiva.  Que pensaba divorciarse pronto y casarse con otra mujer. ¡Pura hipocresía! Les creí como una tonta. 

--Pero supongo que fuiste feliz con ellos.

-No voy a negarlo. Me sentía importante hasta que descubrí su ardid. John era generoso y complaciente y había una línea directa a La casa blanca para hablar con él cuando quisiera. Lo visité en algunas ocasiones. Un día Jaqueline encontró mis pantaletas en su oficina.  Me las había regalado John con mis iniciales. Entonces un detective le informó detalladamente nuestra relación. Ella me odia. 

-Y tiene razón, a ninguna mujer le gusta que le quiten el marido. 

-Hoy comprendo cabalmente la situación.  Pero en ese momento no entendía las cosas.  El amor te ciega muchas veces.

-¿Y tu romance con Bob tuvo algunas diferencias?

-Ese llegó más lejos aún.  Me compró un departamento en Miami diciendo que su esposa era una amargada; que ya no la soportaba.  Que con él me aguardaba un gran porvenir. Un día me impidió ver a mis amigos.   Me exigió retirarme del cine.  Entonces me revelé.  Por eso estoy en Acapulco.

 --Marilyn, no puedes vivir aferrada al pasado. Trata de olvidar todo simplemente.

--Ojalá pudiera. Su imagen me persigue todo el tiempo. Se sienten los dueños de mi vida y tienen temor de lo que pueda ocurrir porque saben que tengo un arma en mis manos. Marilyn extrajo de su bolso el libro rojo.



--¿Tu diario?

--Por supuesto, en el escribo mis impresiones diariamente.  ¿Te gustaría leerlo?

--Son cosas que solo a ti te conciernen –expresé, disimulando mi curiosidad-  pero me moría de ganas por leerlo.

-Lo dejaré encima de tu mesa. Puedes hojearlo cuando gustes.


--Marilyn,  era una mujer valiente y decidida. Una extraña mezcla de vulnerabilidad y fortaleza.Todo mundo sabía que ella tenía un diario donde contaba pormenores de su vida. Tenerlo a mi disposición era como tener el tesoro de Alí Babá y los cuarenta ladrones. O mejo aún las memorias de Adolfo Hitler. Un diario que contenía revelaciones que jamás imaginé. 





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