martes, 8 de agosto de 2017

Entrevistando al general Villa





José de Cádiz


"Imaginar es ver lo que no está ahí".  Confucio.


José Doroteo Arango Arámbula, es una figura emblemática de la revolución mexicana de 1910.  El alias de Pancho Villa lo convirtió en un icono del valor y estrategia militar.  De origen humilde nunca tuvo oportunidad de ir a la escuela.  Huérfano de padre tuvo que hacerse cargo de su madre y 4 hermanos.


Cuando su hermana menor fue ultrajada por un hacendado Doroteo lo mató volviéndose un prófugo. Escapa a la Sierra madre donde se une a una gavilla de roba vacas.  Ahí decide cambiarse el nombre para confundir al gobierno: Francisco Villa.  La vida en las montañas es difícil y había que robar.



Convertido en un bandolero que ayudaba a los pobres estalla la revolución mexicana encabezada por Francisco I Madero.  Villa, era una figura muy popular en Chihuahua.  El gobernador, Abrahán Gonzales, lo invita a integrarse a “la bola”. Había llegado el momento de luchar por un ideal, la caída de Porfirio Díaz, con 30 años en la presidencia.


Como general de la División del Norte fue implacable con el enemigo.  En 1913 fue gobernador interino de Chihuahua donde destacó por su sentido humanitario abaratando el costo de la vida.  La gente lo llegó a querer y respetar volviéndolo un ídolo por sus hazañas.  Su carisma indiscutible iba a la par con su valor.




Pancho Villa, no bebía ni fumaba pero tenía 2 maneras de divertirse: El baile y las mujeres.  Cuando llegaba a una población preguntaba: ¿Hay alguna boda por aquí? Obviamente le sobraban invitaciones y muchachas para bailar.   Podía pasar todo el día y la noche bailando con la música de viento.  En algún momento se llevaba sus parejas  a la cama.  Cuando alguna se le resistía, simplemente se casaba con ella.  “Si ellas quieren boda, pues hay que complacerlas”, decía a sus subalternos.



María Conesa, era la famosa cantante de zarzuela de la época.  Pancho Villa tomó la ciudad de México, en 1914,  y la quiso conocer en el Teatro Principal.  Le habían hablado maravillas de “La gatita blanca”, bailaba y cantaba graciosamente.   Tenía la intención de llevársela a la cama.  Al final del show la abordó e invitó a su guarnición. La gatita despues de mirarlo detenidamente no se le resistió, era guapo el tipo y también lo admiraba.  Pancho Villa era una leyenda viviente.  Fueron a comer y la Conesa tuvo que enseñarle a usar cubiertos.  Luego se fueron a dormir a un hotel, bueno, no precisamente.  Se bañaron en una tina con agua perfumada.  Y se saciaron mutuamente.




"El centauro del norte", se casó en 23 ocasiones y tuvo infinidad de amantes.  Numerosos hijos que al final de la contienda se llevó a su hacienda de Canutillo donde les dio estudios y los puso a trabajar.  Nunca vivió con sus esposas más de 2 meses.  La revolución lo reclamaba en los campos de batalla.

“No tengo suficiente educación para ser presidente de México”, dijo al escritor John Reed en una entrevista.  Por supuesto le sobraban méritos y madera de gobernante porque tenía lo que no tienen los presidentes actuales: Amor a la patria, a la democracia, justicia y afán de independencia de EE. UU.




Vamos a tratar de penetrar en la mentalidad del gran revolucionario en una entrevista ficticia para saber lo que opinaría "El centauro" del pasado y presente de esta tierra que lo vio nacer.  Viajaremos a través del tiempo. Lo abordaremos en el limbo de los héroes donde se encuentra. 

Hay un sol maravilloso con un cielo despejado.  Me sorprendo encontrar al caudillo arando la tierra. Detiene su actividad cuando lo saludo y me mira directamente.  Pregunta:

--¿Qué deseas huerco?

--¡Mi general Villa! ¿Tendría inconveniente en platicar un ratito conmigo?

--Para nada, mi hijo, estoy para servirte.  Pero, vayámonos a sentar junto a ese árbol. El sol está que arde y Ud. no está requemado. 

Nos sentamos cómodamente en el verde pasto.  Observo su complexión robusta.  Una sonrisa de blancos dientes enmarca su rostro franco.  Sus manos son grandes y las piernas bien proporcionadas.  Su pantalón raído no puede ocultar un par de grandes testículos.  Recordé las palabras de José Vasconcelos: “Pancho Villa es el hombre más valiente de la tierra”.  ¿Qué relación guardan los genitales y el temperamento? Me pregunto.

--Y bien, mi general,  Ud. lucho contra la tiranía de Porfirio Díaz siendo un forajido.  ¿Cómo es qué se integró a la revolución?

--¡Caramba! ¿Por dónde empiezo?...  nunca fui a la escuela por ser pobre.  Mi padre murió y quedé a cargo de mis hermanitos.  Me convertí en prófugo de la justicia cuando abusaron de mi hermana y anduve a salto de mata en las montañas de Durango.  Ahí conocí a una gavilla de asaltantes. Yo era un adolescente, y un día participé en una redada de caballos.  Con el dinero ganado fui a ver a mi madre.  Para mi sorpresa no quiso recibirme el dinero.  Mi madrecita presentía que yo andaba en malos pasos.

--Cuentan que antes Ud. fue un pequeño comerciante que andaba de pueblo en pueblo en Durango.

--Sí, es verdad, pedía fiado en una tienda de San Juan del río y me iba a vender azúcar, sal, velas,  harina, etc.  También vendía leña con mis hermanitos.  La vida del pobre es dura.

--¿Quién lo integró a la revolución?

--Yo tenía contactos en Chihuahua con diversos comerciantes.  Proliferaban los grupos anti reeleccionistas en contra del porfiriato.  Yo era muy popular y hasta me compusieron corridos.  Dejé la gavilla de roba vacas y me levanté en armas con 2 mil hombres.   En poco tiempo le partimos su madre a Porfirio Díaz.




--Oiga, pero Madero cuando ganó la presidencia no cumplió con el Plan de San Luis que prometía a los campesinos la devolución de sus tierras.  ¿Se retractó don Pancho Madero?

--Tenía temor de una contra revolución de los conservadores.  Empresarios y hacendados estaban furiosos contra él.   Panchito, navegaba entre dos fuegos:  Por un lado la aristocracia porfirista suspirando antiguos privilegios, y por el otro zapatistas exigiendo tierras.
--¿No será que Madero se sentía más identificado con la oligarquía financiera a la que el mismo pertenecía?  Nunca fue pobre y su familia eran hacendados.  Inclusive, los generales Emiliano Zapata, y Pascual Orozco, lo acusaron de traidor.  Sólo Ud. le fue fiel toda la vida.

--Panchito era un pacifista y andaba metido en un grupo espiritista.  Ahí se comunicaba con los difuntos. Estaba en contra de matar gente.  Pero las revoluciones no se hacen con "apapachos".  Una revolución que transige es una revolución perdida.

--Y para colmo nombró jefe del ejército a un militar abiertamente porfirista como Victoriano Huerta. Pronto lo traicionó en “La decena trágica”.  ¿Cómo pudo confiar Madero en un incondicional de Porfirio Díaz?

--¡Se pasó de pendejo Panchito!  Le había sugerido que eliminara a todos sus oponentes y no lo quiso hacer.  Peor aún, a mí me puso bajo las órdenes de Huerta.  Este cabrón me enemistó con Pascual Orosco, y Emiliano Zapata.  Madero confiaba ciegamente en él.

--¿No será que Francisco I Madero coqueteaba con la aristocracia porfiriana?  No quería un verdadero cambio y sólo leves reformas.  Le costaba renunciar a sus privilegios de hombre rico.

--Fíjate que no había pensado en eso, pero tienes razón, eso pudo ser.  En tal caso le costó la presidencia y la vida.

--¿Qué papel jugó EE.UU en la traición a Francisco I. Madero?

Pancho Villa se encoleriza y contesta:

--¡Esos hijos de puta fueron los causantes de su caída!  En la embajada gringa se fraguó todo el plan.  El presidente Woodrow Wilson ordenó a Heny Lane Wilson que se aliara con Félix Díaz y Victoriano Huerta para eliminar a Panchito.  Estaban furiosos porque le había aumentado 2 centavos al barril de petróleo.

--¡Ah Caray!  ¿O sea que el petróleo ya era el gran negocio?  Por cierto las refinerías estaban en manos gringas. ¿Podríamos decir que los norteamericanos torcieron el camino de nuestra revolución?

--Totalmente, abortaron nuestra democracia.  Nuestra lucha libertaria fue interrumpida por ellos.  Tenemos la desgracia de ser vecinos de USA.  En 1848 nos despojaron de la mitad de nuestro territorio en una guerra alevosa e injusta.




--¿A la caída de Victoriano Huerta también apoyaron a Venustiano Carranza?

--Solo mientras les convenía. Al presidente Carranza se le ocurrió traer capital inglés y alemán y entonces lo mandaron fusilar.   Para ellos utilizaron a 2 traidores generales mexicanos: Álvaro Obregón, y Plutarco Elías Calles, que eran agentes encubiertos de la CÍA. 

--¡Agentes encubiertos de la CÍA!  ¡Qué barbaridad! ¿O sea que este par de rufianes estaban al servicio de La casa blanca?

--Como lo estás oyendo.  Cuando ataqué Columbus en EE.UU  y expulsé a los gringos de Chihuahua se convirtieron en mis peores enemigos.  Entonces el presidente Wilson mandó al general J. Pershing para capturarme vivo o muerto.  ¡Pero conmigo se la pelaron y logré escapar!

--¿A Emiliano Zapata quién lo mandó asesinar?

--Los mismitos Álvaro Obregón y Plutarco Elías calles.  Decidieron exterminar a balazos su demanda de “Tierra y Libertad”.  Le tendieron una trampa con Jesús N. Guajardo en Chinameca.  Luego se autonombraron “herederos de la revolución”.  ¡Cuánta infamia hay en mi patria!

--Cuando Ud. tomó la Cd. De México en 1914 tomó prisionero y condenó a muerte a Álvaro Obregón pero luego  lo indultó.  No obstante, Obregón lo derrotó más tarde en Celaya, Guanajuato.  Qué triste paradoja del perdón, ¿no le parece?



--¡Me cuesta un huevo aceptarlo!... pero así es.  ¡Me arrepiento de no haber matado a ese manco desgraciado!  Mi esposa Luz Corral me dijo que no era conveniente eliminarlo.  Hubo cartas de protesta en los periódicos.  ¡Qué caro pagué mi error!

--En 1920, Ud. depuso las armas en  el Convenio de Sabinas, Coah, con el presidente Adolfo de la huerta y se dedicó a trabajar en su hacienda de Canutillo.  ¿Quién lo mandó matar posteriormente en Parral, Chihuahua?

--Fue otro acuerdo entre Obregón, y Calles,  con empresarios norteamericanos.  Temían que me levantara en armas nuevamente.   Trabajaba yo tranquilamente en el campo con mis muchachos. Repartí tierras y fundamos varias escuelas.  Me emboscaron y terminaron con mi proyecto.



--¿Es verdad que Plutarco Elías Calles fue el artífice del gran fraude contra José Vasconcelos, en 1929?

--¡Por supuesto pero la historia oficial miente!  Calles, fundó el PNR llamado más tarde PRI.  Vasconcelos, arrasó como candidato presidencial apoyándolo ¡Todo el pueblo en general!  Elías Calles masacró a sus simpatizantes en mítines y alteró resultados en las urnas.  Lo triste es que el PRI durante 90 años gobernó a México con sucesivos fraudes.
--¿Qué podemos hacer para frenar el imperialismo norteamericano?

--Mira, esos cabrones han avasallado a todos los países.  Los mexicanos deben aliarse y hacer negocios con Rusia, China, Polonia, Cuba, Iraq, Corea del Norte, y todos los enemigos de USA. Los gigantes también tienen puntos vulnerables.  Un país enajenado por las drogas no puede seguir siendo una potencia.

--Por lo visto Ud. está al tanto de todo lo que acontece en México.  ¿Se puede observar todo desde la V dimensión o eternidad?

--Por supuesto,  ¿acaso no estás platicando conmigo? Me desespero no poder regresar a mi patria para ajustarle cuentas a esos traidores que vendieron a mi patria. Empezaría por Vicente Fox, Felipe Calderón, y Peña Nieto.

---Es verdad que EE.UU despojó a México de la mitad de su territorio.  Pero dice Donal Trump que los mexicanos los estamos invadiendo.  Detesta a los inmigrantes y les ha declarado la guerra.



--¡Pero si los invasores son esos gringos hijos de puta!  Los mexicanos están en su propia tierra en California, Texas, y Nuevo México.  Se apropiaron de nuestro petróleo gracias a miserables como Vicente Fox, Felipe Calderón, y Enrique Peña Nieto.

¿Qué haría Pancho Villa si tuviera en sus manos a esos 3 ex presidentes?

Con semblante endurecido “El centauro” responde:

--Colgaría de los huevos a Vicente Fox y lo exhibiría en el árbol más alto de Chapultepec.   A Carlos Salinas de Gortari lo lanzaría atado al mar desde un avión.   A Felipe Calderón, y Enrique Peña Nieto, los quemaría vivos en el zócalo de la capital.  No me explico por qué siguen tan campantes.   ¿Cuándo nacerá otro revolucionario como yo?  Pero de la justicia divina no podrán escapar.

--¿No me diga que Ud. cree en Dios general Villa?



--¿Y por qué no había de creer en Dios?  El que haya tomado las armas para luchar por la democracia no me convirtió en ateo.  Mi madrecita me dio una formación cristiana e ibamos a misa los domingos. 

--Sr. Päncho Villa, ¿por qué se enemistó con los generales Pascual Orozco, y Emiliano Zapata?

--Porque ellos dejaron de apoyar a Madero cuando les negó las tierras.  Yo le tenía mucha fe a Panchito y preferí esperar un poco.

--Pero Ud. luchó contra Pascual Orozco, inclusive lo derrotó en Fresnillo, Zacatecas.  ¿Por qué si defendían la misma causa?

--Porque Victoriano Huerta me lo ordenó.  Me percaté de la trastada y lo mandé a la chingada.  Me rebelé contra Huerta y me mandó fusilar.  Gustavo Madero me indultó enviándome a la prisión de Lecumberri.  Luego me cambiaron a la de Tlatelolco de donde me escapé.



--Muchos pensamos que el fracaso de la revolución se debió la división de sus generales.  Los mexicanos tienden tendencia al divisionismo.  Así ha sido desde que Hernán Cortés nos venció aliado con tlaxcaltecas y zapotecas.  Ahora mismo los partidos están completamente divididos. Los enemigos de la revolución dijeron: “Divídelos y vencerás”.  ¿Si se hubieran mantenido unidos los hubieran derrotado?

--Pues creo que no pero en ese tiempo no lo comprendimos. Pero es demasiado tarde para remediar la situación.  Tome en cuenta que los caudillos éramos iletrados.  Sólo contábamos con ideas libertarias y un gran corazón.

--Los grandes guerreros bíblicos ganaban sus batallas con la oración y la fe.  Moisés, Josué, David, Salomón, confiaban ciegamente en Dios quien los liberó de calamidades y enemigos.  ¿No les faltó a ustedes la fortaleza de la fe?

--Puede que tengas razón.  Lástima que en aquel momento nadie nos habló de eso.  Yo aprendí a leer y escribir en la cárcel de Tlatelolco. Mis hombres y yo jamás leíamos la Biblia.  Supongo que los demás generales tampoco. 

--¿En la Convención de Aguas Calientes, de 1917,  no llegaron a ningún acuerdo sobre el curso de la revolución?




--Pues sí, pero Obregón no estuvo de acuerdo con la destitución del presidente Carranza.  Trasladaron la presidencia a Veracruz y desde ahí nos atacaron.  Este manco que llegó a ser presidente me derrotó con armamento moderno traído de EE. UU.  Utilizaron maquinaria blindada, poderoso armamento,  y hasta aeroplanos.  Zapata, y Orozco, luchaban por separado.

--¡Oiga, aprovechando esta entrevista! Me gustaría que nos hablara de su romance con Maria Conesa, alias “la gatita blanca”.  Era la más famosa tiple en aquel momento.  ¿Qué tal se portó en la cama?

--¡Jajaja! ¡Qué huerco tan atrevido!  Mira,  yo prefiero a mis prietitas de carnes macizas.  María Conesa, era simpática, chula y platicadora.  Me invitó a comer a un lujoso restaurante y me enseñó a comer con cubiertos.  Brindamos  “por el placer de conocernos”.  Más tarde nos fuimos en su auto a dormir a su casa.  ¡Pero estaba muy usada “la gatita blanca”!



--¿Qué prefería Ud. como revolucionario, el baile o una belleza en su cama?

Por primera vez el ceantauro se sonrojó y me dijo:

--¡Caramba amiguito!, por lo visto pretende desnudar toda mi intimidad, pero le contestaré.  Si me hubieran dado a escoger prefería echarme 5 coitos en una noche con alguna de mis mujeres.

--¿Tanto así mi General?

--Pregúntale a cualquiera de mis esposas. Ellas darán fe de mi.




--Bueno, pasando a otro tema, me dijeron qué quiso ser estrella de Hollywood.  Que lo convencieron para filmar sus batallas y exhibirlas en todas partes.  ¿Es verdad eso?

--¡Caray pues me pagaron muy bien!  Filmamos dos o tres documentales que fueron exhibidos en Nueva York y otras partes del mundo. Después los productores se olvidaron de mí.  Habíamos perdido la revolución.

--Un placer compartir con Ud. general Villa.

--El gusto es mío y hacía mucho que no me hacían entrevistas.  John Reed y Mariano Azuela me entrevistaban frecuentemente. Por favor dígale a México lindo que siga luchando.  Pronto vendrá un cambio.  Por primera vez hay una auténtica democracia.  México está llamado a ser una gran potencia.

El “centauro” se paró y me dio un abrazo tan fuerte que casi me corta la respiración.  Enseguida me invitó a beber un jarro de agua fría.  Su aspecto noble y rudo denota al auténtico revolucionario.  Me despedí y emprendí  el camino de regreso a mi patria sumido en profundas reflexiones.









EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN



Cap. XII

Una violación marcó su vida 

José de Cádiz



Marilyn insistió en conocer mi departamento. La llevé y escuchamos música. Le pedí que bailáramos desnudos y nuestros sentidos se dispararon. Me enervaron sus caderas blancas y tersas como alabastro. Nada hay más excitante que contemplar un par de montañas a nuestra entera disposición. 


Le sugerí que se recostara boca abajo y obedeció mi petición sin decir palabra. Estrujé y besé sus encantos con lascivia. Recargué mi cuerpo en el suyo y gimió de placer. Deslicé mis manos por su cintura mordiendo ligeramente el lóbulo de sus orejas. Acaricié en círculos sus pezones bien erectos. 








Sus mejillas encendidas denotaban intensa voluptuosidad.  Se volteó de súbito y me rodeo la cintura con sus piernas. Sus manos ansiosas hurgaron cada parte de mi cuerpo. Friccionó mi pene con delicadeza como si temiera hacerle daño.  No supe cuánto tiempo transcurrió pero me sumergí en un mar de sensaciones indescriptibles. Cada molécula de nuestros cuerpos vibraba como cables de alta tensión.




La excitación y el sudor nos mojó completamente. Me dolían los testículos y apunté mi miembro a su vulva en una penetración lenta y profunda. Marilyn arqueaba su cuerpo en cada orgasmo para posteriormente adoptar la posición más salvaje y primitiva. Una hembra extremadamente erótica con un varón insaciable. Me propuse prolongar el placer tanto como fuera posible.

Quedamos exhaustos y completamente relajados hasta la una de la mañana.  Me dormí profundamente y desperté con una erección más violenta.  Palpé en la oscuridad el cuerpo tibio de una mujer.  Recordé que tenía como huésped a una diva. Ignoraba si ella estaría dispuesta a continuar la sesión. No me atreví a despertarla. Tomé un baño de agua fría y me volví a dormir.

El placer y sufrimiento son extremos que se tocan. La eterna dualidad de la cual pretendemos escapar.  Aquella madrugada viviría una de las experiencias más desconcertantes de mi vida. En lo profundo del sueño la rubia empezó a gritar:

--¡No, no, por favor! ¡Déjeme! ¡Se lo suplico! –se quejaba visiblemente consternada.

Me turbé sin saber qué hacer. Sólo se me ocurrió despertarla y la sacudí vigorosamente.  Deseaba que mis palabras la tranquilizaran pero no fue así.  Ella gritaba con más fuerza aún:

--¡No, no, por favor! ¡Déjeme, soy una niña! ¡Soy una niña!

Abrió los ojos aterrorizada como a punto de ser lanzada a un precipicio. Intuí que se trataba de un shock y recordé su consternación pasada.  Nunca pensé que las secuelas de un trauma fueran tan terribles. Sin duda estaba reviviendo aquel instante.  Mil ideas se agolpaban en mi mente. Expresé con serenidad tratando de parecer natural:

--Por favor, corazón, tranquilízate. Nadie te hará daño aquí.  Todo fue una pesadilla.  

Se revolvió dolorosamente en la cama. La abracé y besé con gran ternura. Mis palabras la tranquilizaron un poco pero continuaba llorando. Se abrazaba a mi cintura temblorosa. Deslicé suavemente mis dedos en sus cabellos. 

¿Era el motivo de sus fracasos matrimoniales? ¿Una violación que la había marcado para siempre? Lamentablemente sus parejas no entendieron su postración.  Fue demasiado el daño para alojarse en su subconsciente todo el tiempo. Los seres humanos reaccionamos al dolor de diferente manera. Una niña es particularmente sensible y su psiquis se alteró diametralmente.





Había leído lo suficiente para saber que un trauma se cura reviviendo el impacto provocado.  ¿Estaría la bella dispuesta a contarme su experiencia? Estuvimos largo rato sin hablar cobijados con las primeras luces del alba. Es tan hermoso un amanecer con la mujer deseada.

En el lecho se comparten emociones y sentimientos sin ser la fuente de la felicidad más plena.  Ésta se encuentra en una dimensión superior a los sentidos. Le pregunté con mucho tacto:

 --Norma, ¿qué sucedió realmente en tu infancia?

Guardó silencio y cerró los ojos apesadumbrada. Negó con la cabeza. 

--Si gustas podemos hablar otro día.  Trata de descansar. Mientras prepararé el desayuno. 

--¡No por favor no te vayas! Tengo miedo. Trataré de recordar todo si lo crees necesario pero no me dejes sola. En mi mente hay imágenes borrosas como en una película cortada.

La alenté con gran ternura:

--Dicen que el alma descansa cuando se comparten sufrimientos.

Después de varios minutos decidió hablar:

--Tenía nueve años cuando sucedió todo.  Yo vivía con un matrimonio maduro y nunca me atreví a hablar de ello con nadie.  Ni siquiera con mi madre que vivía. Tenía miedo que no me creyeran o me consideraran loca.

 Respiró profundamente y continuó:

El señor se mostraba cariñoso todo el tiempo. Yo lo veía como un padre y cifraba en él todo mi cariño. Su esposa era buena y me daba de comer antes de irme a la escuela.  Una noche la señora tuvo que ausentarse para visitar a unos parientes en en las afueras de Los Ángeles. Desgraciadamente, no regresó hasta otro día. Situación que aprovechó su marido para…

Un nudo en la garganta cortó su voz. Parecía atravesar el túnel del tiempo como densos nubarrones. Sobrecogida de angustia prosiguió:

--Yo presentía que algo iba a ocurrir.  Supliqué a la señora me llevara con ella pero se negó rotundamente afirmando que no era necesario. Guardé silencio resignándome a mi suerte. ¡Cómo puede haber tanta crueldad en un hombre! –Marilyn sollozaba incontenible.

Dejé que se desahogara y agregó:


--Esa noche estando inquieta cerré la puerta de mi cuarto pero había una ventana muy alta.  Los niños podemos presentir el peligro en cualquier situación. En la madrugada sentí que alguien me tocaba --Marilyn se agitó de nuevo bruscamente.

Intenté postergar su narración pero era demasiado tarde. Sin querer había abierto un dique que la arrastraba despiadadamente al pasado. Su sinceridad me conmovió más:




--Cuando sentí sus manos en mi vientre grité con todas mis fuerzas. Me abrazó de la cintura por detrás inmovilizándome por completo.  Le supliqué que no lo hiciera pero se mostró más violento golpeándome sin misericordia. Comprendí que ese hombre no era mi padre sino una bestia feroz dominada por el deseo.  Yo trataba de evitar la penetración pero él parecía excitarse más con mi resistencia:

--¡No, no, por favor! ¡Se lo suplico! ¡Soy una niña! ¡Soy una niña! Sentí como si la zarpa de un tigre me desgarrara por dentro.

La diva se arrinconó en la cama cubriéndose la cara con las manos. Ahí lloró incontenible durante más de una hora. La acaricié tratando de hacer menos dolorosos sus recuerdos. Pude ver todo como en una pantalla del tiempo.  Luego se durmió profundamente adoptando la posición de un feto. Quizá remontándose al vientre materno donde nadie pudiera hacerle daño.  Donde sólo su madre la arrullara cantándole una canción de cuna.

Me levanté con gran sigilo a preparar el desayuno. Todo había resultado emocionalmente agotador. El sol se filtró por una ventana pero no me preocupaba estando con ella. Desde lo alto observé que cinco policías vigilaban el edificio. Preparé café, jugo de naranja, hot cakes. Aguardé pacientemente.

Después de 2 horas la actriz seguía dormida.  Pedí a Dios que despertara con un nuevo semblante. Que terminara ahí su sufrimiento. El cielo debía brindarle toda posibilidad de ser feliz. Despertó y me saludó con una chispa de cordura y sobriedad:

--Hola, cariño, me apena mucho lo sucedido. ¿Te asusté demasiado con mis gritos?

--No, preciosa, para nada. Como policía estoy acostumbrado a los imprevistos.

Se levantó, tomó una toalla y se dirigió al baño. Salió de la regadera y sirvió dos cafés. Parecía dispuesta a continuar conversando pero ahora desde otro ángulo:




--Si piensas que ya lo sabes todo de mí estás equivocado.  Posteriormente vinieron cosas más terribles.  Nunca volví a ser la misma.

 Yo la escuchaba sin parpadear:   

--Soy una mujer insatisfecha todo el tiempo. Ni el sexo, ni el dinero, ni la fama llenan este vacío interior. Nada en la vida me hace feliz

Sonrió con amargura y añadió:

--A partir de esa noche tuve una gran necesidad de tocarme.  Sintiéndome posteriormente muy sucia porque mi educación católica me inculcaba otra cosa. Terminaba llorando.

--Marilyn, ¿cuántas veces te has enamorado?


--Dos veces. De Arthur Miller, y John F. Kennedy.





--¿Tu primer esposo no cuenta?

--Creo que fue una ilusión pasajera. James nunca me perdonó haber posado desnuda. Me abandonó y de pronto me vi sola y desprotegida.


--Afirman que fuiste el gran amor de Joe Dimaggio.





--El amor no se demuestra con golpes. Era demasiado celoso y posesivo, exigía me retirara del cine.  Me pegaba casi a diario. Un día me fui de su casa para siempre. Eso sí, ¡es un toro en la cama! Cuando estoy sola lo llamo.

--Cuéntame tu relación con Arthur Miller.

--Me enamoré de su inteligencia y talento.  Había leído sus libros y buscaba el cariño de un padre.  Deseaba tener un hijo y me embaracé muy pronto.  A los 3 meses perdí a mi bebé. Arthur me acompañó a filmar un película en Londres y allá me abandonó. 

--¿Por qué?

--Bueno... tuve una aventura amorosa con un guionista.

--A ningún marido le gusta una esposa infiel.

--No puedo controlar mis atracciones. Me sentía frustrada por la pérdida de mi bebé.  Creo que los dos nos desilusionamos.


--Supongo que con John Kennedy fuiste inmensamente feliz.







--No voy a negarlo. Tenía línea directa a La casa blanca y lo visitaba con frecuencia. Era tierno y cariñoso. Un día su esposa encontró mis pantaletas en su oficina. Un detective le informó de nuestra relación.  Jaqueline Kennedy me odia encarecidamente. 

--Es lógico, le estabas quitando al marido

--Hoy comprendo la situación.  En aquel momento el amor me cegó.

--Ya veo que el amor es ciego y sordo.

-- Creí morir cuando John ya no contestó mis llamadas y me refugié en las drogas y el licor. Entonces tuve una relación con un capo.

--¿Con un capo? 

--Sí, se llama Sam Giancana.  Frank Sinatra me lo presentó en Las vegas. Ese día nos tomamos unas copas y no supe más de mí.  Giancana odia a los Kennedy y dice que John llegó a la presidencia gracias a sus contactos sindicales. Jura que lo traicionaron y que algún día se vengará.







--¡Qué barbaridad!

 --En mi diario anoto puntualmente estas anécdotas.  Lo dejaré en tu buró por si deseas conocerlas.

Por lo visto la estrella no tenía reservas. El público sabía que escribía un diario y tenerlo a mi disposición era como tener el tesoro de Alí Babá y los cuarenta ladrones. O mejor aún, las memorias de Adolfo Hitler y Eva Braun. Un texto que contenía revelaciones que jamás imaginé. 

sábado, 1 de julio de 2017

EL ROSTRO OCULTO DE MARILYN





Cap. X

Visitando “Puerto Marqués”

José de Cádiz


Cuando Marilyn fue golpeada en su suite por 2 desconocidos tuvimos que reforzar la vigilancia. A otro día la visité esperando encontrarla abatida. Para mi sorpresa estaba frente al tocador arreglándose y pintándose con esmero. Tenía una constitución prodigiosa plena de energía. Apenas se le notaba un ligero moretón en la cara.  Con un hermoso vestido verde se delineaba pausadamente los labios. Le pregunté sorprendido:

--¡Cuánta belleza y glamour! ¿Dónde va estar el “reventón” Marilyn?

Contestó de buen humor:

--Quiero que me lleves a comer al mejor restaurante. No quiero permanecer triste en Acapulco. Vine a recrearme y eso haré justamente.  Se me antoja un coctel de camarones o un pescado a la talla. ¿Puedes sugerirme una buena opción?





--Claro, pero, ¿te sientes bien? Apenas ayer te encontrabas afligida. ¿No te duele nada?

--Absolutamente.

--Me da gusto verte tan animada.

Me miró diciendo:

--He comprendido que la vida es corta y hay que vivirla.  Aprovechar cada minuto de nuestra existencia.  No voy perder más el tiempo en lamentaciones y llantos.

--Muy buena filosofía, conozco un restaurante que te va a encantar.  Pero, antes, iré a cambiarme de ropa a casa.

Contestó bromeando:

--Pero si te ves muy guapo con ese uniforme blanco. Me encanta esa loción varonil que usas. Te prohíbo que te vayas a cambiar.

--Bueno, al menos déjame ducharme en tu baño.

--No me hagas caso, puedes hacer lo que gustes, desde niña he sido bromista.

Me fui a ponerme una ropa adecuada.  Quería parecer un turista y no un gendarme en funciones. En Acapulco hace un calor intenso y el sudor moja la ropa a cada instante. Uno de mis mayores placeres consistía en llegar a casa después del trabajo y quedarme sólo en ropa interior.  Cenar, leer un poco, y luego a dormir.  Presentía que ese día sería muy especial comiendo mariscos al lado de una mujer como Marilyn.
  
Debido al percance anterior solicitamos 5 elementos más para vigilar más eficazmente a la estrella. Ella prefería viajar en taxi en lugar de usar la limusina. Nos dirigimos a una bahía muy concurrida por sus aguas mansas: “Puerto Marqués”, el día era reposado y lleno de sol. La diva estaba ávida por conocer otros atractivos turísticos. Un sombrero de anchas alas la ayudó a pasar desapercibida.

En "Puerto Marqués" hay restaurantes al aire libre y los pescadores ofrecen mariscos frescos todo el tiempo.  Con fama de preparar exquisiteces culinarias y bebidas exóticas. Se pueden disfrutar paseos en lancha o velero. Afortunadamente nadie siguió a Marilyn en esa ocasión.





La mayoría de turistas usan sandalias, bronceador, gafas para el sol y repelente para los mosquitos.  Elegimos un restaurante donde había música viva. Estaba completamente lleno. Pedí la carta y solicité una rica “campechana”. Marilyn escuchó sorprendida el pedido y preguntó:

--¿Qué significa “campechana”, Joe?

--Es un cóctel de pulpo con camarones y otras 5 variedades de pescado.

--¿Me puede traer eso a mí también? –-pidió al camarero.

--Tiene buen gusto señora.

Estaba seguro que en su vida había probado Marilyn la “campechana”. Consciente que quería olvidarse hasta de la comida gringa.  Discretamente vi la cara de angustia que puso al probar la salsa roja conque aderezan ese platillo.  Unas cervezas frías nos sirvieron como aperitivo.

La música tocaba en un ambiente festivo. Los turistas comían y bailaban despreocupados.  Más tarde llegó un trío entonando melodías de antaño. Canciones que despertaron la nostalgia de los presentes. Norma escuchó sorprendida tratando de encontrarle sentido a las letras. Le gustaron mucho, “Piensa en mí”, y “Acapulqueña”.

Posteriormente nos fuimos a recorrer la bahía en un velero alquilado. Resulta emocionante manejar una nave sin timón que puede ser como la vida misma. Sentir la fuerza del aire nos proporciona una sensación de libertad.  Nunca vi a Norma tan relajada y contenta.





El sol daba de lleno en su rostro proporcionándole un bronceado fabuloso. Las mejillas sonrosadas resaltaban sus ojos celestes. La embarcación se abría paso en el océano semejando un caminante desorientado. El aire impetuoso nos bamboleaba y la actriz se aferraba con fuerza a mi espalda. Por fin logré orientar la vela.

Expresó emocionada:

--¡Esto es casi el paraíso! El recuerdo de estos paisajes será mi fortaleza. Es tan bonito sentirse libre.

--Eres tan libre como tú quieras.  A veces la esclavitud la llevamos en la mente.

--De niña soñaba con conocer el mar y nunca tuve oportunidad.  Me hubiera gustado visitar estas playas.






--Ahora ya las conoces y puedes estar satisfecha.  Yo nunca pensé en ser tu amigo y sin embargo he cumplido mi sueño. Siempre hay ilusiones que se cumplen.  Hay que mentalizarnos y no perder nunca la fe.

La bella contestó con un silencio inescrutable.  Sus ojos luminosos miraban el cielo como queriendo descifrar el infinito. La brisa fresca resultaba una caricia para el cuerpo. Comentó:

--Quisiera palpar el horizonte y ver más allá del sol.  Algún día compraré una casita en una playa como esta y volveré al anonimato.

--Por lo visto reniegas de tu fama.

--Reniego de las consecuencias.  

--¿Será que no supiste manejar la popularidad?

--Me faltaba experiencia.  Nunca pude apartar mi vida privada de los reflectores.  La fama debes saber utilizarla o te destruye.

Volvimos a “Puerto Marqués” ya muy tarde.  Mis compañeros nos vigilaban desde tierra con binoculares. Al llegar noté que intercambiaban miradas maliciosas.  Una puesta de sol nos despidió en lontananza.

La estrella pidió un taxi para ir a un exclusivo centro comercial. Ahí compró las más extravagantes prendas: Botas, pelucas, pantalones, pestañas y hasta unos bigotes postizos. Yo la miraba extrañado sin acertar a comprender gustos tan extraños. En el trayecto al hotel le pregunté:

--¿Vas a filmar alguna película?

--No. Estas prendas son para disfrazarme.  Yo me visto con los mejores modistos del mundo. 

--¿Para disfrazarte? No entiendo.

--Los hombres que entraron a golpearme seguramente se encuentran en el puerto. Tengo que aprender a cambiar de identidad cuando sea posible. De lo contrario el peligro me acechará en cada esquina.

Norma Jean era más inteligente de lo que sus fans pensaban. Oscurecía cuando regresamos al hotel y contemplamos las luces de la bahía desde la terraza de su suite.  Aún sentía los rayos del sol ardiendo en mi rostro.  La actriz tenía que hacer llamadas de larga distancia. Pedí permiso para ir a descansar a mi departamento. El teléfono repiqueteó insistente. Era Fabiola quien llamó para decirme:

--Joe, ¿estás ahí? Voy para tu casa en este momento.

--¡Hola corazón! Lamento no poder recibirte. Estoy de guardia y sólo vine a cambiarme. 

-¿Es que ya no tienes días de descanso? Antes me llamabas y no las pasábamos bomba. ¿Qué te pasa, Joe?

--Simplemente tengo exceso de trabajo. Luego te llamo, ¿sigues tomando cursos de baile?

--Sí, pero no me cambies el tema.  Prometimos hablarnos con la verdad, recuérdalo. Te dejo, si estás tan ocupado, ¡chao!

--¡Chao preciosa!

Me quedé sorprendido por el giro de la conversación. Las mujeres de alguna manera intuyen cuando alguien las engaña.  Fabiola no sabía nada de Marilyn y parecía estar al tanto de todo.  Debía contarle toda la verdad y ella sabría comprender.

Me puse una playera, jean, tenis y partí de nuevo al hotel. No sabía si la diva querría ir al cine o conocer otro balneario.  Pero había cambiado de opinión:

--No me apetece ir al cine. Me gustaría visitar el Casino Jai Alai, ¿lo conoces?

--Sí, es un lugar muy exclusivo. Lo frecuentan celebridades, políticos, y niños bien.

Marilyn era tan caprichosa y voluble como una mariposa. Me había dicho claramente que quería ver “Locura de amor”.  Respeté su decisión.

Un taxi se desplazaba velozmente por la Avenida costera. El chofer manejaba con precaución y por la ventanilla observábamos la algarabía de los turistas.  A distancia una patrulla nos vigilaba. De pronto, el taxista comentó alarmado:

--Debo advertirles que alguien nos viene siguiendo. Son tres individuos con gafas. ¿Qué hacemos?

Nos miramos confundidos un momento.  Pero la actriz recuperando el aplomo ordenó al chofer:

--Trate de evadirlos como pueda y llévenos por otra vía al “Casino Jai A lai”.

--Está bien. Lo intentaré.

El conductor maniobró hábilmente durante varios minutos. Por fin logró escabullirse por un callejón solitario y llegamos al concurrido casino. Por fuera lucía imponente y majestuoso. Autos elegantes aparcaban en el estacionamiento. Parejas y grupos descendían sonrientes.

Ahí los turistas apostaban fuerte.  En los años cincuentas y sesentas fue el centro de reunión del Jet Set internacional. Su clientela eran preferentemente actores y empresarios que venían a jugar frontón o boliche.

La “pandilla de Holywood” lo visitaban con frecuencia: John Wayne, Ava Gadner, Jonhy Westmuller, Betty Davis, Douglas Fairbanks, Orson Wells,  Gary Cooper, conformaban ese selecto grupo.  Tanto les gustaba Acapulco que compraron un hotel exclusivamente para ellos: El “Flamingos club”, que aún existe como testigo fiel de esa época esplendorosa.  Marilyn, no era la excepción en su fascinación por el puerto.

En el “Jai a lai” había ruletas y juegos diversos con pelotaris uniformados que hablaban varios idiomas. Guapas edecanes atendían a la clientela en minifalda. También lo frecuentaban luminarias del cine europeo: Silvana Mangano, Gina Lollobrígida, Brigitte Bardot, Sofía Loren, Toni Curtis quienes venían a la "Reseña Mundial de cine". Un festival que cada año se realizaba en el puerto.





Estrellas que aburridas de la farándula se venían a veranear los fines de semana. El aeropuerto internacional Juan Álvarez estaba recién inaugurado y los hoteles de 5 estrellas. En el casino solían coincidir actores mexicanos: Pedro Armendáriz, Dolores del río, Indio Fernández, María Félix, entre otros.

Los años 40s y 50s fue la llamada época de oro del cine mexicano.  Se Filmaron películas premiadas en festivales internacionales.  El puerto celebraba la “reseña mundial” con invitados especiales.  Se presentaba lo mejor de la cinematografía universal. Películas exhibidas en presencia de sus actores.  El museo “Fuerte de San Diego” era la sede por su historia y tradición.  Acapulco no contaba con grandes auditorios como ahora.

Las luminarias eran conducidas en helicóptero desde su hotel al Fuerte de San Diego. Dolores del Río, y Manolo Fábregas, las recibían elegantemente vestidos. Había pantallas gigantes en los parques cercanos para que todos disfrutaran del festival. Varias cintas estrenadas aquí se convirtieron en clásicas: “Dr. zhivago”, "Y Dios creó a la mujer", “Bella de Día”, “Los olvidados”, "Los caballeros las prefieren rubias", "El último cuplé", etc.




Llegamos al casino Jai alai pero Marilyn decidió no entrar. Tenía temor de encontrarse con los productores que la habían demandado por incumplimiento de contrato.  También porque cambiaba de opinión con facilidad.  Me pidió la llevara a conocer las playas de “Caleta”, y "Caletilla".  Estábamos precisamente enfrente de ellas.  Hacia allá nos dirigimos.



Fragmentos de la novela, "El rostro oculto de marilyn, próxima a publicarse.





AL CALOR DE TU REGAZO José de Cádiz Abrázame fuertemente como cuando yo era un niño me arrullabas con dulzura y besabas con cariño Luego cua...