La verdad es que un taller literario es una especie de refugio de gente desolada que trata de encontrarle sentido a su vida. Gente triste o desubicada que no encuentra la felicidad. Tratando de asirse a las letras como un naufrago al salvavidas. La soledad también puede actuar como acicate.
Las páginas literarias de Internet tienen la misma función, son refugio de gente inestable o frustrada. Se afirma que los poetas o creadores son neuróticos en potencia, personas obsesivas o cicloides que buscan la estabilidad emocional. Pero alégrese, si se considera el más infeliz de los mortales, puede que también sea un creador fuera de serie.
Thorton Wilder escribió: "Estoy convencido que con algunas excepciones, una forma u otra de infancia desdichada, es esencial para la formación de talentos excepcionales". Es paradójico, y según esta tesis, entre más desdichada fue una persona más aflora su talento. Por otra parte, las personas inestables emocionalmente tratan de encontrarle una explicación racional al destino. En un taller de letras convergen personas que padecemos el mismo dolor, la misma desorientación. Encontramos esa especie de identificación y camaradería con nuestra causa. La desolación se hace más llevadera entre muchos que se brindan apoyo mutuo. "Escribe, tienes talento", nos dicen nuestros compañeros. Naturalmente, que hay otros motivos que impulsan a escribir, la pobreza puede ser otro detonante. La pérdida de un ser querido genera un estado de angustia que necesita una válvula de escape. No obstante, aclaramos, hay compañeros que llegan rebosantes de entusiasmo y con ganas de comerse al mundo con la pluma. Todo parece indicar que son completamente felices.
Los integrantes de aquel taller no las ingeniábamos para encontrar motivos para escribir, para escapar de la monotonía. Íbamos a la playa, a bailar al bar del barrio, a la feria, al cumpleaños. Visitábamos panteones, museos, salas de arte, todo cuanto nos diera una oportunidad de asomarnos a los entretelones de la existencia. Obviamente, la mayoría eramos jóvenes.
Por eso aquel día decidimos ir al antro el "zorrito", sin sospechar que nos esperaba un desenlace tan desafortunado. Y nos marcó de alguna manera ese acontecimiento. Después de seguir tomando a Carmensa se le alborotaron adrenalina y hormonas. Sin medir las consecuencias atacó al parroquiano y lo mató. Nos llevaron todos a declarar y Carmensa quedó formalmente preso. Lo condenaron a 10 años de
prisión. Lo peor es que no alcanzó fianza por ser un crimen atroz y premeditado. Por si fuera poco ya estaba fichado. Le aplicaron todo el peso de la ley porque el papá del junior era muy influyente. En
México, si tienes dinero, las leyes son benévolas, pero si careces de
recursos te hunden sin misericordia.
Durante un tiempo nos negábamos a ir a visitar a Carmensa por vergüenza. Sentíamos una especie de
remordimiento y rechazo. Nos ausentamos un buen tiempo del taller para tratar de olvidar el acontecimiento. Aunque aquel travestí en general se había portado bien con nosotros. Ciertamente, se había transformado en homicida, pero era amable, inspirado, y solidario. Tenía un gran concepto de la amistad.
No obstante, recordábamos con tristeza los encabezados de los diarios: “Taller
literario nido de malvivientes”, “¿Escritores o psicópatas?", “¡Libres los
poetas de la muerte!”, todo un escarnio de nuestra imagen como creadores. Nunca
recuerdo haber recibido tanta publicidad negativa. El taller pasó de
ser un espacio para crear, a un circo romano de cuarta categoría.
Mis amigos ya no me querían ni hablar. La prensa amarillista miente mucho para vender un tiraje. Un día un amigo me saludó en la calle-: ¿A poco ya saliste de la
cárcel?, ¡Uuy, yo te hacía en las islas Marías!”, estallando en carcajadas.
Los reportaros nos buscaban para atizar la curiosidad del respetable. Nos negábamos a dar entrevistas porque luego escribían las más feroces intrigas.
Indira Raquel, de plano se fue un tiempo a la Cd. de México. El taller se había quedado casi vacío. Carlota, como se auto proclamaba directora, se quedó firme como un poste, y ella solita hacía declaraciones a los medios. Nosotros tras bambalinas sonreíamos.
Inconscientemente, deseábamos borrar ese episodio bochornoso de nuestra vida. Como si nunca hubiera existido tal cosa. Craso error porque las cosas malas
nunca se borran y a veces es mejor enfrentarlas. Después de todo, la vida es solo un
viaje, y como tal tiene altas y bajas. Además, las
experiencias malas pueden capitalizarse.
Por eso cuando se nos avisó que publicaríamos una antología no dudamos ni un momento
en regresar al taller. Posteriormente, decidimos visitar a nuestro amigo Carmensa en la cárcel. Se alegró al vernos, lloró, y lo
abrazamos. Todos nos sentíamos culpables por presentarnos en el bar en
estado de ebriedad. En cierta forma
eran las consecuencias de un estilo de vida bohemio.
Ahora bien, no sé por qué cuajamos tanto en el aspecto de la francachela.
Éramos como caballos desbocados que durante años habían tenido encerrados. Cuando se abre el potrero la caballada, relincha, retoza y brinca. En mi caso, quería recuperar el tiempo perdido, años de disciplina y
formalismo. Los demás seguramente vivían algo parecido.
Todos teníamos proyectos de vida y muchas esperanzas con nuestro futuro. Nuestras expectativas como escritores eran numerosas. La mayoría veníamos de universidades y una carrera que no terminaba de agradarnos. No todos teníamos
trabajo por supuesto. Pero ni falta que hacía porque cualquiera te invitaba a tomar la copa. La literatura era un oficio y un
esparcimiento que se llevaban muy bien. Al pagar la cuenta, nadie escatimaba, y algunos como el señor Cano eran sumamente generosos.
Nadie ignora que Acapulco es un centro turístico para explayarse y la diversión desenfrenada. Es
como si las luces de la Costera excitaran motivando a soltarnos el pelo. Una avenida llena de antros y turistas de todas las
nacionalidades. Las luces de neón parecen seducirnos sin remedio. Restaurantes y cabarets anuncian con bombo y platillos sus mejores shows. Una
aventura sexual es de lo más común en el puerto. Sin embargo, debido a lo ocurrido, ahora nos comportábamos más cautelosos.
Cuando visitamos a Carmensa quisimos levantarle la moral: lo invitamos a participar en nuestra antología próxima a publicar. Se le alegraron los ojos y Jimena le dijo acariciándole el pelo: “escribes bien chingón, manito”. Efectivamente,
aquel travestí, tenía unas poesías eróticas de gusto exquisito, y estábamos seguros darían mucho de qué hablar.
Aceptó encantado participar con nosotros. Todos teníamos derecho a publicar, una poesía o cuento, pero a él le permitimos participar con dos poemas. Uno, en donde narraba sus vicisitudes en la cárcel. Otro, dedicado a su amante que al verlo hundido ya no quiso saber más de él.
Era francamente conmovedor lo que estaba viviendo y se encontraba deprimido.
Cuando nos retirábamos se acercó llorando y nos contó que lo habían violado
varias veces en la cárcel. Que al llegar lo habían arrojado a los presos como
castigo por asesinar al junior. Se aprovechaban de su condición
de homosexual los infelices. Estaba muy golpeado de la cara y sentimos gran
indignación.
Tuvimos que prometerle visitarlo más seguido y suspiró resignado. Después de todo aquel ambiente era
propicio para inspirarse y escribir. Los centros de “readaptación social”, en México, son
verdaderas escuelas del crimen. Nadie se regenera ahí, y por el contrario, generalmente se vuelven expertos criminales. Un delincuente se envilece más al estar en contacto con el vicio. Nos
hicimos una coperacha y le dejamos algunos dólares. Se mostró agradecido y sonrió con amargura. El mejor regalo que le pudimos hacer fue
invitarlo a participar en nuestra antología.
El tiempo siguió su curso, nosotros seguíamos escribiendo y publicando en algunos periódicos. A veces la rutina hacía estragos y buscábamos otros motivos para inspirarnos. De vez en vez hacíamos una llamada al grupo para preguntar si había
llegado un nuevo o a dónde iríamos de juerga el sábado. Regresábamos al taller con la esperanza de encontrar nuevos amigos. Así era,
efectivamente.
Fue durante un alejamiento voluntario que me llamó Nicole para informarme
que habían decidido visitar por segunda vez a “Carmensa”. Se acercaba la
navidad y querían darle una sorpresa. “Debes venir con nosotros y pensamos
hacer un rol de visitas”, me expresó solidaria. Me encantó la idea de visitar nuevamente el reclusorio que en México les llaman: "Cerezos".
Yo sabía que la cárcel era una caja de sorpresas llena de experiencias escalofriantes. Hacía tiempo que
quería escribir una historia interesante. Pero no un cuento inventado, como los
que acostumbrábamos en el taller, sino algo más tangible, más real, totalmente diferente. Me comían los dedos ante
semejante expectativa.
Me trasladé a casa de Nicole en donde solíamos reunirnos los sábados. Encontré una discusión acalorada entre Cesar y Carlota, "la huevosfritos". Ella, le reclamaba por negarse a visitar a nuestro amigo en la
cárcel. Él, se defendía argumentando que “la carmensa”, siempre había andado
tras sus huesos, y ahora seguramente pensaría que cedería a sus pretensiones. Se expresaban coléricos.
Ante semejante discusión, Cesar finalmente se levantó y dio un golpe en la mesa, ante el
desconcierto de todos:
-¡Vayan ustedes a visitarlo! Y si se lo quieren coger, ¡Adelante! Yo no
respondo por nadie, allá ustedes. Yo no voy andarme exhibiendo con un putito en la cárcel.
-¡Qué mal amigo y prosaico eres! –le espetó Indira Raquel-, nunca pensé que fueras
tan cabrón y pre juicioso.
-¡Ni yo pensé que fueran ustedes hermanitas de la caridad! -contestó al instante. Yo no tengo tiempo
para andar de samaritano de un joto. Ni que fuera mi hermanito el tipo ese. ¡Y no voy a ir simplemente porque no me da la gana!
-Y si fuera tu hermanito -inquirió perspicaz “el santoniño”- ¿sí te
gustaría que lo visitáramos? Bien que fuiste a beber con él al "zorrito". ¡Claro, como te pagó la cuenta!
-Si fuera mi hermanito, le metería un balazo en el ano, y lo dejaría que se
pudriera en la cárcel.
-¿No será que tu homofobia te denuncia? –le arrojó con sarcasmo
Carlota. A lo mejor no eres tan macho, como pretendes, fíjate. La psicología froidiana dice cosas interesantes acerca de esa actitud.
-¡Piensa lo que quieras psicóloga de mierda! Me vale madres lo que opines. Ese tipo es muy
descarado y siempre me anda insinuando cosas. ¡No iré aunque se paren de
cabeza!
La reunión terminó dividida entre los que querían visitar a “Carmensa”, y los
que tenían motivos para no hacerlo. Estos últimos argumentaban que podría desatarse nuevamente el escándalo si se enteraban los diarios. Todo estaba tan reciente en la mente de los porteños. La verdad, es que tanto unos como otros, tenían la razón. Todo es posible en el ambiente carcelario.
Había quienes proponían que era conveniente visitar más seguido el reclusorio. El "santoniño", nos motivaba entusiasmado-: hay
muchísimo material para escribir ahí. Nicole, lo secundó agregando-: ¿Qué estamos haciendo aquí? Si nos
desplazamos a la cárcel tomaremos contacto con otra realidad. Tenían razón, pues encontramos una realidad demasiado “cruda”, como
verán más adelante.
Para concluir “el santoniño" sentenció doctamente: “Las mejores obras
se han escrito en prisión”. Ahí escribió Hitler "Mi lucha", y Oscar Wilde su "Balada de la cárcel de Reading". Total, que nos acabó de convencer y durante un
tiempo el centro de operaciones del taller fue la cárcel. ¿Imaginarán ustedes lo que escribimos ahí?
Se llevó a votación la propuesta y se acordó que visitaríamos a “Carmensa” el
próximo domingo. ¡Nos llevaríamos ingratas sorpresas! Continuará...
"Queda prohibido no hacer realidad tus sueños". Pablo Neruda.
EL MAR
NECESITO del mar porque me enseña:
no sé si aprendo música o conciencia: no sé si es ola sola o ser profundo o sólo ronca voz o deslumbrante suposición de peces y navios. El hecho es que hasta cuando estoy dormido de algún modo magnético circulo en la universidad del oleaje. No son sólo las conchas trituradas como si algún planeta tembloroso participara paulatina muerte, no, del fragmento reconstruyo el día, de una racha de sal la estalactita y de una cucharada el dios inmenso.
¡Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire, incesante viento, agua y arena.
Parece poco para el hombre joven que aquí llegó a vivir con sus incendios, y sin embargo el pulso que subía y bajaba a su abismo, el frío del azul que crepitaba, el desmoronamiento de la estrella, el tierno desplegarse de la ola despilfarrando nieve con la espuma, el poder quieto, allí, determinado como un trono de piedra en lo profundo, substituyó el recinto en que crecían tristeza terca, amontonando olvido, y cambió bruscamente mi existencia: di mi adhesión al puro movimiento.
Pablo Neruda, un poeta de nacimiento. Le pusieron el nombre de Neftalí Ricardo Reyes Basoalto. Vino al mundo, en Parral, Chile, en 1904. En 1945 obtiene el premio nacional de literatura, y en 1971, el nobel de literatura. El galardón más alto al que cualquier autor puede aspirar.
Hijo de un obrero ferroviario, José del Carmen Reyes Morales, y de una maestra de escuela, Rosa Basoalto Opaso. Si madre muere poco tiempo después de nacer Pablo y su padre se traslada a Temuco. Ahí, cursa sus primeros estudios y conoce a Gabriela Mistral. A los 16 años, empieza a trabajar en un periódico donde publica sus primeros poemas: "La canción de la fiesta", y "mis ojos", en 1921.
Apoyó todo el tiempo a Salvador Allende, aún durante el golpe de estado perpetrado por Augusto Pinochet (1973), pero auspiciado por la Cía y el Pentágono. Alcanzó la fama internacional tras publicar su poemario: "20 poemas de amor y una canción desesperada". Fue senador y diplomático en su país natal. Como senador denunció los abusos del sistema político chileno. En 1927, empieza su carrera diplomática y lo nombran cónsul en Rangún, Birmania. También estuvo en España.
En 1935, dirige la revista chilena Caballo verde y tiene como compañeros a la generación del 27. Durante la guerra civil española apoyó a los republicanos, y fue gran amigo de Federico García Lorca, y Rafael Alberti. En 1939, regresa a Chile e ingresa al Partido Comunista. Definitivamente, fue un poeta de izquierda y se identificó muchos con las causas populares.
AMISTAD
Vuestro amigo, es la respuesta a vuestras necesidades.
Es vuestro campo, que sembrais con amor, y cosechais con gratitud. Y es vuestra mesa, y el fuego de vuestro hogar. Porque acudís a él para saciar vuestra hambre. y lo buscais en procura de paz.
Cuando vuestro amigo revela sus pensamientos, no temeis el " no " en vuestra propia mente, ni reteneís el " sí ". Y cuando el guarda silencio, vuestro corazón no cesa de escuchar a su corazón.
Porque en la Amistad, todos los pensamientos, todos los deseos, todas las expectativas, nacen sin palabras, y son compartidas con callado gozo.
Cuando os separais de vuestro amigo, lo haceis sin aflixión. Porque lo que más amais en él, puede ser más diáfano aún en su ausencia, como para el alpinista la montaña aparece más despejada desde la llanura.
Y dejad que en la Amistad no exista otro propósito que el de profundizar el espíritu. Porque el amor que busca otra cosa, que no sea la revelación de su propio misterio, no es amor, sino una red tendida, y solamente lo inútil es pecado.
Y procurad que lo mejor de vosotros, sea para vuestro amigo. Si debe conocer vuestra bajamar, dejadlo conocer también vuestra pleamar. Porque ¿qué amigo es aquél que tuvierais que buscar para matar las horas? Buscadlo con horas para vivir. Porque es misión suya llenar vuestras necesidades, pero no vuestra vaciedad.
Y, que en la dulzura de la amistad haya lugar para la risa, y, para los placeres compartidos. Porque en el rocío de las pequeñas cosas, el corazón encuentra su mañana, y, toma su frescura.
Los poetas de su estatura no mueren, sin embargo digamos que físicamente se fue de este mundo, en 1973. Se afirma que Augusto Pinochet, y la Cía, lo mandaron asesinar, por haber apoyado a Salvador Allende, al grado que renunció a su candidatura a la presidencia de Chile, por apoyar a su amigo Allende. Los dos murieron durante el golpe de estado militar.
EL SOL
A plena luz de sol sucede el día,
el día sol, el silencioso sello extendido en los campos del camino.
Yo soy un hombre luz, con tanta rosa, con tanta claridad destinada que llegaré a morirme de fulgor.
Y no divido el mundo en dos mitades, en dos esferas negras o amarillas sino que lo mantengo a plena luz como una sola uva de topacio.
Hace tiempo, allá lejos, puse los pies en un país tan claro que hasta la noche era fosforescente: sigo oyendo el rumor de aquella luz, ámbar redondo es todo el cielo: el azúcar azul sube del mar.
Otra vez, ya se sabe, y para siempre sumo y agrego luz al patriotismo: mis deberes son duramente diurnos: debo entregar y abrir nuevas ventanas, establecer la claridad invicta y aunque no me comprendan, continuar mi propaganda de cristalería.
No sé por qué le toca a un enlutado de origen, a un producto del invierno, a un provinciano con olor a lluvia esta reverberante profesión.
A veces pienso imitar la humildad y pedir que perdonen mi alegría pero no tengo tiempo: es necesario llegar temprano y correr a otra parte sin más motivo que la luz de hoy, mi propia luz o la luz de la noche: y cuando ya extendí la claridad en ese punto o en otro cualquiera me dicen que está oscuro en el Perú, que no salió la luz en Patagonia.
Y sin poder dormir debo partir: para qué aprendería a transparente!
Hoy, este abierto mediodía vuela con todas las abejas de la luz: es una sola copa la distancia, al territorio claro de mi vida.
Sentí que me desvanecía y un sudor caliente recorría mi cuerpo. Me estremecí y me voltee boca a bajo. Aquel sueño era cada vez más lúcido y las sensaciones más ardientes, desgarradoras y reales. Quise gritar pero solo un gemido salió de mi boca. La verdad nunca había experimentado esa sensación tan extraña. Sentía la vida en un hilo y el resto de las cosas habían perdido importancia. Sentí aquella vagina estrecha que se plegaba con fuerza a mi pene. Yo entraba y salía por aquel túnel voluptuoso y caliente jamás descrito. Era como vivir el alfa y omega en un instante. Hacía días que venía experimentando una extraña sensación en mis tésticulos. Algo estaba madurando ahí, en ese lugar, precisamente. Como si las compuertas de una presa estuvieran a punto de derrumbarse. Mis erecciones eran constantes y por momentos no me daban sosiego. Después todo volvía a la normalidad.
Noche tras noche un torbellino amenazaba con desatarse. Una tensión dolorosa y placentera al mismo tiempo. Como si un volcán estuviera a punto de hacer erupción y la lava ardiente fuera arrasarlo todo a su paso. Yo tenía 14 años y una educación esmerada y moralista. Esa noche no pude más y un estremecimiento recorrió cada centímetro de mi cuerpo. Yo descendía vertiginosamente como en la montaña rusa sin tocar el suelo. La explosión y el impacto fueron brutales.
Desperté y sentí un líquido espeso y pegajoso que inundaba mis sabanas, mi cama, absolutamente todo. Sabía perfectamente lo que sucedía. Había tenido mi primera eyaculación.
Qué infeliz me siento entre estas rejas que me aprisionan. Mis carceleros me traen de comer siempre la misma ración. La misma rutina, la misma soledad que amenazan con asfixiarme. A veces ni siquiera me dirigen la palabra. Otras, son excesivamente amables conmigo y hasta tratan de acariciarme. Yo, recibo temeroso esas muestras de cariño.
He perdido la noción del tiempo y creo que también la cordura. Intento tranquilizarme caminando de un lado para otro;o platico yo solito. Si cuando menos tuviera una novia con quien platicar soportaría este encierro. Siempre estoy completamente solo.
Recuerdo cuando me arrancaron de los brazos de mi madre. Me trajeron prisionero siendo muy pequeño. Yo dormía con mis hermanitos y ella nos acariciaba. De pronto, sentí unas tenazas que me sujetaban por la cintura. Todos comenzamos a gritar y mi madre lloraba y suplicaba. De nada valieron sus ruegos, nos separaron y me llevaron a un cuarto oscuro. No volví a saber más de mi familia.
Yo no comprendía lo que ocurría. Sigo sin entender porqué el genero humano es tan perverso y deshumanizado. Por qué abusan de su fuerza y poderío. Allá, en mi hábitat, nosotros convivimos con todas las especies. Hay una permanente comunión entre las flores, las aves, y los ríos. Tenemos suficiente comida en un valle verde y lleno de armonía. Y cuando sale el sol nos alegramos, y cuando llueve retozamos juguetones. Pensar que nunca seré libre me dan ganas de morir. Cuando hablo nadie me escucha, o solo se ríen de mí. Mi nombre es Crispín. ¿Les parece feo el nombre? Ese me pusieron al llegar aquí. Todos mis carceleros lucen diferentes uniformes, pero yo solo tengo un traje verde. Afirman que verde es el color de la esperanza, pero ya no les creo nada.
Esta cárcel es para volver loco a cualquiera y tiene reglas muy especiales. Todos pueden entrar y salir de sus celdas, todos menos yo. Pueden trabajar, tomar el sol, hacer deporte. Hasta pueden salir a pasear.
Mis carceleros son dos: Brígida, y Claudio, y tienen dos hijos pequeños. Hacen vida marital en una celda sin importarles que yo los vea. Que envidia siento cuando los veo salir con una cara de satisfacción. Luego se sientan a cenar o ver la Tv. Ellos son mis compañeros de prisión. Nada más que sus celdas son más grandes. Varias veces los he observado cuando están en plena faena amorosa. Entonces desquito mi frustración y grito indignado--: !Brígida puta! ¡Brígida puta!
Ella, me contesta furiosa:
--¡Cállate Crispín cabrón! ¡Te quedarás sin cenar! Más tarde llegan de la escuela sus pequeños hijos, Katia, y Flavio. Se sientan a ver Tv, comen, y luego hacen su tarea. Ese aparato les ha robado su libertad. En la noche se bañan, cenan, y otra vez ven televisión. Sus papás casi nunca platican con ellos. Varias veces los he visto llorar en silencio.
Un día le pregunté a Flavio--:¿Qué se siente salir a la calle y caminar? Contestó: "Nos sentimos regocijados un ratito". Enseguida pregunté a Katia--:¿Y qué se siente ir a la escuela y ser libre? Me dijo: "¡Un fastidio aprender cosas que te desagradan! Materias que no van conmigo". Argumenté--: Pero yo quisiera aprender como ustedes. Trabajar, estudiar, salir al parque.
--No, Crispín, de veras -observó Flavio- nosotros quisiéramos jugar, pasar más tiempo en casa. La calle es dura y la realidad más cruel. Dichoso tú que no te dejan hacer nada. Nada más comes y observas.
--¡Pero ya no quiero vivir encerrado! Me siento tan infeliz. Quiero ser tan libre como ustedes. !Por favor ayúdenme a escapar!
Katia, me miró detenidamente y observó:
-Crispín, te aconsejo no pidas eso a mis papás, no te escucharán. Veremos qué puedo hacer por ti.
Quedé triste y desesperanzado. Todos los moradores de este hogar son prisioneros de sus defectos. Brígida, es envidiosa y lujuriosa, y Claudio odia a las personas que tienen dinero. Dice que las matará para quedarse con su fortuna. Su corazón está lleno de odio.
Recuerdo cuando me capturaron en el bosque. Inmediatamente me pusieron a la venta en una plaza pública. Yo trataba de esconderme para que no me descubrieran los ojos perspicaces de los clientes. Pero hasta ahí llegaban señoras y niños preguntando:"¿Cuánto cuesta esta preciosidad?" Mi carcelero contestó-: 500 pesos, pero le puedo hacer una "rebajita". Escuché a una niña gritar entusiasmada. Era la pequeña Katia: -¡Mamá, mamá, cómprame ese periquito!
La niña me cayó bien y pensé que sería muy afortunado viviendo a su lado. Pero cuando me encerraron en esta jaula supe que ya no sería feliz. Nunca más regresaría al campo ni vería a mis hermanitos. He pensado en suicidarme por inanición. Katia me prometió hace poco:
-¿Sabes Críspin? He pensado detenidamente en lo que me pediste. Yo te puedo ayudar a ser libre si guardamos el secreto. Te tengo mucho cariño y me dolería que te fueras para siempre. No volver a verte nunca más sería muy triste. Katia, lloraba cuando me imploró--: ¿Si te ayudo a escapar me prometes venir a visitarme algún día?
-Yo también te quiero -contesté llorando- pero comprende que aquí soy desdichado. Extraño mucho la alegría del campo. Prometo venir a visitarte todas las mañanas.
Katia, al oír eso, no pudo más y abrió la jaula. Yo volé a la pradera más cercana. Que delicia aspirar el perfume de la libertad. Ahora vuelo cada amanecer frente a su ventana. Ella, me saluda con la mano en alto y una sonrisa.
José de Cádiz Sobre la carretera nacional, México-Veracruz, a la altura del pueblo de Perote, dos jóvenes caminan presurosos con sendas mochilas al hombro. Son las 6 de la tarde y en su rostro hay desesperanza y cansancio. Ellos no han podido conseguir un "aventón", desde su partida del puerto de Veracruz, que los traslade a la Cd. de México.
El calor es sofocante y el sudor les moja el rostro. Son Gibrán, y Leonel, de 17 y 19 años, respectivamente. Decidieron venir a pasar sus vacaciones al puerto jarocho, y se han quedado sin dinero, teniendo que rematar sus escasas pertenencias de viaje.
Empieza a oscurecer y el pintoresco pueblo de Perote, con sus restaurantes al aire libre, ha disminuido sus actividades. Los jóvenes ven con tristeza que ya se hizo de noche sin poder avanzar gran cosa en el trayecto. Sin poder encontrar un conductor generoso que, venciendo sus temores, decida darles un "raid". Las luces del poblado se encienden poco a poco. A distancia los muchachos se detienen desconcertados y temerosos. La luna se asoma medrosa entre los cerros y la noche se hace cada vez más lenta y pesada. A lo lejos observan un letrero luminoso: "Restaurante las gaviotas".
Instintivamente, echan mano a su bolsillo y todo lo que encuentran de capital son 7 pesos. Imposible comprar con ese dinero. Gibrán, comenta a Leonel que aún les quedan unas gafas para el sol, podrían rematarlas con los dueños del restaurante. El lugar se antoja agradable y acogedor. Se acercan cautelosos al modesto restaurante. En encuentran a un señor regordete que los saluda con firmeza y rigor. --Buenas noches, ¿qué desean? --Vera Usted -explica Leonel-, nosotros vamos a la Cd. de México, venimos de vacaciones y nos quedamos sin dinero. Tenemos hambre y solo tenemos 7 pesos y unas gafas para el sol. ¿Podríamos intercambiarlas por alimentos?
--¡Están bien padres! -interrumpió Gibrán-, con la ilusión característica de su juventud tratando de convencer al hombre a hacer una transacción. El tipo los miró reprobatoriamente y les dijo: --No me interesan sus gafas, y he de ser franco muchachos, son ustedes unos perfectos irresponsables que confían demasiado en su suerte. Ahora, retírense por favor. Por compadecido ya me han pasado incidentes. Los muchachos dieron media vuelta y se alejaron. Habían caminado unos metros cuando escucharon la voz del viejo a sus espaldas: --¡Esperen muchachos! Disculpen mi brusquedad, últimamente he andado mal de los nervios. Tengo algo para ustedes. Ahora vuelvo. El tipo regresó trayendo consigo pan, jamón, tocino ahumado, refrescos. Con una nueva actitud les dijo: --Llévense estos víveres, sobre la carretera hay una casa abandonada, ahí podrán comer y descansar. No se preocupen, nadie los molestará, porque los lugareños le temen a esa casa. Puras supercherías de gente ignorante. Quiero creer que son ustedes muy valientes, de otra manera no andarían viajando de "raid". ¡Adelante jóvenes y buena suerte! Ilusionados, con los víveres bajo el brazo, y sin hacer caso a los comentarios de aquel hombre los jóvenes se encaminan al lugar indicado. A medida que se acercan sienten una mezcla de curiosidad y nerviosismo. La vieja casona es más grande de lo que pensaban. De cerca, dada la oscuridad de la noche, presenta un aspecto fantasmagórico. Su imagen contrasta con la quietud de la luna. De formidable estilo barroco parece una hacienda antigua. La luna dibuja la silueta de casa, los árboles, y los muchachos a la perfección imprimiéndoles vida y movimiento.
Después de pensarlo un poco se introducen lentamente a la inhabitada casona. En silencio, temerosos de encontrar algo inusitado atraviesan lo que parece fue un jardín con árboles secos. Tres estatuas rodean la otrora quizá hermosa fuente. Las pétreas figuras de mármol bajo la luz de la luna parecen sonreír nerviosas. Enfrente un molino de viento lleno de maleza. Los muchachos se detienen a cada momento y tratan de ubicarse en medio de la oscuridad. Las paredes y el techo semi destruidos hacen que se respire un aire extraño. No se escucha ruido, ni un grillo, absolutamente nada. Eligen una largo pasadizo que conduce a una recámara cerrada. Unas desvencijadas paredes y una puerta enorme. Ésta rechina al abrirse.
Una desbandada de murciélagos les da la bienvenida. Los pequeños vampiros se dispersan con estrépito por los altos ventanales. Su chillido es agudo y penetrante. Por un momento sienten la tentación de salir corriendo pero su deseo de descansar es más fuerte. En silencio, devoran aquellos víveres. Después de un día sin comer les parece un manjar digno de Dioses. Gibrán, después de alimentarse se atreve a romper aquella quietud casi sepulcral. --Después de todo se portó buena onda el viejo, ¿no crees, Leo? --¡Que si no! Nos dio alimentos para comer una semana. --Solo me preocupa una cosa -agrega Gibrán- en todo el día no hemos podido conseguir un "raid". Traemos muy mala suerte. ¿Crees que mañana tengamos un mejor día? --No lo sé -dice Lenonel- pero tenemos que continuar. ¿A qué se referiría el viejo al decir que hay chismorreo acerca de esta casa? Grbrán, contesta con firmeza y seguridad: --Lo que pasa es que de las casas viejas y abandonadas se dice que están embrujadas. Pura supertición de la gente, el viejo fue muy claro. -Tienes razón, eso debe ser. Tratemos de descansar, mañana será un día ajetreado. Los muchachos se acomodan en el piso sirviéndole las mochilas de cabecera. Bromean un poco con la malicia de su juventud. En menos de quince minutos Gibrán se queda profundamente dormido. No así Leonel que aunque cansado se siente nervioso y no puede conciliar el sueño. El chillido de una rata lo sobresalta. Se revuelve de un lado a otro presa de una extraña inquietud. Levanta la cabeza y por una rendija observa las estatuas, que en el patio, y con la luna en plenilunio, parecen acechar todos sus movimientos.
Su miedo aumenta a medida que pasa el tiempo y comprobar que aquella quietud semeja un camposanto. Para colmo un malestar estomacal empieza a hacer presión. La necesidad de ir al baño se vuelve cada vez más apremiante. Se mueve inquieto tratando de contenerse. Pero las estatuas y las ratas lo intimidan. ¡Maldita sea! -piensa Leonel para sus adentros. Como si sus palabras tuvieran un efecto mágico escucha a lo lejos unos pasos que se acercan vacilantes. De manera sigilosa se acercan cada vez más. Leonel, se hace a la idea de estar soñando, o imaginando quizá. Duda, entre ir al baño, despertar a Gibrán, o aguantar aquella imperiosa digestión. Se recuesta de costado tratando de serenarse contando hasta mil. La presión va cediendo poco a poco. A punto está de quedarse dormido cuando unos leves toquidos en la puerta lo sobresaltan. Todo vuelve a quedar en silencio. Leonel, expectante, aguza los oídos. Los toquidos se reanudan esta vez con mayor fuerza. Se detienen bruscamente, y un aire frío penetra por una de las ventanas. No hay duda, hay alguien detrás de esa puerta. El joven contiene la respiración al comprobar que no están solos. Un estremecimiento lo recorre de pie a cabeza. Por un momento los toquidos se hacen lentos, quedos, insistentes. Se percibe una urgente necesidad de entrar. Leonel siente la tentación de salir corriendo pero tiene las quijadas apretadas y el aliento cortado. Intenta balbucir una palabras sin lograrlo. Desea despertar a Gibrán pero se percata con terror que sus manos no le responden. Los toquidos cesan repentinamente. Leonel respira aliviado y logra moverse. Con premura, sigiloso, intenta despertar a su amigo temeroso de que su voz delate su presencia: --Gibrán, Gibrán, despierta, hay alguien detrás de esa puerta. --¡Eh, qué pasa! ¿Cómo dices? --Que hay alguien detrás de esa puerta. --¿De cuál fumaste? Estás nervioso, trata de dormir. --Te lo juro. Estuvieron tocando largo rato. --¡Vaya, ahora te vas a creer el cuento de los fantasmas! -exclamó Gibrán incorporándose molesto. --Si piensas que estoy drogado, espera y verás. En silencio esperan algunos minutos los muchachos. No escuchan nada pero el lejano ladrido de un perro interrumpe la noche. El canto de un búho les pone los pelos de punta. Los murciélagos irrumpen nuevamente inquietos. De pronto, escuchan unos pasos lentos, cansados, vacilantes. Tan lentos que parecen arrastrar el paso de la eternidad. El ruido de una cadena que cae al piso arrastra con estrépito un objeto. Alguien se acerca de nuevo a la puerta. Instintivamente, Gibrán abraza a Leonel mudos de espanto. Los pasos se acercan cada vez más hasta quedar justo frente a la puerta. Se detienen sigilosamente. Un aire helado envuelve aquel ambiente. Los muchachos sudan frío y respiran con dificultad. Mil imágenes revolotean en su mente. Aquellos malditos toquidos se reanudan. El pánico se apodera de los muchachos y se abrazan en el suelo firmemente entrelazados. Su corazón amenaza con salírseles del pecho. Al extraño visitante le urge comunicarse con ellos. Los jóvenes saben que en cualquier momento entrará aquel ser súbitamente. Quiéranlo o no, créanlo o no, porque se palpa urgido, tenaz, y persistente de entrar en contacto con ellos. De la angustia pasan a la desesperación al imaginar que no saldrán de ahí con vida. Casi de manera mecánica se ponen a rezar deseando que todo sea una cruel pesadilla. Pero no es así: "Padre nuestro, que está en el cielo, santificado sea tu nombre", repiten incesantemente los jóvenes. "Santo ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares", agregan atropelladamente. El tiempo parece detenerse. El estrépito y crujir de la puerta al abrirse los paraliza. La oscuridad se rasgan violentamente y una ráfaga de luz golpea en su cara. El resplandor es como un haz luminoso que cubre toda la habitación y no les permite ver nada más. Nada más. Enloquecidos, escuchan una voz ronca que brota de aquella luminosidad: --¡Eh Muchachos! ¿Son ustedes?¡Caramba ya me retiraba pensando que habían decidido irse a dormir a otro lado! Levántense y andando. Los llevaré a mi casa para que descansen mejor. Los vacacionistas se miran uno al otro confundidos. No aciertan a comprender cómo la generosidad de un hombre pudo hacerlos vivir momentos tan angustiantes. Un hermoso perro danés arrastra una pequeña cadena moviendo su cola. El viejo con paso lento y acento cordial pregunta: --¿Por qué no contestaban muchachos? --Lo que pasa -contesta Gibrán- es que estábamos tan cansados que caímos como fardos. Ud. disculpe, tampoco lo esperábamos. --Mi esposa, me exigió, ve a buscar a esos muchachos, algo malo les puede pasar. No se preocupen, mañana será otro día.